Nacional
Las historias de vida que llevaron a los presos políticos a iniciar una riesgosa huelga de hambre
Publicado por: Francisco Ovalle
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Durante las ultimas semanas fuimos testigos de una huelga de hambre que protagonizaron los ex presos políticos que fueron víctimas de la dictadura. Si bien varios de los huelgusitas depusieron la medida y aceptaron la propuesta del gobierno de establecer una mesa de negociación para llegar a acuerdos respecto a sus demandas, aseguran que seguirán presionando si no hay una solución concreta.

Pero ¬Ņc√≥mo se lleg√≥ a esta instancia? ¬ŅCu√°l es el origen del conflicto? ¬ŅCu√°les son las historias que los llevaron a adoptar una medida tan dr√°stica, sobre todo considerando que tienen todos sobre los 60 a√Īos de edad, condici√≥n que pon√≠a en riesgo mayor su integridad?

Probablemente la respuesta a estas interrogantes no sea tan clara, pero al menos podemos entender en parte el por qué se llegó a esta instancia.

Los informes

Por Francisco Ovalle

El Informe Rettig

Corr√≠a el a√Īo 1990. S√≥lo dos a√Īos antes el plebiscito de 1988 hab√≠a puesto t√©rmino a los 17 a√Īos de la dictadura de Pinochet. Eran tantas las denuncias de violaciones a los Derechos Humanos que el presidente de la √©poca, Patricio Aylwin Az√≥car, determin√≥ la creaci√≥n de la Comisi√≥n Nacional de Verdad y Reconciliaci√≥n, la que se hizo efectiva con el Decreto Supremo N¬į 355 de 25 de abril de ese a√Īo.

El objetivo era claro: intentar el esclarecimiento sobre los graves hechos cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, ya fuera en el pa√≠s o en el extranjero y determinar si estas √ļltimas tuvieron relaci√≥n con el Estado de Chile o con la vida pol√≠tica nacional.

Al cabo de nueve meses de intensa labor, el 8 de febrero de 1991 la comisi√≥n entreg√≥ a Patricio Aylwin, el informe de su trabajo. En √©l, se establece la recepci√≥n de 3.550 denuncias, de las cuales se consideraron 2.296 como casos calificados seg√ļn describe la presentaci√≥n en el sitio oficial de los Derechos Humanos del Gobierno.

As√≠ entonces se supo por primera vez de forma oficial en Chile los resultados de esta Comisi√≥n que se conoce como el Informe Rettig en honor a quien presidi√≥ el organismo, Ra√ļl Rettig Guissen.

Comisión Valech

‚ÄúConsciente o inconscientemente, una conspiraci√≥n de silencio sobre la tortura se fue extendiendo lentamente por el pa√≠s. Con el pasar de los a√Īos muchos creyeron que, si bien los malos tratos hab√≠an sido comunes contra los prisioneros del r√©gimen militar, la tortura propiamente tal no hab√≠a sido tan masiva. Sin embargo, quienes hab√≠an sido torturados -las m√°s de las veces, tambi√©n en el silencio- guardaban la memoria, las marcas y las consecuencias de “tratos crueles, inhumanos y degradantes”, seg√ļn la Declaraci√≥n Universal de Derechos Humanos, que literalmente les hab√≠an cambiado o mutilado la vida‚ÄĚ.

Con este párrafo se inicia la presentación de lo que fue la Comisión Valech. Una comisión que como lo explican estas líneas, buscaba rescatar los casos de torturas, detenidos y violentados en la dictadura y que por alguna razón habían quedado fuera del primer informe, el Rettig.

En la presentaci√≥n del documento se relata que en ‚Äúagosto de 2003, el presidente de la Rep√ļblica, don Ricardo Lagos Escobar, dio a conocer la propuesta gubernamental en materia de Derechos Humanos denominada ‘No hay ma√Īana sin ayer’”. √Čsta conten√≠a una serie de medidas para “seguir
avanzando en el delicado proceso de sanar las heridas producidas por las graves violaciones a los Derechos Humanos‚ÄĚ. Entre estas medidas se estableci√≥ la creaci√≥n de una ‚Äúcomisi√≥n que establezca de manera rigurosa una lista de personas que hayan sufrido privaci√≥n de libertad y tortura por razones pol√≠ticas‚ÄĚ, la que se concret√≥ el 11 de noviembre de 2003, con el nombre de ‚ÄúComisi√≥n Nacional sobre Prisi√≥n Pol√≠tica y Tortura‚ÄĚ.

