—Ahora está guatón, pero en ese entonces tenía buena pinta. Tenía buen blablá, con muchos conocidos… Tenía como un aura.
En poco más de un año, Gonzalo Migueles pasó de ser un nombre desconocido en la opinión pública al supuesto articulador de una red de corrupción que unía al consorcio chileno-bielorruso Belaz-Movitec con su pareja, la exministra de la Corte Suprema Ángela Vivanco.
Pero poco se sabe de él: que transitó por diferentes negocios sin resultados, que Vivanco le consiguió un puesto en la notaría de Puente Alto y que decía que era contador auditor —a pesar de que en realidad no tenía el título— son parte de los escasos datos que han surgido durante la indagatoria de la fiscalía.
Sin embargo, la vida de Migueles no empezó cuando conoció a Ángela Vivanco. En la región de Valparaíso hay gente que aún se acuerda de él. Y esta no esconde su felicidad por el presente del otrora vendedor de huevos.
A Valparaíso
Víctor Gonzalo Migueles Oteíza nació en Santiago el 28 de diciembre de 1965. Tercero y único hombre entre cuatro hijos, se crio en sus primeros años en la capital.
—Yo vivía al lado del Pedagógico, en Ñuñoa, y él era del sector —rememora Nelson Granifo, quien conoció de cerca a Migueles—. De repente nos topábamos en fiestas, era más chico que yo, de la edad de mis cuñados.
Según otra fuente, su familia emigró posteriormente a la región de Valparaíso, donde Migueles terminó su educación secundaria en el Liceo Eduardo de la Barra.
—Es mentira eso de que es contador auditor. Estuvo poco más de un año, nunca se tituló —asegura la misma persona.
Durante los noventa Migueles inscribió dos sociedades para sus primeros emprendimientos. Por un lado, una empresa de explotación de predios agrícolas y avícolas, y por el otro una compañía de supermercados, estaciones de servicio y lavado de automóviles.
A pesar de su falta de éxito, a inicios de los 2000 se encontró con la posibilidad de dirigir una empresa de verdad.
Primera empresa a la ruina
Constituida legalmente en 1975, la fábrica de alimentos avícolas Tresa Limitada nació como un proyecto entre productores de la zona para satisfacer la demanda de sus propios animales. Para comienzos del milenio había logrado superar esas expectativas y convertirse en una pequeña empresa, con diez trabajadores contratados en su planta de Limache.
De acuerdo a distintas fuentes consultadas, Migueles llegó al puesto de gerente general luego de haber tenido un romance con la hija de uno de los dueños, quien hasta ese entonces había administrado directamente la compañía. Aparte de ese vínculo poseía algunas cualidades.
—Era un tipo hábil —explica Granifo, que también había emigrado a la región de Valparaíso—. Ahora está guatón, pero en ese entonces tenía buena pinta. Tenía buen blablá, con muchos conocidos… Tenía como un aura.
Pero esos dones de poco le sirvieron en Tresa, a juzgar por los resultados. Una persona que revisó la situación financiera de la firma dice que en alrededor de cinco años Migueles llevó la empresa “a la ruina”.
—Tenía un desorden espantoso este hombre —recuerda la fuente—. No cuadraban las cuentas corrientes, no anotaba los cheques que giraba. O sea, un desastre.
Debido a las deudas con proveedores y trabajadores la compañía quebró, con lo que liquidaron todos los bienes de la empresa, incluido el terreno en que operaba.
Vivanco en su camino
Quienes conocen a Gonzalo Migueles de su época en la región de Valparaíso no saben cómo conoció a Ángela Vivanco, aunque tienen una teoría fundada. Por un par de años Migueles trabajó en el centro de Valparaíso, a pocas cuadras del Congreso Nacional, donde dicen que iba ocasionalmente y pudo haberse topado con la abogada.
Pero, ¿a qué iba Migueles al Congreso? A vender huevos.
La oportunidad surgió luego del desastre de Tresa. Nelson Granifo tenía una pequeña distribuidora de quesos en su casa y decidió emprender con otra de huevos de Agricovial en el mercado Cardonal, a cinco cuadras del Congreso, en un pequeño espacio arrendado a Aceitunas Treguear.
Para dirigir la distribuidora, Granifo le dio la oportunidad a Migueles, quien conocía el rubro.
—Ahí descubrí lo que era el Gonzalo —cuenta Granifo—. Nunca recibí un billete de él. Él pedía camiones de huevos todas las semanas y los pagaba con cheques de su señora en esa época. Luego me llamaban a mí y me preguntaban qué pasaba, porque empezaron a caer los cheques protestados.
El empresario añade que la principal perjudicada fue la entonces esposa de Migueles que —por lo que supo después— salvó de la cárcel gracias a la ayuda de su padre y sus hermanos. En cuanto a él, dice que el daño fue a su reputación.
—Me dejó como chaleco de mono con el distribuidor, que me había dado su confianza —resume Granifo—. Tuve que cerrar mi razón social también, llevaba años con mi actividad.
Cerca del poder
El fin del negocio de distribución coincidió con el quiebre matrimonial de Migueles, quien se había casado en 1997 y tenido dos hijos. Fuentes consultadas aseguran que fue entonces, en 2010, que se mudó a Santiago y comenzó su relación con Ángela Vivanco.
Por ese entonces, Vivanco todavía no llegaba a la Corte Suprema y, aparte de ejercer libremente su profesión, se desempeñaba como académica de la Universidad Católica.
