Hoja número 16:
“Te quiero mucho, pero si tengo que competir por ti, prefiero no ganar para no perderte a ti. Soy todo el amor que merezco recibir. No soy como tú crees que voy a ser como tú quieres. Se vienen grandes cosas y estoy lista para recibirlas”.
Hoja número 40.
“Qué humillante, Dios mío. Yo nunca he sido así con él y él es así conmigo. Le abrí las puertas de mi casa sin nada a cambio y yo recibo golpes e insultos para mí y mis hijos. No sé dónde me metí. Qué dolor que tu pareja te golpee por nada y que diga cosas que no son. Me duele que mis hijos sufran por mi culpa. Soy una verdadera hueona por soportar tanto. Dios mío, ayúdame, por favor. Ya no aguanto tanto. Ningún golpe más, de verdad. Yo no soy un saco de boxeo, a mí me duele todo esto porque mis hijos ven todo y ya viví esto con los [otros] hueas. Ya no quiero más golpes, de verdad, no quiero más golpes. Te lo pido, Dios mío, no más, por favor, no más, te lo pido, Dios mío, no me golpees, por favor”.
Hoja número 66.
Querido Ángel de mi vida, ya sé que pasamos momentos muy malos y muy maravillosos. Me encanta cuando estamos felices, pero cuando llega la maldad es horrible, porque a veces ambos nos lastimamos y eso no es bueno ni para mí ni para usted ni mis hijos. Ellos sufren bastante por todo esto y no quiero que nos vean de nuevo porque a usted yo lo amo demasiado. Te amo mucho mi amor y si soporto es porque lo amo con todo mi corazón, pero hay veces que se le pasa la mano y tengo que defenderme, pero me duele, y mucho, todo esto.
Hoja número 67.
Ay qué dolor más grande que tu pareja no te crea nada y que piense que uno hace cosas sabiendo que no es así. Me dio pena y rabia porque quedé sin trabajo por su culpa. ¿Qué haré ahora, dónde sacaré para mis hijos? Yo no importo, pero ellos sí.
Primer femicidio
Paulina Corrotea Chacana murió el 2 de enero de 2026. El Hospital de Coquimbo estuvo cinco días intentando salvarle la vida. Sin resultados. A las 12:30 horas confirmaron su fallecimiento por un traumatismo craneoencefálico.
Cuando llegó al Centro de Salud Familiar, en primera instancia, pensaron que estaba drogada. Pero Paulina no consumía ni drogas ni alcohol ni cigarro. Cuando le realizaron la autopsia, su cuerpo confirmó que además de la lesión evidente de su cabeza, tenía otros golpes. De fechas antiguas y recientes.
A eso sumó una de las pruebas más relevantes: un cuaderno de matemáticas de cien hojas con un diseño de gato. Tenía distintos escritos que apuntaban a que sus últimos meses de vida los vivió entre golpes y agresiones verbales. Era víctima de violencia intrafamiliar, aunque no sólo con su último conviviente.
Con esta sumatoria de evidencia el Ministerio Público calificó su muerte como el primer femicidio de este 2026 en Chile. ¿El acusado? Su pareja de 27 años, J.A.D.N, a quien el tribunal prohibió divulgar su nombre.
El jueves 8 de enero el Juzgado de Garantía de Coquimbo lo dejó en prisión preventiva.
Celos y manipulación
Hay tres testimonios que apuntan a que J.A.D.N y Paulina se conocieron por la aplicación TikTok en marzo de 2025. El de él y el de dos amigas. Una de ellas declaró como testigo en la causa. Contó que dos semanas después de haberse conocido, J. —que residía en Rancagua— se fue a vivir con Paulina al sector de Tierras Blancas.
Según su amiga, desde que comenzó a estar con J. su cambio fue drástico e instantáneo. Una de las primeras órdenes que le dio J. a Paulina fue que dejara de trabajar en el foodtruck donde operaba. La excusa era que los repartidores de comida le generaban celos. Antes de eso, la acompañaba hasta su puesto para vigilar que “no hablara con los hombres”.
