Señor Director:
La revolución de la inteligencia artificial avanza a pasos acelerados y está transformando de manera transversal prácticamente todas las áreas de la sociedad, desde la economía y la educación hasta la seguridad y la defensa.
Sin embargo, Chile aún no cuenta con una preparación suficiente ni con una estrategia que permita enfrentar de forma anticipada los desafíos y riesgos asociados a este cambio tecnológico.
Esta brecha resulta especialmente preocupante en ámbitos cruciales para el Estado, donde la velocidad y la capacidad de adaptación son claves. Sólo en 2024, Chile enfrentó una escalada masiva de amenazas cibernéticas, con 27.600 millones de eventos de ciberataque.
En el ámbito de la defensa y la seguridad, la inteligencia artificial ya no es una promesa futura, sino una realidad estratégica.
En Estados Unidos, una proporción significativa del presupuesto de investigación y desarrollo se orienta a aplicaciones de seguridad y defensa basadas en IA, lo que refleja una comprensión clara de que el poder en el siglo XXI se juega, en gran medida, en el dominio tecnológico.
Los conflictos contemporáneos y las amenazas a la seguridad nacional ya no se limitan al plano convencional. Hoy incluyen ciberataques, desinformación y crimen organizado transnacional.
Países como España y el Reino Unido han avanzado en arquitecturas de seguridad que integran inteligencia artificial para análisis de datos, apoyo a la toma de decisiones y prevención de riesgos. Chile no puede permitirse esperar una catástrofe nacional para reaccionar.
No invertir en inteligencia artificial aplicada a la seguridad nacional, ni en una arquitectura moderna que la sustente, es una omisión irresponsable frente a un escenario internacional cada vez más complejo.
Chile tiene la responsabilidad de actuar con visión estratégica y de comprender que la seguridad del futuro se construye hoy.
José Alonso Sánchez
Coordinador Corporativo Instituto Res Pública
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