El gobierno de Javier Milei arrancó el año con uno de los datos económicos que más esperaba celebrar: en Argentina, la inflación anual de 2025 terminó en 31,5%, el registro más bajo desde 2017 y una drástica caída frente al 117,8% de 2024.
Sin embargo, diciembre mostró un alza mensual de 2,8%, un número que el oficialismo festejó como la confirmación de que el programa de ajuste fiscal y monetario logró torcer la dinámica inflacionaria crónica de los últimos años, pero se trata del séptimo mes consecutivo al alza: 1,6% en junio, 1,9% en julio y agosto, 2,1% en septiembre, 2,3% en octubre y 2,5% en noviembre.
Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el 31,5% de todo el 2025 es el Índice de Precios al Consumidor (IPC) anual más bajo desde 2017, durante la gestión de Mauricio Macri, cuando la inflación había sido del 24,8%.
A nivel global, el Fondo Monetario Internacional (FMI) había proyectado a Argentina en el sexto lugar del ranking de países con escenario inflacionario en 2025 apenas por encima de Irán (42,4%), Sudán (87,2%), Zimbabue (89%), Sudán del Sur (97,5%) y Venezuela (269,9%).
Para Milei, el número funciona como una validación política y técnica del rumbo económico adoptado desde su asunción en diciembre de 2023, basado en un fuerte recorte del gasto público, la licuación de subsidios, el fortalecimiento del peso y una política monetaria contractiva que tuvo como contracara una caída del consumo.
Tras la fuerte devaluación del peso que siguió al final del gobierno de Alberto Fernández, los precios treparon a peaks históricos a comienzos de 2024. A partir de mediados de ese año, la inflación inició una trayectoria descendente, impulsada por el ajuste fiscal, la contracción monetaria y una demanda interna debilitada. El 117,8% acumulado en 2024 ya había quedado muy por debajo del 211,4% de 2023, el peor registro desde la hiperinflación de 1990.
El aumento del costo de vida en 2025 se nutre de comportamientos muy dispares entre rubros. “Educación” encabezó las alzas del año pasado, con un incremento del 52,3%, seguida por “restaurantes y hoteles”, que avanzaron 42,2%.
En tanto, el rubro “vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” trepó 41,6%, empujado por el descongelamiento de tarifas, la desregulación de los precios en bencinas y los ajustes en servicios públicos.
Del otro lado del índice aparecen los sectores que quedaron por debajo del IPC general. “Prendas de vestir y calzado” subieron apenas 15,3% en todo el año, mientras que “equipamiento y mantenimiento del hogar” aumentaron 19,3%. “Bebidas alcohólicas y tabaco” cerraron con una variación del 25,2%.
De guiarnos por el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, realizado entre el 23 y 30 de diciembre con 44 participantes, entre bancos, consultoras y centros de investigación, la expectativa para 2026 apunta a una inflación anualizada del 20,1% y un 2,3% solamente en enero.
Cambios metodológicos: en Argentina empiezan a medir la inflación de otra manera
Al margen de los datos de inflación, el Indec, que durante la época de los gobiernos kirchneristas fue eje de cuestionamientos por la manipulación de índices, introdujo un cambio relevante en la forma de medir la inflación.
A partir de enero, el organismo aplica una nueva metodología para el Índice de Precios al Consumidor, con una actualización de la canasta y de las ponderaciones que reflejan el gasto real de los hogares. El objetivo es adaptar la medición a hábitos de consumo actuales, luego de más de siete años sin modificaciones estructurales en el IPC.
La modificación implica un reordenamiento significativo del peso de cada rubro. “Vivienda, electricidad, gas y otros servicios” pasará de representar alrededor del 9,4% del gasto familiar a 14,5%, un salto de 5,1 puntos porcentuales. “Transporte” también ganará incidencia y subirá del 11% al 14,3%. “Comunicaciones”, que incluye telefonía móvil e internet, prácticamente duplicará su participación y pasará del 2,8% al 5,1%.
En sentido inverso, categorías históricamente dominantes perderán importancia en el IPC general.
Así, “alimentos y bebidas no alcohólicas” bajarán del 26,9% al 22,7% del índice. “Prendas de vestir y calzado” reducirán su incidencia del 9,9% al 6,8%, mientras que “restaurantes y hoteles” caerán del 9% al 6,6%.
El nuevo IPC se construirá sobre la base de la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares 2017/2018, con ajustes para capturar consumos más recientes.
Desde el Indec estiman que el cambio no generará saltos bruscos en los datos mensuales, aunque permitirá medir con mayor precisión rubros que hasta ahora estaban subrepresentados, especialmente servicios vinculados al hogar.
De hecho, las primeras simulaciones muestran diferencias marginales y poco favorables al Gobierno, contrario a lo que podría denunciar la oposición. Gonzalo Carrera, economista de la consultora Equilibra, evaluó en un análisis publicado por el medio Infobae que si en diciembre de 2025 se aplicaba la nueva metodología, la inflación mensual habría sido del 2,9% en lugar del 2,8% informado. En el acumulado anual, el índice habría cerrado en 32,2%, 0,7 puntos porcentuales por encima del dato oficial hecho con la forma antigua.