Lo siguiente fue aislarla de su círculo íntimo. A donde iba Paulina, J. iba detrás. Ni siquiera podía ir sola a buscar a sus hijos al colegio.
Su forma de vestir también cambió. Tenía que usar capuchas o polerones. Igualmente borró todas sus redes sociales y no tenía celular. Su única compañía, además de sus dos hijos, era J.
—Yo sabía que J. la maltrataba, pero ella lo ocultaba. Me decía que no pasaba nada, pero siempre tenía moretones que no podía explicar —reveló la amiga.
Y. fue otra testigo y amiga que también declaró en la causa. Narró una escena particular. Un día, el hijo de Paulina le escribió para avisarle que J. “le estaba dando puño a su mamá”. Ella llegó hasta la casa y se paró en la vereda del frente para gritar su nombre durante varios minutos. Nadie salió. Se fue al rato. Al día siguiente se enteró que Carabineros había llegado a la casa.
—Ella le dijo a Carabineros que solo habían discutido —relató.
Esa vez Paulina terminó con un ojo morado. Si alguien le preguntaba, decía que se había caído del baño, según la versión de Y. El 25 de noviembre ambas amigas tuvieron una videollamada:
—Ella me confesó que J. la golpeaba en la casa, que la encerraba en la pieza, pero no en presencia de los hijos, aunque ellos igual escucharon lo sucedido. Además me dijo que cuando [J.] llegara a La Serena, la iba a matar.
“Ya no aguanto más”
Una vecina también entregó su versión. Su habitación colindaba con la de Paulina. Escuchaba todo.
—Yo sentía ruidos en la casa durante la noche. Generalmente discusiones. En esta discusión escuchaba a Paulina decirle a su pareja “me va a matar. Te estoy diciendo que no salgo con nadie, no estoy hablando con nadie. Mira los niños que nos están viendo”. Se escuchaba mayormente la voz de ella contestándole a él —contó.
Fue ella quien llamó a Carabineros en múltiples ocasiones. Una vez, una amiga de Paulina la contactó. Le aseguró que iba a interponer una denuncia por violencia intrafamiliar. Nunca lo hizo.
La vecina mencionó un punto importante. Antes de J., Paulina tuvo otra pareja con quien también mantuvo discusiones y gritos.
En uno de sus escritos se lee: “Ya no aguanto tanto. Ningún golpe más, de verdad. Yo no soy un saco de boxeo, a mí me duele todo esto porque mis hijos ven todo y ya viví esto con los [otros] hueas”.
El cuaderno
El cuaderno con los escritos lo encontró su madre.
El 19 de diciembre de 2025 —14 días antes de su muerte— recuerda que la llamó y contestó su hijo de 12 años. Le respondió que su mamá se estaba duchando. Decidió ir a verla. Intuición, tal vez. Cuando llegó a la casa notó que todos estaban en la habitación de Paulina. Y que ella, no estaba en la ducha; yacía inconsciente en la cama.
La ficha clínica de ese día detalla que sufrió una caída el 18 de diciembre. Esa fue la versión que Paulina entregó. Tenía distintas contusiones y compromiso de consciencia. La enviaron de vuelta a la casa después de que la revisara un neurólogo.
Su mamá la acompañó a esa consulta. Se percató que todo su cuerpo tenía moretones. Algunos con tonalidades más oscuras y otros amarillos. Encaró a J. por lo mismo. Él le respondió que “a veces jugaban a golpearse”.
Esa iba a ser la última vez que la vería con vida.
Nueve días después de esa atención, J. la llamó. Le dijo que Paulina estaba en el Hospital de Coquimbo. Cuando llegó, se enteró que a su hija la habían operado y estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
—Ese mismo día conversé con la doctora de la UCI y le comenté que tenía sospechas de malos tratos y me recomendó que hiciera la denuncia por violencia intrafamiliar. El 29 de diciembre, en horas de la mañana, pasé a buscar a mis nietos hasta la casa de mi hija Paulina. Le pedí a J. que se fuera porque yo sabía que esta situación era producto de algún golpe que él le debe haber dado —señaló ante fiscalía.
