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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El chinche del arce ha reaparecido en la Región Metropolitana en pleno otoño, lo que según el profesor Pedro Cattan de la Universidad de Chile, refuerza la hipótesis del impacto del cambio climático en su comportamiento. Aunque pueden resultar molestos, no representan un peligro para la salud humana ni se consideran una plaga.

Hace ya varias semanas que se comenzó a avistar nuevamente al chinche del arce (Boisea trivittata) en la Región Metropolitana, un insecto cuya presencia es notoria en la ciudad durante épocas cálidas, especialmente en primavera, pero ahora apareció en pleno otoño.

Pedro Cattan, profesor de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, dice que el regreso de este insecto en esta época del año refuerza la hipótesis del impacto del cambio climático sobre su comportamiento.

“El cambio de temperaturas al final del invierno y en primavera afecta la presencia del chinche. En general, se ha reportado que el aumento de temperaturas anuncia la aparición del insecto“, explica.

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“Sin embargo, los cambios climáticos actuales hacen más difícil la predicción, como lo demuestra su aparición brusca en esta época, donde debiera iniciar su hibernación“, asegura.

¿Por qué hay tantos chinches del arce en la RM?

Recordemos que, el chinche del arce no es un insecto chileno, de hecho, es nativo de Norteamérica, pero se encuentra en Chile desde hace algunos años.

El profesor Cattan dice que su llegada al país no está muy clara, pero se teoriza que fue por accidente, transportado por aviones.

“Los primeros hallazgos se realizaron en marzo de 2020 en la zona de Pudahuel. Por ello se especula que llegó en algún vuelo proveniente de Norteamérica y colonizó rápidamente arces ornamentales que están presentes en plazas, jardines públicos, calles y también en jardines privados“, señala.

Si bien pueden llegar a ser bastante molestos e incluso ingresar a las casas, hasta ahora no se ha detectado que causen algún peligro para la salud humana y tampoco son considerados plaga, ya que no dañan el entorno.

Tampoco suelen picar a las personas o animales, aunque “se han dado casos de picaduras con efectos adversos, principalmente por la generación de respuesta antigénica que no suele ir más allá de una respuesta local en el sitio de la picadura”, aclara Cattan.

“Es difícil realizar un pronóstico de su evolución a largo plazo, dado que las condiciones climáticas afectan mucho a los insectos y, por tanto, frente a situaciones de extrema sequía podrían buscar nuevas fuentes de alimentación afectando otros tipos de vegetales, pero no animales o seres humanos”, añade.

Si ingresan a los hogares, no es para hacer daño, posiblemente solo buscaban refugio. Cattan concluye que “buscan lugares protegidos y, por tanto, pueden situarse en grietas de pisos, en paredes, o en suelos de jardines”.