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Los carteros regresarán a la favela la Rocinha tras expulsión de narcotraficantes
Publicado por: Agencia AFP
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Tomazia Ferreira Martins vive desde hace 40 a√Īos en la misma casa de la Rocinha, en Rio de Janeiro, pero nunca recibi√≥ una carta: bajo el reino de los narcos, el servicio p√ļblico b√°sico no exist√≠a en la favela, la mayor de Brasil.

Es con desconfianza que a sus 72 a√Īos Tomazia abre la puerta al ingeniero de la alcald√≠a de Rio Alexandre Furlanatto, que junto a su equipo recorre el laberinto de callejuelas estrechas y escarpadas de este gigantesco barrio pobre para cartografiarlo por primera vez.

Situado en el coraz√≥n de los barrios m√°s ricos de Rio, la Rocinha -basti√≥n de narcotraficantes y donde el Estado no entr√≥ durante 30 a√Īos- fue reconquistada hace un mes en una operaci√≥n que moviliz√≥ a cientos de polic√≠as de √©lite y soldados, apoyados por helic√≥pteros y blindados.

“El objetivo de la cartograf√≠a es nombrar las calles, y otorgar n√ļmeros a las casas. Luego, el correo deber√° dar un c√≥digo postal a los habitantes. As√≠, las casas ser√°n regularizadas y los habitantes podr√°n recibir cartas en sus casas”, explica Furlanatto.

Rio posee unas mil favelas donde residen un tercio de los habitantes de la ciudad, o sea cerca de 1,5 millones de personas. El gobierno de Rio comenz√≥ la “pacificaci√≥n” de las favelas en 2008, ha retomado m√°s de 20 de manos de narcos y milicianos y prev√© pacificar otras tantas para 2014, antes del Mundial de f√ļtbol.

Tomazia responde el cuestionario de los empleados municipales y se siente m√°s tranquila al final de la entrevista: su casa de ladrillos, construida en tres pisos a lo largo de los a√Īos, finalmente ser√° “regularizada” porque respeta las normas de salubridad e higiene de la alcald√≠a. Y pronto podr√° tambi√©n recibir por primera vez al cartero.

Hasta ahora, el cartero casi no se aventuraba en las callejuelas pobladas de hombres armados. Los propios habitantes distribuían las cartas.

Jos√© Maria, de 30 a√Īos, que hace transportes con su camioneta, cuenta que s√≥lo las calles de abajo tienen nombres y n√ļmeros, un 20% del total, seg√ļn la alcald√≠a.

“M√°s all√° del ‘valao’ (desag√ľe a cielo abierto), donde el acceso es muy dif√≠cil, no hay m√°s nada. Los carteros depositan el correo en cajas, instaladas en bares o tiendas en la parte de abajo de la favela. Los habitantes tienen que ir a buscar su correo”, dice.

Valdir, propietario de un bar, lo confirma, y muestra una caja de madera. “La mayor√≠a de la gente daba mi direcci√≥n, y ven√≠a luego a buscar su correo aqu√≠”, dijo.

Para abril pr√≥ximo, cada calle de Rocinha tendr√° nombre, y las casas un n√ļmero, pero la inspecci√≥n de los 25.000 hogares de la favela llevar√° mucho m√°s tiempo.

“Es un trabajo de hormiga y de educaci√≥n. Estas madejas de cables el√©ctricos va a tener que desaparecer. Los habitantes tienen que comprender que hay una ley y que no es m√°s la de los narcotraficantes; que tienen derechos pero tambi√©n deberes”, declara Leisli Figueiredo, que dirige unos 30 puestos de servicios sociales en varias favelas pacificadas.

Desde hace tres semanas, dos camiones amarillos del correo recorren la favela para que los habitantes puedan venir a buscar sus cartas m√°s cerca de sus casas.

“La gente puede venir f√°cilmente aqu√≠ a retirar su correo. Este es un furg√≥n itinerante que pasa por varios lugares de la Rocinha para llegar a m√°s gente”, se congratula Eliana, la cartera.

Si bien la pacificaci√≥n aporta varios beneficios a la Rocinha, han surgido algunos inconvenientes por ser parte de la “ciudad oficial”: la semana pasada, por primera vez, ocho hombres armados atacaron una tienda de electrodom√©sticos, un asalto que nunca hubiera ocurrido durante el reino de los traficantes de la droga.

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