En marzo, los nuevos burócratas deberán decidir qué modelos de administración usarán para manejar al Estado chileno y su burocracia. Y aquí defiendo la palabra burocracia porque necesitamos de ella para llevar a cabo el mandato de la ciudadanía.

Hace unos meses me encontré en Instagram con una gringa, un español y un carnalito mexicano hablando de la particularidad de los completos chilenos. Lo típico, el pan, la salchicha, el tomate en cuadritos, la palta, el repollo picao para algunos (chucrut), el kétchup para otros, y la imperdible mayo.

Ahora, el tamaño del pan, el sabor y tipo de salchicha ¿tendrán alguna relevancia? ¿Acaso los agregados hacen la diferencia, digamos su presentación, su sabor, y su calidad?

Entonces, usando una analogía podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Serán el tamaño del Estado, y los agregados de la burocracia importantes? ¿Cuál sería la receta ideal?

Un razonamiento previo para intentar cuadrar el círculo

Soy un hincha de la teoría de sistemas y pienso que todo está requeté conectado. Así, afirmar en este escrito que democracia y burocracia están entrelazadas, no es menor. Por un lado, podría hacer una descripción acerca de cómo nuestras democracias occidentales están siendo cuestionadas, juzgadas y perforadas por su incapacidad de solucionar y atender muchas cuestiones sociales, económicas, y medioambientales.

Por ejemplo, se necesita más o menos democracia para solucionar cuestiones complejas como lo es el narcotráfico. Más o menos democracia para contrarrestar las externalidades ambientales negativas producidas por el actual modelo de producción y consumo. O si las libertades de expresión, con agendas valóricas y no valóricas (incluyendo a la inteligencia artificial), deberían ser moderadas con más o menos democracia. Pienso que esta conversación es necesaria, crucial y súper urgente. 

Axel Kaiser, el Simón Bolívar libertador de la nueva derecha latina, aborda esta dicotomía con la premisa de que las democracias están enfermas porque están infectadas de ideas erróneas. Ideas parasitarias que la están carcomiendo por dentro. 

Por otro lado, Yuval Harari (pensador judío) asegura que el orden liberal se ha basado en ficciones, como la de que “el cliente siempre tiene la razón” o de aquel consejo que dice “sigue tu corazón”, ideas que, según él, pueden dejar de ser operativas en un mundo en el cual, a través de la inteligencia artificial, los “corazones” pueden ser manipulados en forma masiva. Entonces, ¿se podrán manipular las democracias? 

O como afirma Byung-Chul Han, (alemán-coreano) cuando dice que el individuo decide voluntariamente explotarse a sí mismo hasta la extenuación. Y donde la democracia, según los MAGA, es vista como una cosa entrometida y sospechosa a la que hay que atacar y desmantelar. Usando como medio un batallón de oficiales de inmigración.

Por lo anterior, ¿qué implicancias tienen estos pensamientos para nuestras democracias latinoamericanas? Da pa pensar mucho, sin embargo, no deseo llevar mi análisis en esa dirección, deseo abordar la otra derivada, la administración de la burocracia chilena. 

¿Realmente importa la cantidad de Estado? ¿La cantidad de patria chilena?

¿Necesitamos un país con más o menos burocracia? ¿Con más parásitos burócratas como lo señaló Valenzuela? ¿Acaso el tamaño del Estado importa, el tipo de pan, la salchicha, o si los distintos agregados (la mayocracia) hacen la diferencia a la hora de comernos el completo?

Por lo mismo merecemos preguntarnos ¿Qué tipo de gobierno los nuevos burócratas, los nuevos patriocratas nos desean ofrecer?…y a qué precio. 

Los nuevos empleados públicos asumirán en marzo, y me imagino las preguntas que se deben estar haciendo: ¿Que se puede hacer? ¿Qué se va a hacer? ¿Cómo se va a hacer? ¿Con qué se va a hacer? ¿Con más o menos Estado? ¿Con más o menos burocracia? ¿Cómo lograr que se haga? ¿Como lo justificamos políticamente? ¿Y de cómo saber cuándo se ha logrado algo? 

