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Dichato: Cuando la reconstrucción se transforma en un papeleo infinito
Publicado por: Alberto Gonzalez
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Imagen: John Steven Fernandez en Flickr

Imagen: John Steven Fernandez en Flickr

Miriam P√©rez abre la entrada de su carpa militar, y en el interior vemos a su nieto de 6 a√Īos durmiendo pl√°cidamente en un colch√≥n tirado en el suelo. Es de madrugada y hace mucho fr√≠o, pero ella se preocupa de arropar bien al peque√Īo para que no se resfr√≠e. “He golpeado muchas puertas, pero todav√≠a no hay nada”, nos indica. Y as√≠ como Miriam, muchos otros dichatinos esperan que la reconstrucci√≥n sea una realidad.

El día 27 en la madrugada llegamos a la aldea El Molino, donde hablamos con una voluntaria del Hogar de Cristo quien nos explicó que tuvieron una actividad junto a la damnificados que viven allí, pero en intimidad.

“La gente no quiere que vengan las c√°maras, ni que se aparezcan pol√≠ticos. Para ellos esto es un tema sensible”. Y respetamos su momento √≠ntimo de reflexi√≥n, aunque al ver nuestros micr√≥fonos de La Radio, nos saludan con afecto y se acercan a contarnos sus historias, como lo hizo Pedro.

√Čl se nos acerca con paso vacilante, apoyado en su se√Īora, debido a que es no vidente. Pero en su rostro hay una paz y calma, a pesar del duro momento que vive. Nos cuenta que hace 3 meses se le asign√≥ una mediagua, pero no ten√≠a la instalaci√≥n el√©ctrica.

Desde esa fecha su mujer ha viajado permanentemente hasta la CGE para lograr una soluci√≥n, y al recordar se le quiebra la voz. “Pr√°cticamente le tiraron los papeles en la cara, ¬°por favor!, si nosotros no tenemos culpa de lo que nos pas√≥”.

Tras conversar y agradecernos el que le hayamos escuchado, se aleja para volver a su “casa” de 20 metros cuadrados, donde tendr√° que acostarse alumbrados por una linterna de baja potencia, que ocupan lo justo y necesario para no agotarle las pilas muy r√°pido.

Continuamos con el recorrido por la Costanera, donde a√ļn es posible ver los radieres de cemento donde antes hab√≠an caba√Īas de veraneo. A excepci√≥n de las calles que estaban limpias, parec√≠a que el tsunami reci√©n hab√≠a pasado por ah√≠.

Luego nos dirigimos a donde la se√Īora Miriam, que vive en un terreno cuyo due√Īo le facilit√≥ junto a una carpa militar, para que ella pueda vivir junto a su nieto de 6 a√Īos.

En el sitio s√≥lo hay un par de paredes de lo que fue una cocina, sin techo y con un lavaplatos, y a un costado est√° la carpa, en cuyo interior duerme el peque√Īo. En un rinc√≥n est√° el carro que Miriam ocupa para salir a vender toallas y gorros a los turistas. Pero no le ha ido bien, es que los turistas no vienen a la playa, llegan a sacarse fotos entre los escombros y luego se van para subir las im√°genes a Facebook.

“Para uno es complicado estar en esta situaci√≥n, aunque te ofrezcan un techo, es inc√≥modo tener que estar armando y desarmando una pieza en el living de una casa ajena”, nos se√Īala.

Le consultamos por el peque√Īo, que duerme pl√°cidamente en un colch√≥n al interior de la carpa. “Lo voy a tener que llevar al m√©dico, porque habla todo el rato del terremoto, corre de aqu√≠ para all√°, y me dice ‘Lita (sic) yo me quiero ir para mi casa’, la que ten√≠amos antes”, se√Īala.

A√Īade que esperaba tener una mediagua antes de navidad, pero a√ļn sus papeles est√°n en reposo en alguna oficina, perdidos entre las miles de solicitudes de ayuda y vida digna.

Sin perder la entereza, nos comenta que espera estar bajo techo antes de septiembre, ¬Ņy en invierno? ¬Ņqu√© va a pasar cuando llueva? tiene un sistema de trozos de carpa para evitar que el agua entre al interior de su precario hogar.

Abandonamos a Miriam, para concurrir a la velatón. Allí personas se acercan a colocar velas junto a la cruz conmemorativa. Sus rostros son adustos y conversan en voz baja, murmullos que aumentan cuando aparece la presidenta del PPD Carolina Tohá.

Ellos no querían cámaras, ni políticos, y mientras la dirigenta de Oposición es entrevistada por un canal de televisión, surgen gritos de reprobación de los presentes.

“No los queremos aqu√≠, nosotros nos estamos levantando solos, yo y mis hermanos le estamos arreglando la casa a mi mam√°. ¬ŅTu crees que hemos recibido ayuda del Gobierno? nada, por eso no queremos verlos aqu√≠”, me se√Īala un caballero de piel tostada por el sol que se gana la vida como buzo mariscador.

Ya un poco m√°s calmado agrega, “Yo vi morir a muchos colegas, y estoy aqu√≠ para recordarlos, no para que hagan ‘far√°ndula’ con nuestro dolor”.

Llegan las 03.34. Algunos se toman de las manos, rezan un padre nuestro. Un ave maría. Entonan cánticos religiosos. Un momento de silencio. Luego una voz destemplada comienza a entonar la canción nacional, mientras un sollozo se escucha entre la gente.

Finalizamos nuestra transmisión en vivo, y les dejamos para la romería que recorre las principales calles de Dichato en intimidad, tal como ellos lo querían, recordando a los que no están, y tomando fuerza para seguir reconstruyendo sus casas, y porqué no decirlo, sus vidas que esa madrugada del 27/F cambiaron radicalmente.

Cada uno puede estar a favor o en contra del Gobierno, tener simpatías políticas a favor de un conglomerado político en particular, repudiar o valorar lo que se ha hecho, pero hay un hecho objetivo que no amerita discusiones: las condiciones en las que se encuentran los dichatinos, especialmente en las aldeas, son indignas.

El problema no es s√≥lo de un estamento, en este caso de las autoridades, sino que va m√°s all√°. Es un tema como sociedad, como chilenos que nos conmovemos con historias a√Īo a a√Īo en la Telet√≥n, mientras a esta hora hay una mujer que hace cola para ocupar un ba√Īo qu√≠mico en El Molino.

Por eso los vecinos de las aldeas no querían cámaras, flashes, ni menos políticos. Están desencantados de un país que poco a poco los deja en el olvido, mientras esperan la reconstrucción, no una solución definitiva, porque saben que eso es complicado, sino más bien una ayuda que les permita esperar la ansiada reconstrucción con dignidad y no como refugiados en un país que se dice solidario.

Mientras, la reconstrucci√≥n a√ļn est√° en papeles que van de mano en mano, en una procesi√≥n infinita que mantiene en vilo a personas, que tal como lo dec√≠a Pedro, no tienen culpa de lo que les pas√≥ esa madrugada del 27 de febrero.

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