Internacional
Viernes 26 julio de 2019 | Publicado a las 09:49
Uigures que escaparon de la represión conservan el miedo a China aunque hayan huido
Por Diego Vera
La información es de Agence France-Presse
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Los musulmanes uigures que escaparon de la represi√≥n en la regi√≥n china de Xinjiang siguen viviendo con miedo. Estar en el extranjero, tener un pasaporte occidental, no basta para protegerlos de una despiadada campa√Īa global de intimidaci√≥n.

Los textos y mensajes de audio inquietantes, o las amenazas expl√≠citas a familiares que a√ļn viven en Xinjiang, muestran que la sombra del poderoso aparato de seguridad del Estado chino es alargada. El intento de silenciar a los opositores y reclutar informantes llega a democracias tan lejanas como Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Los grupos de derechos humanos sospechan que China ha internado a hasta un millón de personas, uigures y otros miembros de minorías principalmente musulmanas, en campos de reeducación chinos.

Aquellos que han logrado huir y establecerse en el extranjero explican que esto no les da seguridad, quejándose de que tanto ellos como sus familias son acosados desde la distancia hasta la exasperación.

Guly Mahsut, de 37 a√Īos, que huy√≥ a Canad√°, dice que tuvo ganas de suicidarse y que fue hospitalizada despu√©s de recibir una r√°faga de mensajes de la polic√≠a de Xinjiang amenazando a su familia all√≠.

“Deber√≠as haber sido m√°s cooperativa. No seas la causa de la desgracia de tus allegados y de tu familia en Toksun. Deber√≠as haber sido m√°s atenta con tu familia”, se puede leer en uno de los mensajes.

Cree que fue blanco de la policía porque denunció a las autoridades de Pekín en internet,
y ayudó a los uigures a buscar asistencia en el extranjero.

Recibi√≥ tambi√©n mensajes de los suyos, de su hermana menor, suplic√°ndole que abandonara las actividades pol√≠ticas y “cooperara” con las autoridades.

Una investigación de la AFP reveló recientemente que los uigures radicados en Francia también reciben presiones de las autoridades chinas.

ARCHIVO | AFP
ARCHIVO | AFP

N√ļmeros usurpados

La agencia entrevist√≥ a m√°s de una docena de exiliados en cuatro continentes y tuvo acceso a m√ļltiples mensajes atribuidos a los servicios de seguridad chinos. Todo apunta a una campa√Īa sist√©mica en Pek√≠n para infiltrarse en la di√°spora de todo el mundo, reclutar informantes, crear desconfianza y sofocar las cr√≠ticas al r√©gimen.

Shir Muhammad Hasan, de 32 a√Īos, logr√≥ llegar a Australia en 2017. Con su condici√≥n de refugiado, pens√≥ que estaba a salvo. Sin embargo, apenas un a√Īo despu√©s, empezaron a llegarle los mensajes siniestros.

“Supongo que tu familia ya te ha dicho que te estoy buscando”, dice el primer mensaje. Otros textos le siguen, pidi√©ndole que env√≠e detalles sobre su vida antes de exigir un encuentro “para conocerse”. “Le ped√≠ que me enviara un breve resumen sobre usted, pero no lo hizo”, escribi√≥ el autor en un dialecto uigur local, puntuado con el mandar√≠n hablado en China. “Tenemos que sentarnos y hablar.”

Este bombardeo duró seis meses y luego se detuvo abruptamente. El joven está angustiado, no sabe si, ni cuando, su tormento comenzará de nuevo.

La AFP no tiene forma de verificar la identidad de los autores de los mensajes. Se enviaban desde cuentas cifradas de WhatsApp vinculadas a n√ļmeros m√≥viles inactivos de Hong Kong, o a veces a n√ļmeros usurpados.

Preguntada por esta investigaci√≥n, la portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, declar√≥ que los testimonios de la di√°spora uigur “no tienen fundamento” y que proceden de “cr√≠ticos profesionales” que intentan salir y calumniar a China.

Sin embargo, existen similaridades asombrosas en el modus operandi descrito por los exiliados. De entrada, son contactados por la familia en Xinjiang, luego son los allegados los que hacen las preguntas, y, finalmente, son directamente contactados por sospechosos de pertenecer a los servicios chinos por mensajería segura.

Un uigur que vive con su esposa en Estados Unidos dice que a sus parientes en Xinjiang se les pidi√≥ “informaci√≥n sobre mi escuela, mi situaci√≥n, c√≥mo pude ir al extranjero”.

“Cuando les pregunt√© por qu√© necesitaban esta informaci√≥n, me dijeron que ten√≠an que llenar un formulario”, explic√≥.

ARCHIVO | AFP
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El salario de los espías

Los servicios de seguridad pidieron a otras familias de Xinjiang los n√ļmeros de tel√©fono de los exiliados, dando inicio a las campa√Īas de acoso.

Estas prácticas tienen efectos devastadores en muchos exiliados, paralizados por el miedo a lo que podría pasarles a sus familiares en China si no se someten.

Arslan Hidayat vive en Estambul. No fue acosado directamente, pero troles nacionalistas invadieron su blog en Facebook.

