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Martes 16 enero de 2018 | Publicado a las 09:02 · Actualizado a las 15:05
Papa pide perd√≥n por los abusos cometidos en la Iglesia: "Siento verg√ľenza"
Publicado por: Emilio Lara
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En medio de su discurso en el Palacio de La Moneda, el papa Francisco pidi√≥ perd√≥n por los casos de abusos perpetrados por miembros de la Iglesia contra ni√Īos.

“Aqu√≠ no puedo dejar de manifestar el dolor y la verg√ľenza, verg√ľenza que siento ante el da√Īo irreparable causado a ni√Īos por parte de ministros de la Iglesia”, dijo el pont√≠fice.

“Me quiero unir a mis hermanos en el Episcopado, ya que es justo pedir perd√≥n y apoyar con toda la fuerza a todas las v√≠ctimas, al mismo tiempo que hemos de empe√Īarnos para que no se vuelva a repetir”, a√Īadi√≥ Francisco.

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Esta alocuci√≥n del l√≠der religioso fue aplaudida por los asistentes al evento oficial, en el cual se le rindi√≥ una bienvenida en calidad de jefe del Estado Vaticano. Presentes se encontraban la presidenta Michelle Bachelet, el presidente electo, Sebasti√°n Pi√Īera, y el expresidente, Ricardo Lagos, entre otros.

Cristóbal Escobar | Agencia UNO
Cristóbal Escobar | Agencia UNO

Primer discurso oficial

Francisco abri√≥ su intervenci√≥n recordando su paso por Chile durante su juventud, y las ense√Īanzas que aprendi√≥, sobre todo aquellas en relaci√≥n al padre Alberto Hurtado.

Adem√°s, manifest√≥ que espera que su paso por suelo chileno pueda ser un tiempo “de gratitud por tanto bien recibido” y cit√≥ estrofas del himno nacional para hablar de nuestro pa√≠s.

En esa l√≠nea, agradeci√≥ a Michelle Bachelet por la bienvenida y en su figura, dijo, quiso saludar a todos los chilenos, de norte a sur, donde destac√≥ la “polifon√≠a” que nos caracteriza como pueblo. Aprovech√≥, tambi√©n, de saludar al expresidente Pi√Īera y de destacar el progreso obtenido por nuestro pa√≠s en el √ļltimo tiempo.

Bergoglio tambi√©n destac√≥ la solidez y la madurez c√≠vica que goza nuestro pa√≠s, “lo que adquiere un relieve importante a 200 a√Īos de la declaraci√≥n de la independencia”, sostuvo.

La cabeza de la Iglesia calific√≥ ese momento como “importante”, el cual -a su juicio- fue “fundamentado en el derecho”, recordando que, sin embargo, durante su vida republicana, Chile ha debido enfrentar momentos turbulentos.

En esta porci√≥n de su discurso, record√≥ las palabras del cardenal Ra√ļl Silva Henr√≠quez, diciendo “nosotros ‚Äďtodos- somos constructores de la obra m√°s bella: la patria. La patria terrena que prefigura y prepara la patria sin fronteras. Esa patria no comienza hoy, con nosotros; pero no puede crecer y fructiferar sin nosotros”.

Sello social

Tras el √ļltimo punto, el Papa entreg√≥ un mensaje de corte social, el cual ha estado presente a lo largo de todo su pontificado. Pese a valorar el progreso y los avances de Chile, consider√≥ que existe una deuda con quienes no han podido gozar de tales beneficios.

“No es posible conformarse con lo que se consigui√≥ en el pasado”, sentenci√≥. “Todav√≠a muchos hermanos nuestros sufren de injusticias, lo que representa un reto para que la democracia sea un lugar de encuentro para todos”, agreg√≥.

En esa l√≠nea, Francisco expres√≥ la necesidad de escuchar a quienes no poseen una fuente laboral y a los pueblos originarios, con su cultura y derechos, a modo de proteger su historia y que √©sta “no se pierda”.

Tambi√©n debemos escuchar, en su opini√≥n, a los migrantes “quienes llegan al pa√≠s en busca de mejoras”, dijo. Tambi√©n se debe escuchar a los j√≥venes, a quienes -pidi√≥- proteger del flagelo de la droga. Finalmente, Bergoglio pidi√≥ poner atenci√≥n a los adultos mayores -con su sabidur√≠a- y a los ni√Īos -con su curiosidad- quienes esperan un “futuro de dignidad”.

Tras ello, Francisco comenzó a hablar acerca de otro tema que ha sido importante dentro de su apostolado, el respeto necesario que debe existir en materias sociales y medioambientales.