As√≠ naci√≥ la denominada Comisi√≥n Valech que debe su nombre a quien la presidi√≥, monse√Īor Sergio Valech, obispo em√©rito de la Arquidi√≥cesis de Santiago y que hab√≠a dirigido la Vicar√≠a de la Solidaridad en los √ļltimos a√Īos de la dictadura.

El objetivo, investigar, en un plazo de seis meses a contar de esa fecha, quiénes fueron las personas que sufrieron privación de libertad y tortura por razones políticas en el período comprendido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990, y proponer medidas de reparación.

Si bien el decreto de conformaci√≥n de esta comisi√≥n establec√≠a que ‚Äúcualquier intento de soluci√≥n del problema de los Derechos Humanos en Chile obliga a dar una mirada global a las violaciones de los derechos esenciales de la persona humana y a reconocer a las v√≠ctimas de dichas violaciones‚ÄĚ; que ‚Äúmuchas de esas personas no han sido hasta la fecha reconocidas en su car√°cter de v√≠ctimas de la represi√≥n, ni han recibido reparaci√≥n alguna por parte del Estado‚ÄĚ, y que ‚Äús√≥lo en la medida que se esclarezca completamente la verdad, se reconozca a sus v√≠ctimas y se repare el injusto mal causado, el pa√≠s podr√° avanzar en forma efectiva por el camino de la reconciliaci√≥n y el reencuentro‚ÄĚ; los ex presos pol√≠ticos que se acogieron a la comisi√≥n Valech, dicen que precisamente estas medidas de reparaci√≥n son las que originaron finalmente el conflicto que los mantuvo en huelga de hambre a gran parte de ellos.

La reparación de la que habló el presidente Ricardo Lagos fue simbólica, y eso derivó en que no fueran ni los mismos montos ni los mismos beneficios entre quienes estaban en el informe Rettig y la comisión Valech. Así lo comenta Arturo Samit, vocero de los huelguistas en Valparaíso.

Esta situación es explicada también por el abogado especialista en Derechos Humanos, Guillermo Kegevic, quien reconoce que los ex presos políticos tienen razón al momento de exigir igualdad en los beneficios.

El legista, además, aclara varios conceptos que es necesario tener en consideración. Por ejemplo, un exonerado político, un torturado, un prisionero o un exiliado; todas estas acciones califican como Violación a los Derechos Humanos.

Un exonerado político es aquel que perdió su trabajo y por ende el pago de imposiciones producto de la dictadura; un prisionero político es quien estuvo privado de libertad por razones políticas relacionadas casi siempre con su oposición al régimen; un torturado es quien recibió apremios y agresiones físicas o psicológicas; un exiliado es a quien se le obligó a salir del país, fue expulsado del territorio también por razones políticas.

Cada una de estas situaciones tuvo una reparaci√≥n distinta. El problema seg√ļn, explica Kegevic, es que cuando una victima de la dictadura se acogi√≥ a un beneficio por una de estas causales debi√≥ renunciar a las otras.

Pero ¬Ņqui√©nes son los ex presos pol√≠ticos? ¬ŅCu√°les son sus historias?

Silva y el general Bachelet

Por Felipe Trejo

Tras recorrer las dependencias de la ENAMI, la Fuerza A√©rea en Quintero, el Ministerio de Defensa de Santiago, el Estadio Chile, √ďscar Silva estuvo en la Academia de Guerra A√©rea AGAS 7, donde se encontr√≥ con el general Alberto Bachelet,

√ďscar Silva es uno de los huelguistas de hambre, √©l debi√≥ recibir un cuidado especial debido a su hipertensi√≥n desde el 21 de abril, d√≠a en que se uni√≥ a la huelga que junto a 6 compa√Īeros mantuvieron en el z√≥calo del Consejo de la Cultura.

