El principal candidato de la derecha a las presidenciales de mayo en Colombia, Abelardo de la Espriella, señaló en una entrevista con la agencia AFP que en sus primeros 90 días de gobierno se compromete a lanzar una ofensiva aérea respaldada por Estados Unidos e Israel para doblegar a los carteles de la cocaína.
En su sede de campaña en Bogotá, De la Espriella aseguró que si gana implementará un “plan de choque” para recuperar el control de las zonas bajo el mando de guerrillas y narcos, con bombardeos y fumigaciones, sin descartar el uso de aviones de guerra estadounidenses.
La idea es “empezar de manera inmediata con los bombardeos a los campamentos narcoterroristas y con la fumigación” de narcocultivos, dijo el abogado de 47 años, que se hace llamar “El Tigre”.
“Esto no se puede hacer sin una alianza estratégica con Estados Unidos y el Estado de Israel”, añadió.
Defiende el porte de armas, la reducción del tamaño del Estado en un 40% y la construcción de megacárceles como la del presidente Nayib Bukele en El Salvador.
De traje impecable y acento caribeño, el excéntrico aspirante se dice un “outsider” de la política, con “los cojones” para implementar su línea dura y sacar del poder a la izquierda, que accedió al gobierno por primera vez con el presidente Gustavo Petro en 2022.
Durante sus cuatro años de gobierno, sin posibilidad de reelección, Petro intentó sin éxito negociar la paz con numerosos grupos armados.
Pese a que en los últimos meses endureció la ofensiva militar contra los carteles presionado por Washington, Colombia sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína.
La encuesta más reciente muestra un empate técnico entre De la Espriella, del movimiento “Defensores de la Patria”, y el izquierdista y discípulo de Petro Iván Cepeda.
Sobre su plan de choque, De la Espriella dice que consiste en “dotar de armas de primera generación, de inteligencia artificial, de drones y, por supuesto, de presupuesto” a la fuerza pública “para ampliar el pie de fuerza”.
De nacionalidad colombiana y estadounidense, al abogado millonario es admirador de los presidentes de El Salvador, Nayib Bukele, de Argentina, Javier Milei, de Donald Trump y de Álvaro Uribe, con quien asegura que habla “casi todos los días”.
Sus opositores le critican por representar a personalidades controvertidas como paramilitares, narcotraficantes y a Alex Saab, señalado de ser testaferro del derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro.
“Estoy muy amenazado y en grave riesgo” pero “llegué tarde a la repartición del miedo”, aseguró.
Antes de ser candidato, el abogado llevaba una vida lujosa en Italia, cantaba ópera y promocionaba múltiples negocios.
“Soy un outsider, no pertenezco a la casta política de siempre (…) un empresario del mundo jurídico, del mundo de la construcción, del mundo de las bebidas alcohólicas”, cerró.