Acá necesariamente entramos en las aguas de la administración, la administración del aparato público y de sus recursos. Y aquí los nuevos burócratas, sí o sí, deben llevar a la praxis las funciones de la administración: planificar, organizar, dirigir y controlar (Fayol, 1911).

Deben alcanzar los objetivos previamente delineados. Según ellos, seguridad, emergencia…y más seguridad.

Entiendo que llamaron a varios caperuzos, pero ahora la cosa es con guitarra (porque la batalla cultural se hizo verbo). Y espero que la sepan tocar afinada, como bien lo decía el flaco Menotti. 

Un poquito de historia pa los que les gusta algo la salsa americana

Cachureando en el siglo pasado, Taylor nos introducía el concepto de administración científica, en donde se aplicaban los métodos científicos para mejorar la eficiencia y las formas de producción en el taller, principalmente a través de estudios de tiempos (su reducción) y movimientos (su estandarización).

Siguiendo la misma línea, aparece el Fordismo, el cual se basaba en la producción en cadena, la especialización del trabajo, la estandarización del producto y el uso intensivo de maquinaria. El operario como una parte de la maquinaria (véase Charles Chaplin, Tiempos Modernos). Y no es menor lo que hizo el notable Henry, pues elevo la productividad de su compañía, pero al mismo tiempo redujo las horas de trabajo en sus empleados a 40 horas, y aumentó el salario de ellos para que estos pudieran comprar sus productos (los Ford T).

Siguiendo la teoría clásica, también hay que volver a mencionar las funciones administrativas del turco-francés Fayol (planificar, organizar, dirigir, controlar), y sus 14 principios. Por mencionar algunos: autoridad, disciplina, unidad de mando, subordinación del interés individual al bien común, estabilidad del personal, iniciativa, etc. 

Otro personaje apreciado por la derecha fue el liberal germano Max Weber. Él nos introdujo el concepto de burocracia (buro: oficina y cratos: poder) como una forma ideal de organización. Para Weber una organización, un aparato estatal debe operar y funcionar con fundamentos racionales. Algunas de sus características son la jerarquía (estructura de niveles), la normatividad (actividades reguladas por reglas), la especialización (cada miembro o departamento con tareas específicas), la formalidad (comunicación y procesos documentados), etc. 

Además, Weber observó que la sociedad se mantenía unida por la autoridad (la carismática, la tradicional y la racional-legal), y el monopolio de la fuerza.

En Chile, no es menor decir que nuestro Weber, Marito Góngora, le atribuía al Estado la formación de la nación, y alertaba contra el peligro de la política neoliberal en su efecto destructivo hacia la noción de Estado. Por si las moscas, él decía que “el Estado no es un aparato mecánicamente establecido con una finalidad utilitaria, ni es el fisco, ni es la burocracia”.

Otro pescado gordo que hay que mencionar es Elton Mayo y sus teorías de las relaciones humanas (De la Western Electric en Chicago). Él hablaba de la necesidad de corregir la deshumanización del trabajo. Introdujo variables como la de la integración social, el grupo de trabajo, la existencia de grupos informales, y el concepto de motivación.

En los estudios de Hawthorne demostró cómo algunos trabajadores preferían producir menos antes que enemistarse con los compañeros. A él hay que agregarle los aportes del psicólogo Maslow, y su jerarquía de las necesidades humanas, sin embargo, esto es harina para otro costal.

Entrando en tierra derecha: últimos 200 metros

El astuto psicólogo social McGregor nos compartía dos estilos para administrar. Un estilo mecanicista, la Teoría X que se basa en que las personas son perezosas, evitan el trabajo, evitan la responsabilidad, necesitan ser controladas, son ingenuas y no poseen iniciativa.

Y, por otro lado, un estilo basado en el comportamiento humano, la Teoría Y que se basa en que las personas se esfuerzan, ven al trabajo como una actividad tan natural como divertirse y descansar. Buscan y aceptan responsabilidades y desafíos. Pueden automotivarse y autodirigirse. Son creativas y competentes. 