Hipertensi√≥n que lo hizo ‚Äúabandonar esta lucha por unas horas‚ÄĚ -seg√ļn explica- ya que, luego de arrancarse del hospital hasta donde hab√≠a sido trasladado debido a sufrir una descompensaci√≥n, continu√≥ con la medida.

√ďscar, al igual que la mayor√≠a de sus compa√Īeros, no recuerda mucho de fechas, a√Īos ni edad, e incluso no muestra mucho inter√©s en detallar las torturas y agresiones que recibi√≥ durante los 4 a√Īos en que se encontr√≥ detenido bajo la dictadura militar. Sin embargo, al ser consultado por sus experiencias vividas en esa √©poca, puntualiza en c√≥mo el padre de la presidenta Michelle Bachelet muri√≥ en sus brazos.

Seg√ļn relata Silva, ambos fueron torturados de la misma forma y posteriormente llevados a la c√°rcel publica de Santiago por dos meses antes de que separaran a los civiles de los militares constitucionalistas. En ese lugar y mientras jugaban b√°squetbol, el padre de la presidenta Michelle Bachelet experiment√≥ un ataque al coraz√≥n luego de haber recibido torturas en tres ocasiones, recuerda

‚ÄúChico, creo que me muero‚ÄĚ fueron las palabras de Alberto Bachelet dirigidas a Silva en vista de la falta de una pastilla que el general depositaba bajo su lengua cada vez que sufr√≠a este tipo de abusos.

El peligro que corr√≠a Bachelet fue alertado a los miembros de ‚Äúla guardia‚ÄĚ, quienes respondieron de mala manera que los prisioneros ya ‚Äúhab√≠an molestado en tres ocasiones‚ÄĚ (refiri√©ndose a las tres veces que ya hab√≠an sido torturados).

Finalmente, recuerda Oscar Silva, las lesiones internas hicieron que el padre de la actual presidenta de la Rep√ļblica muriera en sus brazos.

La experiencia vivida con el general Bachelet fue relatada a la propia mandataria, seg√ļn dice Silva, en una emotiva y privada conversaci√≥n que sostuvo con ella varios a√Īos despu√©s en el restaurant ‚ÄúZamba & Canuta‚ÄĚ. En esa reuni√≥n estuvieron presentes el senador Ricardo Lagos Weber y el diputado Aldo Cornejo, recuerda.

Hoy Silva se plantea la respuesta entregada por la presidenta Michelle Bachelet en esa oportunidad donde les pidi√≥ paciencia; se√Īala que el problema es que hace m√°s de 40 a√Īos se ha mantenido esta espera, ‚Äúmientras asesinos como Contreras y Krashnoff reciben 3 millones de pesos aun estando presos. Los torturadores reciben ese dinero y quienes fuimos torturados recibimos una miseria‚ÄĚ.

“Tenemos que hacer una huelga de hambre para que un supuesto gobierno de izquierda responda a derechos que est√°n validados internacionalmente y ante los cuales el mismo Ejecutivo se comprometi√≥ a cumplir”, sentencia el manifestante.

Los Antigolpistas

Por Felipe Trejo y Francisco Ovalle

Ricardo Tobar Toledo es miembro de la agrupaci√≥n que se hizo llamar ‚ÄúMarinos Antigolpistas‚ÄĚ, que tuvo sus or√≠genes tres a√Īos antes de que ocurriera el golpe.

Ingres√≥ a la Armada cuando aun era un ni√Īo. Era menor de edad, pero aclara que no he preguntado ni le interesa recordar la fecha exacta, como tratando de borrar todo indicio de su paso por la Instituci√≥n. Ingres√≥ como Gente de Mar.

Tobar afirma que integr√≥ la llamada Marina Especial de las FFAA y de los a√Īos 70 en adelante, desde que asumi√≥ Allende, ya ve√≠an ‚Äúcosas raras‚ÄĚ. Esto lo llev√≥ junto a otros marinos a sospechar y luego derechamente a denunciar que se estaba gestando una especie de Golpe de Estado. Las denuncias asegura, evidentemente no fueron acogidas por el mando institucional.