La madre de Paulina lo intuía. Cuando conversó con su nieto, le contó que su madre y J. se encerraban en la pieza y se escuchaban golpes. Una vez vio que J. la tomó del pelo y la arrojó al piso para pegarle patadas.
—Sé que mis nietos tienen temor de hablar todo lo que vivían porque J. los amenazó que los iba a golpear y les quitaría los celulares. Además, iba a enviar a unos primos a reventar en la casa si lo acusaban.
El 1 de enero de 2026, un día antes de que muriera, su madre encontró el cuaderno. Algunos escritos los escribió ella. Otros eran de una letra distinta.
La página 68 dice así:
“Muérete. Muerte Paulina no sirves para nada. Eres horrible. Nadie te quiere. Eres bien hueona. Ya no quiero nada conmigo (sic), nada más. Muérete, muérete Paulina”.
“Insultos grandes”
El 28 de diciembre, fue J. quien llevó a Paulina a urgencias. Él mismo planteó a fiscalía que el día anterior se había caído del baño. Eso le provocó mareos, vómitos y que se orinara encima.
—Luego la ayudé a a ducharse y vestirse, ya que se veía mareada. La acompañé al living para que tomara aire y comiera algo, pero estaba desorientada, se veía incluso inconsciente —relató.
Según J. llamó a una enfermera, quien le recomendó ponerle alcohol en la nariz y levantarle los pies. Como nada de eso funcionó, pidió un uber y la trasladó.
—Era común que sufriera dolor de cabeza. Me explicó que estos cuadros eran a consecuencia de constantes agresiones que sufría previamente por su expareja de nombre Carlos. Él le había azotado la cabeza en varias ocasiones contra la pared del dormitorio. Existen todavía estos impactos en la habitación que fueron tapados con cartón —agregó.
Pero hay un detalle. La autopsia de Paulina revela que murió por un traumatismo craneoencefálico producido por un elemento contundente aplicado con mediana energía. Lesiones que a juicio del Servicio Médico Legal, fueron propinadas por un tercero. Una herida homicida.
Respecto a las acusaciones de violencia intrafamiliar, expuso que sus discusiones eran “insultos grandes”.
—A lo más nos decíamos hueón, pero sí en una ocasión nos dimos un manotazo principalmente para alejarnos, no para agredirnos.
Su abogada, Romina Malvoa, se defendió de eso. Sostuvo que J. “actuó a fin de disminuir el riesgo, no a fin de quitarle la vida”. Apuntó a que Paulina tenía enfermedades que provocaron su muerte.
—No vamos a desconocer que existía una dinámica de violencia intrafamiliar, pero eso no significa que mi representado sea el responsable de la muerte de la víctima —concluyó.
Prisión preventiva
Para el fiscal Juan Pablo Aguilera, que J. preguntara por Paulina no significó necesariamente que estuviera preocupado por ella.
—Más que preocupación por la víctima, era por su situación procesal porque ya sabía que al fallecer la víctima desde el punto de vista legal se venía una situación bastante complicada para él —argumentó.
En la audiencia de formalización la magistrada Carolina Baroncini, manifestó que se configuraron todos los elementos para afirmar que existió violencia intrafamiliar.
—Hay una víctima que es alejada de sus amistades, que es alejada de su familia; víctima que ya no tenía teléfono, que no tenía redes sociales, que evidentemente no era capaz de solicitar ayuda y que era maltratada físicamente y de manera sistemática.
A esto se sumó que J. no tenía irreprochable conducta anterior. Sus antecedentes penales dan cuenta que tiene dos causas más: una por violencia y otra por amenazas. Ambas en contexto de violencia intrafamiliar.
Con todos estos antecedentes el tribunal decretó su prisión preventiva. El plazo de investigación se fijó en 90 días.