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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El exministro y exsecretario general del Partido Socialista, António José Seguro, encabezó las elecciones presidenciales en Portugal, avanzando a la segunda vuelta con el 31,04% de los votos. En contraste, el líder de ultraderecha, André Ventura, quedó en segundo lugar con el 23,61%. Seguro ha destacado por su defensa de la sanidad pública y su campaña "suprapartidista". Por otro lado, Ventura, conocido por su discurso xenófobo, ha logrado posicionar a la extrema derecha en la política portuguesa, prometiendo normas más restrictivas para migrantes.

El exministro y exsecretario general del Partido Socialista António José Seguro quedó primero el domingo en las elecciones presidenciales en Portugal y pasó a la segunda vuelta, prevista para el 8 de febrero, al no tener suficientes votos para proclamarse jefe de Estado, demostrando que la izquierda todavía sigue plantando batalla pese a los últimos golpes electorales.

Con el 99,02% de los sufragios escrutados, Seguro quedó primero con el 31,04% de los votos, por delante del líder de ultradererecha, André Ventura, quien terminó en el segundo lugar con el 23,61%.

Más de 11 millones de portugueses estaban convocados a las urnas durante esta jornada, de los cuales más de 1,7 millones residen en el extranjero, para elegir al sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa, tras 10 años en la Jefatura del Estado.

Seguro, la cara de una izquierda que sigue dando batalla

De semblante serio, pero cercano con los votantes, Seguro ha hecho de la defensa de la sanidad pública la bandera de su campaña, un asunto que preocupa a los electores por el estado desastroso del Sistema Nacional de Salud.

Desde que presentó su candidatura, Seguro se ha mostrado como el candidato de izquierda con más posibilidades, aunque algunos de sus críticos dentro de este espectro político todavía recuerdan cómo en los años de la troika se abstuvo cuando era líder de los socialistas para que salieran adelante los presupuestos de 2012, propuestos por el Gobierno conservador de Pedro Passos Coelho, con un recorte de las pagas extra de vacaciones y Navidad.

A sus 64 años, este profesor de Teoría del Estado y Pensamiento Político y Social de la Universidad Autónoma de Lisboa ha pasado los últimos años dedicado a la docencia tras una trayectoria política dentro del Partido Socialista (PS).

Nacido en Penamacor, cerca de la frontera con la comunidad española de Extremadura, es licenciado en Relaciones Internacionales y muy pronto se vinculó al PS, donde entre 1990 y 1994 fue secretario general de sus juventudes, años en los que también fue diputado nacional perteneciendo al núcleo duro de António Guterres, actual secretario general de la ONU.

De hecho, Seguro formó parte de los dos Gobiernos de Guterres (1995-2002), como secretario de Estado adjunto del primer ministro y ministro adjunto del primer ministro.

También tuvo un periplo por el Parlamento Europeo, donde fue eurodiputado y coautor del informe sobre el Tratado de Niza, donde se mostró crítico por la timidez mostrada ante la integración europea y pidió pasos más sólidos.

De vuelta a Portugal, fue líder parlamentario del PS y más tarde secretario general del partido en los años de la troika hasta que el entonces alcalde de Lisboa, António Costa, futuro primer ministro y actual presidente del Consejo Europeo, le arrebató el puesto en las primarias internas.

Desde entonces, Seguro ha estado retirado de la esfera pública.

Su candidatura ha recibido el apoyo explícito del PS, aunque recientemente durante un paseo electoral en Lisboa dijo que es “suprapartidista” y que solo él decide sobre su carrera presidencial.

En el contacto directo con los electores se le ve cómodo, utilizando sus dotes como profesor, escuchando y dando consejos, especialmente con los jóvenes.

Durante la campaña también ha sabido abandonar el tono de profesor en ocasiones, como cuando se marcó unos bailes en la calle al ritmo del acordeón con sus simpatizantes o cuando durante una visita a una residencia universitaria confesó haber estado en el Boom Festival, un evento de trance psicodélico en Idanha-a-Nova, en el interior del país.

Afirma que su “primera prioridad” es la sanidad, consciente de que es uno de los problemas que más inquietan en un país donde la semana pasada supuestamente falleció un hombre que estuvo esperando durante tres horas una ambulancia.