Las primeras luces fueron los tanquetazos, y a pesar de comentarlo con otros uniformados, ‚Äúno nos creyeron por nuestra ‘menor cuant√≠a’ por la jerarqu√≠a ya que eramos s√≥lo ‘Oficial de Mar’ y no ‘ejecutivos’”.

En septiembre de 1970, cuando Allende gana en las urnas, √©l tenia pensado subir el est√°ndar social a la clase m√°s modesta para que se sintieran m√°s dignos. ‚ÄúLas medidas que habia anunciado Allende respecto a las Fuerzas Armadas: subirle el sueldo a los m√°s ‘motes’ a la gente de mar nos tenia bastante contentos, aun cuando seria paulatino‚ÄĚ.

‚ÄúNosotros seguimos la Carta Fundamental de 1925 respecto a ser ‘fieles’ con el Presidente. Eso se viol√≥ en 1973, ya que en ninguna parte de los reglamentos dice que yo me tengo que preparar para un Golpe de Estado, por eso cuando empezamos a evidenciar los movimientos de oficiales chilenos con oficiales norteamericanos nos dimos cuenta de lo que realmente estaba ocurriendo.

‚ÄúMe apresaron en septiembre, me acusaron de ser del MIR. Otros compa√Īeros fueron apresados a partir del 5 y 6 de agosto. Unos pocos fueron echados del pa√≠s y otros tuvimos que asumir las penas impuestas por la Corte Marcial. Yo tuve que pagar en la c√°rcel, donde sin querer detallar mayormente lo que viv√≠, te puedo decir que lo m√°s complicado es superar la situaci√≥n psicol√≥gica (pasamos por campo de prisioneros)‚ÄĚ

De Silva Palma a la C√°rcel, de la C√°rcel a Colliguay donde inventaron un campo que se llam√≥ ‚ÄúMelinca‚ÄĚ u ‚ÄúOperaci√≥n X‚ÄĚ para despistar a nuestras familias luego de ser secuestrados del Silva Palma.

De ser uniformados de l√≠nea y llegar a la c√°rcel fue la despedida que les hizo la Marina, una despedida sin ceremonias, sin medallas, una despedida llena de torturas; ‚Äúellos (los marinos golpistas) se ensa√Īaron con nosotros para despu√©s, cuando llegara el Golpe de Estado, estuvi√©ramos preparados‚ÄĚ.

‚ÄúNosotros estamos exigiendo las justas reparaciones que necesitamos, me echaron de la Marina, pero adem√°s me torturaron, lo que pido son mis indemnizaciones como trabajador y por las torturas que recib√≠ y que me afectaron a mi y a mis seres queridos, esto es una agresi√≥n transgeneracional”.

“Chile no ha cumplido ninguno de los acuerdos internacionales respecto a los DDHH. Las Fuerzas Armadas se hacen llamar ‘apol√≠ticos’, sin embargo no han aceptado ni reconocido que son fascistas de la derecha m√°s ultra, est√°n del lado de quienes reniegan de un socialismo real para la gente‚ÄĚ afirma Tobar.

Los no reconocidos

El abogado de Derechos Humanos, Guillermo Kegevic, reconoce que la situación de ambos informes permitió que el sistema fuera vulnerado, afirmando que existen efectivamente personas que se aprovecharon de la situación y se hicieron pasar por víctimas cuando no lo fueron, pero también aseguró que hay muchos casos de verdaderas víctimas que no ingresaron a ninguna de las dos instancias

La idea afirma el legista es que el Instituto nacional de Derechos Humanos mantenga una inscripci√≥n permanente para la investigaci√≥n de casos que aun, a m√°s de 40 a√Īos del Golpe, no han tenido reparaci√≥n

Dentro de los casos que no est√°n reconocidos ni insertos en estos informes encontramos el de Ema.

La lucha sobre la lucha

Por Danissa Antonucci

A ella le cuesta precisar la fecha exacta de los hechos. Sin embargo, no pierde detalle al relatar lo vivido: duro recuerdo que quiz√°s absorbi√≥ un d√≠a, una hora, que hoy surgen como meros detalles. Tiene la certeza eso s√≠, que fue a fines de enero de 1974 -en momentos en que egresaba de cuarto medio- cuando 4 funcionarios de la Fuerza A√©rea de Chile llegaron hasta su casa en calle Nuestra Se√Īora del Rosario, en Vitacura, Santiago.

