Perteneciente a los trastornos del espectro autista, el Síndrome de Asperger, se define como un trastorno del neuro desarrollo que tiene como principal característica la afectación en el área de la interacción social y la presencia de patrones de conductas e intereses rígidos y repetitivos en quienes lo padecen.

Según explica Carolina Arizcaín, sicóloga Infanto-Juvenil de Clínica Bicentenario, “los niños con Síndrome de Asperger suelen presentar dificultades para desarrollar, mantener y comprender las relaciones sociales, siendo complejo para ellos interpretar las claves de interacción social y mostrar reciprocidad socio emocional”.

Asimismo, sostiene que “con este trastorno se evidencia un estilo de lenguaje literal y habla peculiar, suelen comunicarse de manera bastante formal y monótona dando cuenta además de un ritmo y entonación particular al momento de hablar y en el que la comunicación no verbal se caracteriza por el uso restringido de gestos y expresiones faciales”.

¿Cuándo evidenciamos si nuestro hijo tiene Asperger?

Según la sicóloga, “usualmente es posible realizar el diagnostico a partir de los 2 años de vida, sin embargo, resulta común que el diagnóstico sea más bien tardío y coincida con el inicio de la escolarización de los niños.

Consecuentemente, se suele establecer la confirmación diagnóstica entre los 5 y 6 años, momento en que se hacen más evidentes las dificultades asociadas a sus habilidades sociales, particularidades de su lenguaje e intereses restringidos”.

Identificando sus signos

Según cuenta la especialista, generalmente, los padres llegan a consultar preocupados y describiendo los siguientes síntomas:

– Evitación de la mirada o tienen contacto ocular atípico.

– Sordera aparente (le hablo y me ignora, siento que no me escucha).

– Retraimiento vincular; tendencia a aislarse y evitar la interacción con otros.

– Presencia de estereotipias.

– Alteración frente a cambios de rutina, que genera una intensa desregulación emocional.

– Juego sensorial repetitivo.

– Conducta muy pacífica y calmada.

– No comparten focos de atención con la mirada.

– Disminuida expresión de afecto positivo, suelen mostrarse serios, enojados o irritados.

– Lenguaje receptivo y expresivo disminuido en consideración del momento evolutivo.

¿Puede ser pasajero?

“El Síndrome de Asperger es una condición permanente en la vida de las personas. No obstante, lo anterior, la detección y diagnóstico temprano, así como también el trabajo con un equipo multidisciplinario –que incluye a neurólogos, psicólogos, terapeutas ocupacionales y fonoaudiólogos– permite favorecer la funcionalidad en la vida y cotidianidad de los pacientes, así como también una mayor integración social con su grupo de pares” detalla la especialista.

¿Tiene beneficios?

Por sobre las dificultades que presenta este trastorno, la experta cuenta que quienes viven con Asperger “habitualmente presentan una notable memoria, orientación al detalle que favorece que tengan una visión original de ciertas cosas y situaciones, habilidades matemáticas, pensamiento lógico, amplio vocabulario. Presentándose como niños genuinos, espontáneos, honestos e inocentes”.

Terapias

Desde el ámbito de la psicología infantil, “los objetivos terapéuticos se orientan en favorecer la regulación de las conductas disruptivas y desadaptativas, la disminución de los patrones de rigidez, reconocimiento de emociones propias y de otros, así como también el fortalecimiento de habilidades sociales” comenta la sicóloga, quien además menciona que destacan dos modelos terapéuticos.

“Uno es ABA, que es una terapia basada en el análisis conductual aplicado, que se orienta a la reducción de comportamientos inapropiados, así como también pretende el aumento en el repertorio conductas adecuadas y nuevas habilidades. Por otro lado, el modelo de Denver que es una intervención temprana que propicia la imitación, la comunicación, la motivación social, las habilidades sociales, cognitivas y motoras, la conducta adaptativa y el juego”.