Notas
Las huellas de un “animal de radio”
Publicado por: Francisco Ovalle
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En un nuevo D√≠a del Trabajador Radial, no es menor reflexionar sobre este medio, sobre este apostolado -como le llaman algunos- sobre este vibrar, porque no basta con trabajar en una emisora para ser un verdadero “animal de radio”.

Seguramente para algunos esto es un paso m√°s en una carrera profesional; para otros es un camino que nunca terminas de recorrer. Hay algunos con que desde el punto de vista personal pueden tener diferencias; no obstante, se les reconoce su valor radial.

Uno de los grandes momentos de la radio,donde qued√≥ de manifiesto el poder masivo de este medio, fue en el Radioteatro La Guerra de los Mundos, donde Orson Wells en 1938 hizo una adaptaci√≥n de la novela original y la llev√≥ magistralmente a un programa de radio. El contexto era la invasi√≥n marciana a la tierra. El resultado fue una histeria colectiva donde los oyentes atemorizados colapsaron los n√ļmeros de emergencia, convencidos que lo que dec√≠a la Radio, era verdad, a√ļn cuando en varias oportunidades el narrador de la obra insist√≠a en que era un radioteatro.

Quiz√°s muchos dir√°n que eso ocurri√≥ porque la radio era el √ļnico medio masivo en esa √©poca, y pueden tener raz√≥n… a no ser por un detalle. El s√°bado 12 de febrero de 1949 en la ciudad de Quito se llev√≥ a cabo una adaptaci√≥n similar a la de Welles, en Radio Quito. La emisora era de las m√°s prestigiosas del pa√≠s. Un locutor interrumpi√≥ la transmisi√≥n de un n√ļmero musical en vivo para informar sobre un supuesto objeto volador sobre las Gal√°pagos; y m√°s tarde, que un platillo volador hab√≠a descendido en las afueras de la ciudad.

La transmisi√≥n no dur√≥ m√°s de 20 minutos, hasta que la gente descubri√≥ la verdad. Se produjo una verdadera agitaci√≥n popular donde la gente tir√≥ piedras y ladrillos contra el edificio de “El Comercio” (donde funcionaba la radio y este peri√≥dico).

Los aceites de la imprenta del periódico -sumados al papel- hicieron que el incendio tomara fuerza rápidamente. La policía, viendo que se trataba de una burla, no socorrió a los artistas, periodistas y demás personas del edificio, quienes intentaron ponerse a salvo saltando al techo de otro edificio colindante.

Cinco personas murieron entre las llamas. Los da√Īos se calcularon en 8 millones de sucres y Radio Quito estuvo fuera del aire durante dos a√Īos, reanudando su transmisi√≥n el 30 de abril de 1951. Y si creen que esto fue todo, en 1998 -y con motivo del 60¬ļ aniversario de la hist√≥rica transmisi√≥n de La guerra de los mundos- dos emisoras de radio, una en Portugal y otra en M√©xico, emularon a Orson Welles transmitiendo de nuevo una versi√≥n contempor√°nea, con los mismos resultados 60 a√Īos despu√©s-

Tal como lo cuenta el peri√≥dico El Universal; en M√©xico, la emisora de radio XEART fue la que transmiti√≥ una de las versiones, producida y adaptada con gran √©xito por el divulgador cient√≠fico mexicano Andr√©s Eloy Mart√≠nez Rojas. El gobierno local procedi√≥, ante los rumores generados, a una b√ļsqueda exhaustiva de los restos de un supuesto meteorito.

El fenómeno de la radio -y en especial este caso- ha dado para cientos de estudios y análisis de los efectos y el poder de la radio en la población.

La radio a la audiencia la acompa√Īa, no le quita tiempo, la informa y la entretiene; y a los que trabajan en ella, los educa, los forma y “los foguea”, como dec√≠a un viejo amigo. La inmediatez, el trabajo diario, el que ning√ļn d√≠a sea igual a otro, la tensi√≥n de estar en terreno, coordinarse m√°gicamente con el estudio, entenderse con el radio control con se√Īales y discutir acaloradamente porque no se escucha el retorno, son los sabores que le dan vida a la radio.

El gran secreto de los matinales de televisi√≥n es que son programas de radio con im√°genes, la due√Īa de casa puede escuchar y no necesariamente estar sentada viendo la tele.

Pero en el fondo ¬Ņqu√© hace que la radio se mantenga vigente y a pesar de los embates tecnol√≥gicos no pierda su popularidad ni su posicionamiento en el cari√Īo de la gente? La respuesta no est√° en los an√°lisis financieros, ni en los estudios de mercadotecnia; sin duda la respuesta est√° en los que hacen la radio, en los locutores (ahora llamados conductores radiales), en los radiocontroladores, en los productores, en los t√©cnicos, en las secretarias. Pero mas all√° de su d√≠a a d√≠a, la esencia de la radio est√° en esas historias que normalmente la gente que escucha radio no conoce.

Dos de estas historias una que alg√ļn d√≠a escuch√© y otra que viv√≠.

La primera. Tras el Golpe Militar de 1973, desde una de las ventanas de la radio se podía ver la plaza de armas de la ciudad. Filas de personas marchaban escoltadas por fusiles a su alrededor. Eran días tensos, me dijo quien me contó esta historia.

As√≠ pasaron los d√≠as y los meses, hasta que un d√≠a lleg√≥ a la recepci√≥n de la radio un ni√Īo peque√Īo -de no m√°s de 10 a√Īos- con un beb√© en los brazos. Sus palabras calaron hondo y fueron lapidarias para entender la verdad de lo que ocurr√≠a. ‚ÄúYo escuchaba la radio con mis pap√°s siempre”, dijo primero, como para hacer entender que sabia a lo que ven√≠a. “Y vengo a dejar a mi hermanita para que la regalen en un concurso como los que hacen ustedes, a lo mejor se la lleva una familia nueva que la cr√≠e, porque yo no puedo; a mis pap√°s se los llevaron los militares hace d√≠as‚ÄĚ.

La segunda. Programa misceláneo de la tarde. El locutor recibe un llamado telefónico al aire de una joven que le contó que se quería suicidar. El conductor tomó luego el llamado por interno y estuvo por cerca de una hora conversando con ella hasta que finalmente colgó. Todos en la radio estábamos expectantes. Nos dice que había logrado subirle el ánimo; sin embargo, en su rostro de hombre de radio alegre, se notaba una mirada distinta.

Al día siguiente tuve que cubrir una noticia, coincidentemente de un suicidio de una joven. Era la misma que en la tarde anterior había llamado a la radio.

Sin duda son cientos o miles de historias como esta las que rondan los a√Īejos y nuevos locutorios, algunas tristes, otras alegres o que -incluso- rayan en lo absurdo.

La esencia de la radio -eso s√≠- esta en los auditores, en aquellos que precisamente necesitan sentirse acompa√Īados o que en muchos casos necesitan sentirse escuchados; por lo que mientras exista alguien en la gran ciudad -o en alg√ļn lugar- escondido entre las monta√Īas y que tenga esa sensaci√≥n de soledad, existir√° tambi√©n esa voz amigable y confidente que estar√° dispuesta a ser psic√≥logo, consejero matrimonial, abogado, m√©dico o asistente social; esa voz que representa a todo un equipo de profesionales que d√≠a a d√≠a hacen radio en Chile y en el mundo.

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