Fue as√≠ como, nuevamente, el Papa destac√≥ a los pueblo originarios, cuya sabidur√≠a “puede ser un gran aporte”, precis√≥. “De ellos podemos aprender que no hay verdadero desarrollo en un pueblo que d√© la espalda a la tierra y a todo y a todos los que la rodean‚ÄĚ, declar√≥.

“Con esta capacidad de escucha somos invitados hoy de manera especial a prestar una preferencial atenci√≥n a nuestra casa com√ļn (…), fomentar una cultura que separa cuidar de la tierra y, para ello, no s√≥lo conformarnos solamente con ofrecer respuestas puntuales a los graves problemas ecol√≥gicos y ambientales que se presentan”, sostuvo.

“En esto se requiere la audacia de ofrecer una mirada distinta, un pensamiento, una pol√≠tica, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocr√°tico, que privilegia la irrupci√≥n del poder econ√≥mico en contra de los sistemas naturales y, por lo tanto, del bien com√ļn de nuestro pueblos”, detall√≥.

“Agradezco una vez m√°s la invitaci√≥n a poder venir a encontrarme con ustedes, a encontrarme con el alma de este pueblo, y ruego que la Virgen del Carmen, madre y reina de Chile, siga acompa√Īando y gestando sue√Īos en esta bendita naci√≥n”, finaliz√≥ el l√≠der de la Iglesia Cat√≥lica.

Revisa acá una selección de fotos que dejó el paso del obispo de Roma en su paso por el Palacio de La Moneda:

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Lee acá el discurso completo del Papa en el Palacio de La Moneda, su primer discurso oficial de este viaje apostólico de 4 días:

Se√Īora Presidenta,
miembros del Gobierno de la Rep√ļblica y del Cuerpo Diplom√°tico, representantes de la sociedad civil,
distinguidas autoridades,
se√Īoras y se√Īores:

Es para m√≠ una alegr√≠a poder estar nuevamente en suelo latinoamericano y comenzar esta visita por esta querida tierra chilena que ha sabido hospedarme y formarme en mi juventud; quisiera que este tiempo con ustedes fuera tambi√©n un tiempo de gratitud por tanto bien recibido. Me viene a la memoria esa estrofa de vuestro himno nacional: ¬ęPuro, Chile, es tu cielo azulado, / puras brisas te cruzan tambi√©n, / y tu campo de flores bordado/ es la copia feliz del Ed√©n¬Ľ, un verdadero canto de alabanza por la tierra que habitan, llena de promesas y desaf√≠os; pero especialmente pre√Īada de futuro.

Gracias se√Īora Presidenta por las palabras de bienvenida que me ha dirigido. En usted quiero saludar y abrazar al pueblo chileno desde el extremo norte de la regi√≥n de Arica y Parinacota hasta el archipi√©lago sur ¬ęy a su desenfreno de pen√≠nsulas y canales¬Ľ.[1] La diversidad y riqueza geogr√°fica que poseen nos permite vislumbrar la riqueza de esa polifon√≠a cultural que los caracteriza.

Agradezco la presencia de los miembros del gobierno; los Presidentes del Senado, de la C√°mara de Diputados y de la Corte Suprema, as√≠ como las dem√°s autoridades del Estado y sus colaboradores. Saludo al Presidente electo aqu√≠ presente, se√Īor Sebasti√°n Pi√Īera Echenique, que ha recibido recientemente el mandato del pueblo chileno de gobernar los destinos del Pa√≠s los pr√≥ximos cuatro a√Īos.

Chile se ha destacado en las √ļltimas d√©cadas por el desarrollo de una democracia que le ha permitido un sostenido progreso. Las recientes elecciones pol√≠ticas fueron una manifestaci√≥n de la solidez y madurez c√≠vica que han alcanzado, lo cual adquiere un relieve particular este a√Īo en el que se conmemoran los 200 a√Īos de la declaraci√≥n de la independencia. Momento particularmente importante, ya que marc√≥ su destino como pueblo, fundamentado en la libertad y en el derecho, que ha debido tambi√©n enfrentar diversos per√≠odos turbulentos pero que logr√≥ ‚ÄĒno sin dolor‚ÄĒ superar. De esta forma supieron ustedes consolidar y robustecer el sue√Īo de sus padres fundadores.

