Y la urgencia es real. Referentes globales como Elon Musk han advertido que los cambios podrían acelerarse aún más con la llegada de sistemas de IA cada vez más avanzados, con impactos profundos en el empleo.

Cuando, a fines de los 90, las minas de carbón ya no daban más. La contaminación y la competencia desde China derrumbaron las emblemáticas minas de Lota, en el Biobío, y esa ciudad empezó a vivir algo que la IA hará vivir en carne propia a muchos otros sectores de nuestra economía: la reconversión masiva de trabajadores que, literalmente, ven desaparecer su campo laboral.

La buena noticia es que ya lo vivimos. La mala es que, tres décadas después, la reconversión sigue siendo una herida abierta en la zona.

¿Cómo enfrentamos lo que trae la IA?

El país ha avanzado en construir una base institucional para abordar la Inteligencia Artificial (IA), con una visión de largo plazo que busca posicionarnos como un referente regional.

Iniciativas como el anuncio de inversión pública para centros de supercómputo y el impulso a Latam GPT —modelo de lenguaje con identidad local— son pasos relevantes hacia una mayor soberanía tecnológica y hacia la democratización del acceso a capacidades de IA para universidades, centros de investigación y pymes.

Sin embargo, el desafío decisivo está en la brecha de talento. Hoy existe consenso en que Chile enfrenta un déficit importante de capacidades digitales. Programas como Talento Digital han sido un aporte valioso y demuestran que es posible formar talento en tiempos acotados, pero el siguiente paso requiere multiplicar la escala y alinear aún más la formación con las necesidades productivas del país.

Por eso, si vamos a capacitar y prepararnos para los “apagones” que generará pronto la IA, el foco debe estar en enseñar nuevas habilidades a trabajadores que hoy cumplen funciones que, sabemos, podrían desaparecer.

En este escenario, resulta positivo que el nuevo gobierno ponga el foco en empleo, reconversión y modernización educativa. El plan “Más y Mejor Trabajo” presentado por el presidente electo instala líneas de acción relevantes, especialmente al promover una mayor flexibilidad laboral y una capacitación más ágil, con certificaciones modulares y trayectorias formativas conectadas con la demanda del mercado.

Este enfoque puede ser un punto de partida sólido para acelerar la reconversión laboral en un mundo donde la automatización está avanzando rápidamente.

El próximo motor de impacto es el capital humano. De poco sirve contar con una capacidad de cómputo avanzada si el país no forma técnicos, analistas, desarrolladores y líderes capaces de traducir esa infraestructura en productividad, empleabilidad e innovación.

Y la urgencia es real. Referentes globales como Elon Musk han advertido que los cambios podrían acelerarse aún más con la llegada de sistemas de IA cada vez más avanzados, con impactos profundos en el empleo.

Más allá de los plazos exactos, el mensaje es claro: este es el momento de actuar. Y no solo formando en habilidades tecnológicas, sino también fortaleciendo competencias clave como resiliencia, adaptabilidad y aprender a aprender, porque los trabajos y herramientas seguirán constantemente actualizándose.

Y no podemos esperar 30 años para hacerlo bien.

La lección de Lota no es nostalgia: es advertencia. La infraestructura se inaugura una vez; la reconversión se sostiene por años. Si hacemos lo primero sin lo segundo, la IA no va a ser “la revolución productiva”: va a ser otra promesa cara, con beneficios concentrados en pocos y frustración para muchos. Y esa cuenta, después, siempre llega.

Sebastián Espinosa
CEO de Skillnest

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