Nació en Australia y quiere hablar, pero sus parientes mayores, incluida su suegra, cuyo marido está detenido, creen que guardar silencio limitará la ira de las autoridades.

Los esfuerzos chinos por crear redes de informantes son también una fuente de fricción y desconfianza entre las comunidades uigures en el extranjero.

Durante la mayor parte de la √ļltima d√©cada, a los estudiantes uigures que recib√≠an becas en el extranjero se les ped√≠a mucha informaci√≥n delicada. Algunos creen que lo que se les demandaba en realidad era que fueran esp√≠as.

“Al pedir una beca, los solicitantes deben dar informaci√≥n detallada sobre su familia en China, pero tambi√©n sobre sus estudios, su vida, sus actividades en el pa√≠s anfitri√≥n”
, dice un estudiante de doctorado que ahora vive en Australia.

“Una condici√≥n para obtener la beca es mantener un estrecho contacto con la embajada de China y con un contacto en la Oficina de Educaci√≥n de Xinjiang”.

El estudiante a√Īade: “eso puede servir para reunir informaci√≥n sobre los solicitantes y sus familias, o, peor, es el salario de un esp√≠a disfrazado de beca”.

“Podemos encontrarte”

Seg√ļn James Leibold, especialista de relaciones √©tnicas en China y profesor de la Universidad La Trobe de Melbourne, la intimidaci√≥n es met√≥dica.

“El alcance del Estado-Partido chino es hoy mucho m√°s grande. Viola de una cierta manera la soberan√≠a de diferentes pa√≠ses a trav√©s del mundo al entrometerse en la vida de los ciudadanos de ese pa√≠s”.

Pek√≠n quiere que los exiliados “se callen sobre estos asuntos, que se abstengan de hacer presi√≥n a la clase pol√≠tica local, de hablar a la prensa, de causar problemas a las embajadas y consulados de China”, contrnu√≥ Leibold.

Los medios de comunicaci√≥n han relatado campa√Īas similares contra los tibetanos, los disidentes, los militantes taiwaneses, los miembros de la secta prohibida Falun Gong y los estudiantes chinos en el extranjero.

Algunos uigures, incluso aquellos que tienen una nacionalidad extranjera o un permiso de residencia permanente, creen que no hay ning√ļn medio de escapar al Estado policial chino.

En los √ļltimos cinco a√Īos, Tailandia y Egipto detuvieron a uigures y los devolvieron a China. Pero la vida tampoco es de color de rosa en democracias como Nueva Zelanda o Finlandia.

Shawudun Abdughupur, de 43 a√Īos, huy√≥ a Auckland tras presenciar los violentos disturbios inter√©tnicos de julio de 2009 en Xinjiang.

Aunque es ciudadano neozeland√©s, no le gusta hablar en p√ļblico: teme lo que le pueda pasar a √©l pero tambi√©n a su madre de 78 a√Īos. Cree que est√° en un campo.

“No puedo decir mucho”, dijo a la AFP en su primera entrevista filmada, luchando contra las l√°grimas. “No s√© si el gobierno de Nueva Zelanda puede protegerme. ¬ŅC√≥mo podr√≠an protegerme?”.

Despu√©s de negarse a dar detalles de sus reuniones con otros uigures, recibi√≥ un mensaje inquietante: “Podemos encontrarte. Estamos en Nueva Zelanda”.

‘No me siento seguro’

Cuando Abdughupur denunció el incidente a la policía neozelandesa, lo trataron como si fuera una llamada molesta cualquiera, remitiéndolo a la organización de seguridad en línea sin ánimo de lucro Netsafe, que lo remitió de nuevo a las fuerzas del orden.

La policía neozelandesa, al igual que otras de todo el mundo, dijo que no podía discutir los casos por razones de privacidad.

Halmurat Uyghur, un joven de 35 a√Īos que vive al norte de Helsinki, dijo que en varias ocasiones denunci√≥ mensajes amenazantes a la polic√≠a finlandesa, pero nada cambi√≥.

“No me siento seguro, qui√©n sabe qu√© pasar√° despu√©s”, dijo.

Un antiguo alto funcionario de seguridad nacional estadounidense confirm√≥ que la cuesti√≥n de la persecuci√≥n china a los llamados “fugitivos” en el extranjero se le hab√≠a planteado a Pek√≠n “a trav√©s de los canales de las fuerzas del orden y tambi√©n al m√°s alto nivel”.

Responsables estadounidenses actuales reconocieron estar al tanto de noticias de intimidación a los uigures en Estados Unidos, pero rechazaron hacer comentarios al respecto.

Ben Rhodes, quien pas√≥ ocho a√Īos como ayudante de seguridad nacional durante la presidencia de Barack Obama, dijo que las democracias podr√≠an mitigar algunas de las acciones de China, pero que los aliados tendr√≠an que “cerrar filas”.

Pek√≠n es “generalmente intransigente sobre las cosas que siente que son asuntos internos”, dijo.

A√Īadi√≥: “La manera de afrontarlo realmente ser√≠a que Estados Unidos reuniera a otros pa√≠ses para enfrentarse colectivamente a los chinos en este asunto”.

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