Un abogado que la frecuentó por esos años recuerda haber conocido a Migueles en una celebración de fin de curso de la Facultad de Derecho:
—Muy simpático —opina—. El mundo de Derecho en la Católica es súper formal. Era una cena, todo muy estructurado. Él se metía a las conversaciones como si nada.
El mismo legista recuerda que Migueles se presentaba como contador auditor. Años más tarde Migueles usaría la misma chapa ante Sergio Yáber, el cuestionado notario de Puente Alto.
En su declaración ante el Ministerio Público de octubre del año pasado, Yáber contó que había conocido a Migueles a fines de los 90, cuando él era notario interino en Valparaíso, antes de ser trasladado a Coquimbo.
—Era cliente mío porque en ese entonces tenía una fábrica de producción avícola y esporádicamente requería de documentos —aseguró Yáber—. A mediados del año 2018 nos encontramos casualmente en La Serena. Gonzalo andaba acompañado de su señora, Ángela Vivanco, y un amigo que tenemos en común, Antonio Ulloa. Fueron a comer a mi casa y le pregunté a qué se estaba dedicando y me dijo que estaba buscando pega porque le había ido mal y había quebrado con la fábrica de producción avícola.
$3 millones sin contrato
Según relató el mismo Yáber, en esa oportunidad él comentó que estaba postulando al puesto de conservador en Puente Alto. En caso de ser nombrado podían conversar la posibilidad de que Migueles trabajara para él.
—Apenas asumí el cargo de Conservador de Bienes Raíces de Puente Alto en el mes de noviembre de 2018 sostuve una conversación con Ángela Vivanco —narró Yáber—. Me reiteró que su pareja estaba sin trabajo y que si se me podía dar la oportunidad de contratarlo una vez que asumiera mi cargo, conociera mi oficina y, siempre en el entendido que me faltara personal, pudiera acordarme de su marido.
Así Migueles comenzó a trabajar en el conservador de Puente Alto a partir de diciembre de 2018. Para eso Yáber creó la oficina de recursos humanos, que Migueles dirigía. Los honorarios de Migueles fueron fijados en $3 millones, sin un contrato de por medio.
Si bien al principio Migueles iba al conservador de lunes a viernes, después de cerca de dos años y medio pasó a acudir dos días a la semana por las mañanas. ¿En qué ocupaba el resto de su tiempo? Estaba realizando “otros trabajos de forma particular”, por lo que necesitaba más tiempo, aseguró Yáber ante el Ministerio Público.
—Siempre estaba con que tenía negocios —expresa una fuente—. Recuerdo que una vez me llamó con que tenía clientes, que me podía interesar… No había nada concreto.
La pareja Vivanco-Migueles
De acuerdo a la investigación del Ministerio Público, la pareja Vivanco-Migueles vivía con cierta comodidad. Aparte de los viajes a Brasil y Buenos Aires —en el que Migueles tomó la fotografía de los fajos sobre la cama—, Vivanco compró un Porsche Cayenne a Sergio Yáber en 2021, por $35 millones.
En eventos sociales Migueles aparecía con Vivanco. Ambos organizaron la cena de mayo de 2022 en que asistieron los ministros de la Corte Suprema Juan Eduardo Fuentes, Haroldo Brito, Adelita Ravanales y María Cristina Gajardo, además del fiscal regional de Aysén, Carlos Palma.
En esa oportunidad, Vivanco realizó un brindis por el futuro fiscal nacional, en alusión a Palma. Meses después, con Palma en carrera, Migueles intentó que desistiera.
—Buenos días amigo querido. Doctorado y reemplazo de Armendáriz OK visto bueno —escribió Migueles a Palma, como ofrecimiento para que bajara su candidatura—. Amigo, puedes hablar? Soy bueno negociando.
Esa gestión fue la primera de Migueles que salió a la luz pública. El preludio del caso Belaz-Movitec.
“Guatón chanta”
En la declaración de Eduardo Lagos del pasado 7 de enero —declarada ilegal esta semana—, el abogado aseguraba que Migueles “andaba ofreciendo el voto de la Ángela” y que él habría dudado de esa posibilidad:
—Mario Vargas me dijo que este guatón (…) puede sacarle el voto a la Ángela. (…) Mi respuesta fue, ¿tú crees que este guatón chanta va a lograr algo así? —consignaba la declaración de Lagos desechada por el Séptimo Juzgado de Garantía.
La defensa de los imputados ha intentado desvirtuar la supuesta cercanía de Migueles y Vivanco con Lagos y Vargas. A su favor la fiscalía cuenta con múltiples fotografías de eventos sociales en los que participó la pareja con el dúo de legistas del consorcio bielorruso.
Hasta el momento, el Ministerio Público ha asegurado en las formalizaciones que Vivanco y Migueles recibieron como pago por los fallos contra Codelco 29.600 dólares y $45 millones.
En Capitán Yáber
Gonzalo Migueles se entregó el pasado 4 de noviembre por la noche en la sede del OS7 de Carabineros, luego de enterarse de que pesaba una orden de detención en su contra. Tras ser formalizado, quedó en prisión preventiva el día 15 de ese mes. Desde entonces permanece recluido en Capitán Yáber.
—Se merece todo lo que le ha pasado —comenta una fuente fuera de micrófono sobre Migueles.
—Si el tipo sinvergüenza me perjudicó… No soy creyente ni pechoño, nada. Digamos que soy agnóstico, pero creo en la justicia de la madre tierra —reflexiona Nelson Granifo.
La fiscalía reformalizará a Lagos, Vargas, Migueles y Vivanco el próximo 17 de marzo. Desde el entorno de Migueles declinaron hacer comentarios a propósito de este artículo.