En este sentido, recuerdo las emblem√°ticas palabras del Card. Silva Henr√≠quez cuando en un Te Deum afirmaba: ¬ęNosotros ‚ÄĒtodos‚ÄĒ somos constructores de la obra m√°s bella: la patria. La patria terrena que prefigura y prepara la patria sin fronteras. Esa patria no comienza hoy, con nosotros; pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Por eso la recibimos con respeto, con gratitud, como una tarea que hace muchos a√Īos comenzaba, como un legado que nos enorgullece y compromete a la vez¬Ľ.[2]

Cada generaci√≥n ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas m√°s altas a√ļn. El bien, como tambi√©n el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada d√≠a. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situaci√≥n nos llevara a desconocer que todav√≠a muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos.

Tienen ustedes, por tanto, un reto grande y apasionante: seguir trabajando para que la democracia y el sue√Īo de sus mayores, m√°s all√° de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar en el que todos, sin excepci√≥n, se sientan convocados a construir casa, familia y naci√≥n. Un lugar, una casa, una familia, llamada Chile: generoso, acogedor, que ama su historia, que trabaja por su presente de convivencia y mira con esperanza al futuro. Nos hace bien recordar aqu√≠ las palabras de san Alberto Hurtado: ¬ęUna Naci√≥n, m√°s que por sus fronteras, m√°s que su tierra, sus cordilleras, sus mares, m√°s que su lengua o sus tradiciones, es una misi√≥n a cumplir¬Ľ.[3] Es futuro. Y ese futuro se juega, en gran parte, en la capacidad de escuchar que tengan su pueblo y sus autoridades.

Tal capacidad de escucha adquiere gran valor en esta naci√≥n donde su pluralidad √©tnica, cultural e hist√≥rica exige ser custodiada de todo intento de parcializaci√≥n o supremac√≠a y que pone en juego la capacidad que tengamos para deponer dogmatismos exclusivistas en una sana apertura al bien com√ļn ‚ÄĒque si no tiene un car√°cter comunitario nunca ser√° un bien‚ÄĒ. Es preciso escuchar: escuchar a los parados, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias; a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada, para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta naci√≥n. Escuchar a los migrantes, que llaman a las puertas de este pa√≠s en busca de mejora y, a su vez, con la fuerza y la esperanza de querer construir un futuro mejor para todos. Escuchar a los j√≥venes, en su af√°n de tener m√°s oportunidades, especialmente en el plano educativo y, as√≠, sentirse protagonistas del Chile que sue√Īan, protegi√©ndolos activamente del flagelo de la droga que les cobra lo mejor de sus vidas. Escuchar a los ancianos, con su sabidur√≠a tan necesaria y su fragilidad a cuestas. No los podemos abandonar. Escuchar a los ni√Īos, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y aqu√≠ no puedo dejar de manifestar el dolor y la verg√ľenza que siento ante el da√Īo irreparable causado a ni√Īos por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perd√≥n y apoyar con todas las fuerzas a las v√≠ctimas, al mismo tiempo que hemos de empe√Īarnos para que no se vuelva a repetir.

Con esta capacidad de escucha somos invitados ‚ÄĒhoy de manera especial‚ÄĒ a prestar una preferencial atenci√≥n a nuestra casa com√ļn: fomentar una cultura que sepa cuidar la tierra y para ello no conformarnos solamente con ofrecer respuestas puntuales a los graves problemas ecol√≥gicos y ambientales que se presentan; en esto se requiere la audacia de ofrecer ¬ęuna mirada distinta, un pensamiento, una pol√≠tica, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocr√°tico¬Ľ[4] que privilegia la irrupci√≥n del poder econ√≥mico en contra de los ecosistemas naturales y, por lo tanto, del bien com√ļn de nuestros pueblos. La sabidur√≠a de los pueblos originarios puede ser un gran aporte. De ellos podemos aprender que no hay verdadero desarrollo en un pueblo que d√© la espalda a la tierra y a todo y a todos los que la rodean. Chile tiene en sus ra√≠ces una sabidur√≠a capaz de ayudar a trascender la concepci√≥n meramente consumista de la existencia para adquirir una actitud sapiencial frente al futuro.

El alma de la chilenía es vocación a ser, esa terca voluntad de existir.[5] Vocación a la que todos están convocados y en la que nadie puede sentirse excluido o prescindible. Vocación que reclama una opción radical por la vida, especialmente en todas las formas en la que ésta se vea amenazada.

Agradezco una vez m√°s la invitaci√≥n de poder venir a encontrarme con ustedes, con el alma de este pueblo; y ruego para que la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, siga acompa√Īando y gestando los sue√Īos de esta bendita naci√≥n.

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