Para Seguro, “no hay milagros pero sí respuestas inmediatas que deben tomarse y eso compete a los Gobiernos” y como presidente trataría de promover convergencias y compromisos para resolver de forma duradera los problemas.

Probablemente, Seguro sea de entre todos los candidatos el que haya hecho más gala de su conocimiento de las funciones del presidente, ya que en la mayoría de sus intervenciones, y siempre con su tono de profesor, explica las limitaciones que tiene el cargo y su capacidad de maniobrar, sin prerrogativas ejecutivas, frente a otros candidatos que abogan por un rol más intervencionista.

En un acto de campaña hizo toda una declaración de intenciones al entrar en una librería y comprar una biografía de la que fuera primera dama de Portugal, la actriz, profesora y activista Maria Barroso (1925-2015), que fue esposa del expresidente y ex primer ministro Mário Soares (1924-2017).

De hecho, en algún momento de ese evento algunos de sus seguidores gritaron ‘Seguro é fixe’ (Seguro es genial), emulado ‘Soares é fixe’, el eslogan de la campaña presidencial de Soares, cofundador del PS en Portugal, en las elecciones de 1986.

Ventura, de comentarista deportivo a candidato presidencial

Ventura llegaba a estos comicios con mucho que ganar y poco que perder, ya que si vencía acabaría de auparse en la Jefatura de Estado tras haber conseguido posicionar a la extrema derecha como segunda fuerza política en el Parlamento, pero si fracasaba siempre podía volver a ser el líder de la oposición.

Carismático y populista, repite como candidato presidencial, aunque ha mejorado el resultado que obtuvo la última vez que concurrió, en 2021, cuando tan solo recabó el 11,9% de los votos.

Desde entonces, el líder ultra ha logrado que su formación, Chega, sea el principal partido de la oposición en el Parlamento luso e incluso ha impulsado algunos puntos de su agenda con acuerdos logrados con el Gobierno de centroderecha, en especial en materia de inmigración.

Sin embargo, no está contento con estos esfuerzos legislativos y durante la campaña adelantó que, de llegar a ser presidente, trabajará para tener normas más restrictivas y punitivas para los migrantes, algo que a priori no acaba de ajustarse a las funciones del jefe de Estado, que cumple un papel institucional, moderador y de garantía democrática, sin poderes ejecutivos.

Y ese ha sido precisamente el enfoque de Ventura en esta campaña presidencial, en la que ha seguido con la estrategia de ser el candidato disruptivo que le ha funcionado hasta el momento.

En esta ocasión ha abogado por una renovación del cometido del presidente, que, en su opinión, debe ser más intervencionista, no solo en clave nacional, sino a nivel internacional.

Para eso ha criticado la gestión del actual mandatario, Marcelo Rebelo de Sousa, quien considera que no ha defendido el país en el exterior.

Ser presidente se sumaría a la larga lista de oficios que acumula Ventura, que pasó por el seminario, fue escritor de ‘best sellers’ y se hizo conocido como comentarista deportivo hasta que en la política encontró su vocación.

Sus andaduras comenzaron en 2017, cuando fue candidato local del Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha), uno de los socios del Gobierno actual, y pronto encontró lo que se convertiría en la piedra angular de su estrategia: un discurso xenófobo y provocador contra la comunidad gitana.

En 2019, apenas dos años después de incursionar en política, fundó Chega y en el último lustro ha sabido aprovechar la situación del país para abrir hueco a la extrema derecha.

El reto que tiene Ventura para la segunda vuelta es convencer al electorado de centro y de derecha ante la alternativa socialista, y, si lo logra, consolidará a la ultraderecha en el poder en Portugal, aunque con el riesgo de dejar a su partido huérfano.

Chega es personalista en torno a Ventura y él no ha designado ningún delfín para sucederle en caso de que abandonara el partido de llegar al Palácio de Bélem, y cuando le han preguntado ha jugado a la ambigüedad.

Si fracasa, sin embargo, tiene por delante otros tres años y medio de legislatura como líder de la oposición, por lo que tiene garantizada su presencia en el espacio público portugués sea cual sea el desenlace.