En ese contexto, el presidente electo, José Antonio Kast, llamó a dejar atrás lo que calificó como la “administración del fracaso” en América Latina, durante su intervención en la apertura del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, realizado en Panamá y organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).
El encuentro, que reúne a ocho mandatarios de la región, tiene como objetivo analizar nuevos caminos para la inserción del continente en el escenario global, en un contexto marcado por el estancamiento económico, el avance del crimen organizado y la crisis migratoria que afecta a varios países latinoamericanos.
Durante su discurso, Kast sostuvo que los problemas estructurales de América Latina no responden a la falta de diagnósticos, sino a la ausencia de liderazgo político. “Nuestra región no está estancada por falta de ideas, está paralizada por falta de carácter”, afirmó, señalando que la persistencia de la pobreza, la informalidad y la inseguridad representa un “fracaso político” compartido por gobiernos de distintos signos.
En esa línea, el presidente electo puso énfasis en la necesidad de fortalecer la unidad regional, aunque aclaró que esta no debe entenderse como una consigna ideológica, sino como una “obligación institucional” de quienes ejercen el poder. “Un Presidente no administra una trinchera, lidera una nación”, recalcó.
Bajo ese marco, Kast destacó su reunión con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pese a las diferencias políticas entre ambos. Según explicó, el diálogo se dio desde una lógica de Estado y no de confrontación ideológica.
“Si a Brasil le va bien, a Chile le va bien, y si a Brasil le va bien, a toda América Latina le va bien”, sostuvo, comparando la relación con el país vecino con la de un “hermano mayor” dentro de la región.
Asimismo, valoró la importancia de una buena vecindad regional, mencionando los vínculos con Bolivia, Perú y Argentina, y destacando las palabras del presidente boliviano Rodrigo Paz como una señal de esperanza para avanzar en cooperación y entendimiento entre países vecinos.
Por otra parte, uno de los ejes centrales de su intervención fue la seguridad, advirtiendo que sin ella “la democracia es una ficción” y la libertad se transforma en un privilegio de pocos. En ese sentido, alertó que el crimen organizado dejó de ser un fenómeno local para convertirse en una amenaza regional que requiere respuestas coordinadas.
En ese punto, planteó la necesidad de avanzar en una cooperación duradera y efectiva, con inteligencia compartida, control fronterizo real, persecución financiera del crimen organizado y decisiones firmes, incluso cuando estas resulten impopulares. “El Estado que duda, pierde; el Estado que retrocede, desaparece”, advirtió.
Respecto del fenómeno migratorio, Kast afirmó que la salida de más de siete millones de venezolanos de su país constituye una muestra del fracaso regional, señalando que si bien Chile ha acogido a migrantes, también ha enfrentado una fuerte presión sobre su economía, el sistema educacional, la salud y el acceso a la vivienda.
En materia económica, sostuvo que la pobreza no se supera “con relatos”, sino con crecimiento e inversión, recalcando que América Latina cuenta con recursos, talento y una posición estratégica relevante, pero carece de confianza en reglas claras, en Estados que cumplan y en que producir o emprender no será castigado.
Finalmente, el mandatario electo aseguró que, pese a no haber asumido aún el gobierno, su equipo ya tomó la decisión de no esperar. “No vamos a esperar consensos imposibles”, afirmó, señalando que desde el primer día buscarán trabajar con actores de distintos sectores políticos para enfrentar la pobreza y mejorar la calidad de vida de las personas.
En su cierre, Kast planteó que América Latina enfrenta una disyuntiva histórica: seguir siendo el continente de las oportunidades perdidas o transformarse en una región capaz de cambiar su destino. “Eso no depende de organismos internacionales ni de ciclos económicos, depende de liderazgo político”, concluyó.