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La implementación de la Reforma Procesal Penal en Chile en los años 2000 buscaba modernizar el sistema judicial mediante la creación de nuevas instituciones y auxiliares de la justicia, con el objetivo de mejorar la calidad de los procedimientos para lograr una justicia oportuna y ejecutiva. Sin embargo, a más de 20 años de su aplicación, se han evidenciado carencias como las lentas investigaciones del Ministerio Público y los juicios prolongados, generando preocupación en el mundo penal y académico por los riesgos que esto implica para los derechos y garantías de las partes involucradas. Expertos como el exfiscal Ricardo Freire y el exabogado litigante del Consejo de Defensa del Estado, Rodrigo Reyes, han señalado la necesidad de reformar y agilizar la inclusión de pruebas documentales en los juicios, dado que actualmente este proceso se torna largo y obstaculiza el avance de los casos. El recorte presupuestario de más de 17 mil millones de pesos al Poder Judicial ha sido fuertemente rechazado por los gremios vinculados al sistema judicial, quienes solicitan a las autoridades revertir esta medida ante las graves consecuencias que podría acarrear en un sistema ya en crisis.
Ante las demoras registradas en el sistema penal con tribunales colapsados por sobrecarga laboral, expertos coincidieron en la necesidad de reformar, entre otras cosas, el modo de incorporación de pruebas en el marco de casos judiciales complejos. En un intento de resguardar el derecho al debido proceso, abogados y académicos alertan de los peligros que hoy corre el sistema judicial con los extensos juicios, siendo a veces una justicia tardía.
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