‚ÄúPreguntaron directamente por Ema Cabezas, pero yo solo fui un chivo expiatorio‚ÄĚ, comienza su relato.

Ema, en ese entonces militaba en las juventudes del Movimiento de Izquierda Revolucionario, MIR. Su madre y padrastro pertenec√≠an al Partido Socialista, entorno pol√≠tico ‚Äď recuerda- que provoc√≥ que su casa, tras el golpe de estado de 1973, quedase ‚Äúquemada‚ÄĚ, utilizando un t√©rmino de la √©poca, raz√≥n que determin√≥ el abandono por parte de la familia.

En paralelo, su círculo más cercano estaba integrado por una amiga militante comunista, cuyo pololo, cadete de la FACH, también se había enrolado en estas filas.

Es fines de enero de 1974 y Ema junto a su hermano se dirigen a la abandonada casa en busca de ropa para su madre, a esa altura asilada en la Embajada de Venezuela. Transcurridos solo minutos, se hicieron presente los 4 aviadores.

Por Adriana – su amiga-, por la pareja de √©sta y por su madre, preguntaron los uniformados, comenzando con un interrogatorio que termin√≥ en vej√°menes, cuyo √ļnico testigo fue un ni√Īo de 4 a√Īos.

Es otro de sus hermanos quien descubre lo sucedido y él que la socorre llevándola a un médico clandestino, profesional que emitió un lapidario diagnóstico: Ema no podría ser madre.

Llega as√≠ octubre de 1974 y Costa Rica aparece como pa√≠s disponible para recibirla. Se va junto a quien se convirti√≥ en su esposo. En el exilio nacen tres hijos: ‚Äúregalos de la vida‚ÄĚ, declara emocionada.

En 1988 decide regresar a Chile y la detiene la Polic√≠a de Investigaciones. Ema junto toda a su familia es llevada hasta el cuartel Borgo√Īo, por el v√≠nculo con el hermano que la rescatara en 1974, quien muri√≥ siendo guerrillero en la revoluci√≥n Sandinista en Nicaragua.

‚ÄúS√≠, nos dieron unos combos y patadas, pero nada que se compare a lo que yo hab√≠a vivido‚ÄĚ, relativizando tal vez un nuevo complejo episodio.

Es la historia de Ema Cabezas Torrealba, hoy de 60 a√Īos. Es el relato de la √ļnica mujer participante de la huelga de hambre que encabezaran ex presos pol√≠ticos en todo el pa√≠s. Pura solidaridad porque paradojalmente, no ha visto resarcido el da√Īo, como el resto de sus compa√Īeros en huelga. No es parte de informe alguno, ni del Rettig, ni del Valech.

Ema, integrante de un movimiento de izquierda revolucionario, no tiene recuerdo de un proceso revolucionario armado, m√°s all√° de los idealismos. Con la distancia de los a√Īos, asegura que la persecuci√≥n de la √©poca solo era ‚Äúpor pensar distinto, por querer un mundo m√°s justo, m√°s igualitario, en medio de clases sociales muy distintas y marcadas‚ÄĚ.

En la actualidad, vive en El Quisco, balneario de la Quinta Regi√≥n donde a√ļn desarrolla terapias psicol√≥gicas y psiqui√°tricas que le permiten vivir el ‚Äúd√≠a a d√≠a‚ÄĚ . Su lucha hoy es, como ella misma dice, lograr una Valech para ‚Äúpoder vivir mejor‚ÄĚ, aunque aclara que ‚Äúnadie repara el da√Īo en realidad‚ÄĚ.

Hasta el cierre de este reportaje, varios ex presos políticos decidieron deponer la huelga de hambre y aceptar la propuesta del gobierno de instaurar una nueva mesa de trabajo. La huelga de hambre se depuso, pero aseguran que el movimiento seguirá en pie hasta que se les reconozcan sus demandas, o hasta que la muerte ahora sí les gane la batalla.

Escucha la crónica completa realizada por Francisco Ovalle, Danissa Antonucci y Felipe Trejo.

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