Señor director:

El mundo se encuentra más cerca que nunca de su propia destrucción según estimaciones del Boletín de Científicos Atómicos, esto ya que, en su reciente publicación del 27 de enero, se ha determinado que nos encontramos a sólo 85 segundos de la “medianoche nuclear”.

Esta referencia temporal fue creada en 1947 por los socios fundadores del citado Boletín, entre los que se encontraban Albert Einstein y Robert Oppenheimer, quienes junto a otros físicos de renombre participaron en la construcción del arma atómica, y se conoce como el “Reloj del Juicio Final”.

Se trata de una representación simbólica y metafórica que indica lo cerca que está la humanidad de una destrucción autoinfligida, representada por la medianoche. Sirve como advertencia, diseñada para destacar amenazas derivadas principalmente de la presencia, despliegue y transporte de armas nucleares, la cual también contempla otros factores como el cambio climático y el uso malévolo de tecnologías como la inteligencia artificial.

El aumento de la amenaza nuclear ha influido en que estemos tan cerca del nefasto momento, el que se ha producido por la invalidación de acuerdos de control de armas y, lo más grave, los actuales conflictos bélicos.

En ellos se ha constatado la presencia de armas nucleares tácticas en áreas adyacentes al escenario de guerra, de misiles de corto y mediano alcance en estado de alerta y de aviones con capacidad para transportarlas. Detrás de cada guerra convencional vive latente el uso del armamento nuclear.

Es inquietante constatar que seis países europeos miembros de la OTAN dispongan bombas nucleares en sus territorios y que el mismo tipo de armas, de origen ruso, se encuentren desplegadas en Bielorrusia, incluidos sistemas de misiles con alcance para llegar a todas las capitales europeas en cuestión de minutos.

La solución a este dilema ya fue creada y se llama “Tratado para la Prohibición Total de las Armas Nucleares”, del cual Chile es miembro pleno, cuyo principal desafío es hacer que más países adhieran a él para alcanzar su universalidad y así, mancomunadamente, mover las manecillas del reloj hacia atrás, lo más que se pueda.

Gustavo González Zbinden
Diplomático e Inspector de Ensayos Nucleares