Artes y Cultura
Miércoles 24 julio de 2019 | Publicado a las 16:03
Libertad en Dictadura: Eduardo Vilches a Premio Nacional de Arte
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La libertad no se proclama, se vive. Ese pareciera ser una premisa central en la vida de Eduardo Vilches. Y que la identidad se construye a partir de las ra√≠ces y las vivencias, no en la b√ļsqueda de reconocimientos externos, en ‚Äúglobalizarse‚ÄĚ, sino en permanecer fiel al terru√Īo.

La prodigiosa Libertad en Dictadura

Al menos entre 1980 y 1987, fui testigo de un ambiente de libertad -si, de libertad- en la Escuela de Arte de la Universidad Católica que contrastaba, resultaba casi disociado, con la dictadura que reinaba fuera de los muros del Campus Lo Contador.

Esa libertad, que no negaba la realidad, existió gracias a los administradores del Campus y a varios profesores, como Gaspar Galaz, Jaime Cruz, Pedro Millar o Verónica Barraza, por mencionar algunos.

De todos ellos, Eduardo Vilches era -en los hechos- la referencia, el que, por su pr√°ctica, obra, consecuencia y √©tica, se hab√≠a constituido en la autoridad, el esp√≠ritu de esa “isla” que sobreviv√≠a, precaria, en parte gracias a su ‚Äúlejan√≠a‚ÄĚ.

Galería Gabriela Mistral (c)
Galería Gabriela Mistral (c)

En la Escuela de Arte, Silvio Paredes (integrante de la banda Electrodom√©sticos) interpret√≥ lo que en ese momento eran vanguardistas temas musicales -ante Eduardo Vilches, su profesor gu√≠a- que luego formar√≠an parte del repertorio de la banda; Arturo Duclos pintaba cuadros llenos de falos erectos (en una universidad controlada por el Opus Dei) y Claudio Kocking (que era o fue presidente del centro de alumnos) cerr√≥ la Escuela con alambre pua, como una especie de campo de concentraci√≥n (creo que la idea era mostrar que la dictadura ten√≠a sitiada a la Escuela de Arte, no a la de Dise√Īo y menos a la de Arquitectura). Desde rector√≠a llamaban y llamaban pidiendo explicaciones y que se desmontara todo, lo que se hac√≠a a medida que Claudio, lentamente, explicaba cada una de sus intervenciones.

Los hechos descritos -ejemplos de una larga lista- no son anécdotas. Son muestras de una consecuencia interna de Eduardo Vilches y varios más que -a pesar de no ser jóvenes- ponían en riesgo -conscientes- mucho más que sus puestos de trabajo.

Eduardo Vilches no hablaba de política, la hacía en su práctica valorando a los estudiantes en su particularidad, estimulándolos a expresar sus propias ideas. Dando una libertad que era duramente reprimida en otros espacios, en casi todo el país.

Lo anterior se podr√≠a pensar que era algo propio de la Universidad Cat√≥lica o del Campus Lo Contador (o Comendador, como lo nombr√°bamos en la √©poca). La historia demuestra que no fue as√≠. Y si bien en Lo Contador hubo mucha libertad gracias a Ricardo Astaburuaga y a quien lo sucedi√≥ en el puesto (no recuerdo su nombre, aunque retengo grandes momentos y gestos de √©l), en Dise√Īo y Arquitectura la realidad fue diferente.

Crear un espacio real de libertad en dictadura son palabras mayores.

Eduardo Vilches, MNBA (c)
Eduardo Vilches, MNBA (c)

¬Ņ‚ÄúElitista‚ÄĚ y ‚Äúglobalizado‚ÄĚ?

En Chile, en general, se busca el reconocimiento de √©lites y c√≠rculos locales (generalmente acad√©micos, relacionados a cr√≠ticos o con apoyos econ√≥micos importantes), grupos cerrados que tienen un esp√≠ritu bastante cerrado, autorreferente. Se busca pertenecer a alg√ļn tipo de √©lite.

La otra estrategia, alternativa o complementaria, es la b√ļsqueda de validaci√≥n internacional (f√≥rmula que han usado, por ejemplo, cineastas y artistas visuales), para lo cual se busca representar a Chile en Bienales u otras instancias, o de alguna causa que despierte inter√©s en el extranjero.

Eduardo Vilches no se ubica en ninguna de esas estrategias, porque no ha buscado reconocimiento, no ha formado redes ni camarillas de poder. Se ha ganado un merecido prestigio por su actuar y por una obra sólida, que permite muchas lecturas sin renunciar a la belleza, una obra que remite a las raíces, a una identidad profunda vinculada a formas de ser y entornos específicos que nos hace ver de maneras nuevas.

Eduardo Vilches no enarbola banderas ni vocifera consignas, porque ha trabajado ‚Äúcomo hormiga‚ÄĚ (incansable y silenciosamente) dando ejemplo, que es otra forma de liderar.

No se ha subido a ning√ļn ‚Äúcarro‚ÄĚ ni ha ‚Äúaprovechado‚ÄĚ la contingencia: ha sido como el jardinero o el campesino que cultivan, que saben de periodos buenos y malos, que los ritmos de la naturaleza son otros y que no hay separaci√≥n entre su vida y sus obras. En este caso, entre sus grabados y fotograf√≠as, la gran cantidad de artistas que florecieron con su ayuda y su vida, marcada por el respeto a los dem√°s, por la dignidad .

Seis candidatos

Hay seis candidatos -conocidos- que optan al Premio Nacional de Arte: Ricardo Yrarrázaval (Santiago, 1931), Eduardo Vilches Prieto (Concepción, 1932), Lotty Rosenfeld (Santiago, 1943), Rodolfo Gutiérrez (Santiago, 1944), Juan Dávila (Santiago, 1946) y Ciro Beltrán (Santiago, 1965).

Varios de ellos tienen muchos m√©ritos, en especial -a mi juicio- Lotty Rosenfeld y Juan D√°vila. Los de Rosenfeld los plantea en una entrevista Fernando Balcells. Los de Juan D√°vila, gran pintor radicado en Australia hace 35 a√Īos, los ha expuesto Nelly Richard en ‚ÄúCita amorosa‚ÄĚ(que tambi√©n ha escrito sobre Rosenfeld), y

Desgraciadamente en Chile hay pocos premios, entonces los argumentos y criterios son tan diversos, que se deben poner en la balanza variables difíciles de equiparar.

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