Toda la evidencia conduce a plantear una hipótesis aventurada; pero necesaria: Una nueva corriente eugenésica recorre el mundo.
Toda política de vacunas tiene que descansar en rigor científico. El actual Ministro de Salud de Estados Unidos ha aportado una evidencia curiosa contra las inmunizaciones al señalar que él no le teme a los virus, y, como prueba, señala que cuando era joven esnifaba cocaína sobre el excusado, sin que eso le reportara ninguna infección asociada.
La verdad histórica es que el uso de inmunización a través de vacunas es probablemente el mayor progreso científico de la medicina.
En un país como el nuestro, hace 60 años, 124 de cada mil nacidos no llegaba al año de vida, contrastando con la tasa actual de 6/1.000. El plan nacional de inmunización generó un cambio dramático en estas cifras, asociadas a otras acciones como la atención profesional del parto o la lucha contra la desnutrición infantil. Se estima que 154 millones de niños han sobrevivido gracias a las vacunas en el mundo. Por si sola, ha contribuido en el 40% a esta reducción.
En la reciente pandemia de COVID, nuestro país alcanzó una de las más altas tasas de vacunación en el mundo. Se publica que al menos 140 mil vidas fueron salvadas durante esta peste gracias a ello.
El movimiento antivacunas está penetrando en el mundo. Prueba de ello es que después de muchos años, la vacunación contra sarampión ha caído en Chile.
Mientras la cobertura de la segunda dosis, que produce inmunidad prácticamente completa y de por vida, alcanzaba más del 90% hace 3 años, ahora es de 70%, exponiéndonos, como ha advertido la Organización Panamericana de la Salud, a una enfermedad que no existe en el país, y que ya produce estragos en España, Portugal, Estados Unidos, México y Canadá, por nombrar algunos que han perdido o están a punto de perder su estatus de “libre de sarampión”.
Siendo la evidencia en favor de la vacunación tan potente y científicamente fundada, ¿qué puede explicar un movimiento antivacunas tan poderoso, que ya hace mella en nuestro país y nos expone a enfermedades olvidadas?
¿Cómo olvidar que la vacunación contra el virus Papiloma ofrece, con evidencia cierta, que el cáncer de cuello uterino, que quita la vida a 550 mujeres por año en Chile, se transformará en una rareza? ¿Cómo desconocer el impacto que ha tenido en lactantes en Chile la reciente incorporación de un anticuerpo para prevenir la infección por virus sincicial?
Toda la evidencia conduce a plantear una hipótesis aventurada; pero necesaria: Una nueva corriente eugenésica recorre el mundo.
Darwin agregó a El Origen de las Especies el subtítulo “Por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”, influido por la hipótesis de T. R. Malthus que en el mundo no hay cabida para todos los humanos que nacen, y que el hambre y la enfermedad es el mecanismo de selección mediante el cual solo los más aptos sobreviven.
Malthus falló en su modelo, porque la producción de alimentos hoy alcanza para toda la humanidad, y en exceso. Se tira a la basura 3,5 millones de toneladas todos los días.
La eugenesia, el uso de la inteligencia para acelerar este supuesto mecanismo natural, por la privación a algunos del avance de la ciencia, o directamente, mediante la eliminación de millones, no es nueva, y aparece como una hipótesis complementaria para entender la realidad de hoy, independiente de la discusión válida de libertad individual vs coerción. Es necesario un gigantesco esfuerzo multilateral para retomar la senda de protección a los niños más vulnerables. Tiempos difíciles para esta tarea.
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