No se trata de prohibirla ni de celebrarla a ciegas. Se trata de diseñarla con intención pedagógica.

Desde que fue lanzado en 2022, a Chat GPT le tomó solo cinco días alcanzar el millón de usuarios. En enero de 2024 ya sumaba 100 millones de usuarios activos. En diciembre pasado la cifra ascendía a 800 millones y acumulaba 5.600 millones de visitantes únicos, equivalente al 68% de la población total del planeta. Y no estamos contando a Gemini, Copilot y el resto de las IA generativas que existen.

A este ritmo imparable, no cabe duda de que la implementación de la Inteligencia Artificial en la educación es una realidad a la cual debemos hacer frente con sentido de urgencia para aprovechar su potencial y al mismo tiempo minimizar sus efectos negativos. 

Hoy los profesores consumen horas diseñando tareas que les impidan a los alumnos usar la IA, porque consideran que es hacer trampa. Pero es casi una batalla perdida: más del 70% de los estudiantes chilenos reconoce que la ocupan para estudiar. El problema es que estos se limitan a preguntar lo que necesitan, reciben la respuesta y la copian. Es decir, hacen la tarea, reciben una nota, pero no aprenden absolutamente nada.

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Este ciclo negativo no es culpa ni de los docentes ni de los estudiantes. Es culpa de un desconocimiento que nos lleva a usar mal la herramienta.

La Unesco ha llamado la atención sobre este punto, haciendo ver que la calidad de las respuestas que reciben los alumnos es algo de lo que los gobiernos deben hacerse cargo. Lo mismo ocurre con la excesiva dependencia de los jóvenes hacia la IA, cuyas consecuencias más inmediatas son el desincentivo a pensar por sí mismos y una menor motivación para aprender.

La pregunta es cómo. Y la respuesta es: usando la misma IA

En el Liceo Comercial de Osorno, un establecimiento con cursos numerosos, un internet no muy veloz y estudiantes acostumbrados a resolver sus tareas recurriendo a la web, estamos probando MatildeX, un tutor pedagógico que desarrollamos con inteligencia artificial con el simple, pero ambicioso objetivo de girar el foco desde una IA que se dedica a responder y solucionar, a convertirla en un profesor personalizado y paciente, que les enseña a pensar y los acompaña en todo momento. Un tutor dedicado 100% a ellos, adaptado al ritmo de cada uno y que les presta atención total.

El piloto partió con un curso completo de 3º medio y en pocas semanas vimos cambios concretos: más entrega de tareas, menos copia directa y más preguntas bien formuladas. No porque la IA hiciera el trabajo, sino porque dejaba de dar la respuesta y empezaba a preguntar de vuelta. Método socrático puro, aplicado con tecnología.

MatildeX solo trabaja con material aprobado por el colegio, conoce el curso, los objetivos y el nivel de cada estudiante. Si alguien pregunta cómo resolver una ecuación o un ejercicio PAES, no responde “x = 5”, sino ¿qué moverías primero?, ¿por qué?, ¿qué pasa si restamos este número? Preguntas que invitan a pensar -no a adivinar- y entender el proceso que lleva a un resultado: mejor razonamiento, más autonomía y mejor tolerancia a la frustración.

¿Por qué partimos con Osorno? Porque creemos que el talento está distribuido de forma bastante pareja, pero las oportunidades no. Y porque para un estudiante de región, un tutor particular o un preuniversitario caro simplemente no existe. Una IA bien diseñada puede nivelar esa cancha y mostrar diferencias reales.

Por eso también MatildeX será gratuito para preparar la PAES de Matemáticas M1 este año y luego queremos escalarlo a matemáticas avanzadas y Ciencias. Y por eso también estamos trabajando con 15 liceos técnicos del país y aspiramos a llegar a muchos más este 2026, gracias a múltiples alianzas público-privadas.

Cuando uno ve a un estudiante de Osorno explicar cómo llegó a una solución, entiende que la discusión sobre inteligencia artificial en educación está mal planteada. No se trata de prohibirla ni de celebrarla a ciegas. Se trata de diseñarla con intención pedagógica.

Si esto puede pasar en Osorno, puede pasar en cualquier parte. Y si logramos que la IA enseñe a pensar, en vez de que lo haga por nosotros, entonces sí estaremos usando esta tecnología para avanzar. No como una hipótesis, sino como una realidad.

Sebastián Espinosa
CEO de Skillnest

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