Siguiendo la línea cronológica, durante la Segunda Guerra Mundial los estrategas militares comenzaron a aplicar técnicas matemáticas a problemas de defensa y logística. De esta experiencia surgió la administración cuantitativa como una nueva forma de administración (ex: teorías de cola, modelos de redes, modelos de inventario, etc.). Y durante la posguerra, hay que agregarle los modelos de gestión japonesa, como lo son la mejora continua, las 5S, el Just inTime, y los círculos de calidad.

Por otro lado, la Teoría de Sistemas nos señala que la administración debe interactuar en un medioambiente complejo, se debe retroalimentar de este, y que existen un conjunto de subsistemas dentro de la organización, y que también existen muchas rutas para el mismo objetivo.

Luego surgieron los enfoques de contingencias, los que señalan que diversos factores internos y externos pueden afectar el desempeño de una organización. Considera que no existe una única forma de administrar ya que la circunstancias cambian (por ejemplo, las metas, habilidades, actitudes, tareas, recursos, tecnologías, etc.).

Por último, no hay que olvidar la administración basada en datos (Data-driven), las organizaciones planas (que eliminan las jerarquías), y una muy poco examinada que me seduce mucho, las adhocracias del futurista Mintzberg. 

¿Y pa qué me doy esta vuelta tan re larga, quiero decir? 

No se puede negar que la administración estatal se alimenta en parte de estas ideas y principios. Y aquí quiero ser bien clarito, porque administrar el Estado, con un gobierno del color que sea, no es fácil, es más bien un arte, una maña llena de habilidades políticas y destrezas técnicas.

Se requieren conocimientos, experiencias, versatilidades, y una audacia única. Necesita de un aparato público eficaz, con adecuados y suficientes recursos materiales, con recursos humanos motivados, pero también calificados, y de una normativa racional, como lo afirmaba Weber.

En marzo, los nuevos burócratas deberán decidir qué modelos de administración usarán para manejar al Estado chileno y su burocracia. Y aquí defiendo la palabra burocracia porque necesitamos de ella para llevar a cabo el mandato de la ciudadanía.

Para mí, la burocracia no es algo que se puede ningunear tan livianamente, porque bajo ella ha corrido mucha agua. La burocracia y su administración son más complejas de lo que algunos creen entender. Claro que hay que buscar formas de hacerla más eficiente y transparente, pero que eso no implique un ninguneo continuo, sino su mejora. 

En el programa del nuevo presidente creo que faltan ideas de futuro. Están algo al debe, porque un país no sólo significa crisis de seguridad y estancamiento económico. Pensar un país es mucho más que AFPs, retail y malls. Es más, va por el lado de la capacitación y la educación, les guste o no. Además, me pregunto qué tipo de administración usarán para alcanzar las metas de país a mediano y largo plazo, si es que las tienen…

¿Aplicarán ustedes los modelos científicos de Taylor, a través de los estudios de tiempos y movimientos, con sus expertos? ¿Piensan que estos modelos mecanicistas son aún aplicables? ¿Acaso los nuevos patriócratas bypasearán las regulaciones preestablecidas? ¿Renegarán de la especialización y estandarización del trabajo al estilo Fordiano? ¿Serán los nuevos burócratas, los Chaplines condescendientes dentro del gran engranaje estatal? ¿Podrán contener sus niveles de testosterona y ego, en favor de una subordinación individual al bien común y/o respetarán la estabilidad laboral, como lo planteaba Fayol? ¿Será Weber quien venga al rescate de nuestra odiada y nunca bien comprendida burocracia?

Digo esto porque es ella, con sus jerarquías, normativas y formalidades, la que nos mantiene aún pegados como sociedad. Porque digámoslo sin eufemismos, somos algo diferente al resto de Latinoamérica. Somos súper papelísticos, es parte de la noción de Estado (de la cultura) que tenemos, qué duda cabe. Y aquí Marito nos presta ropa.

¿Acaso los nuevos aprendices 2.0 introducirán variables de integración social y los conceptos de motivación del gran Elton Mayo? ¿Aplicarán la Teoría X o la Teoría Y a sus burócratas de menor rango? ¿Usarán la administración científica o los modelos de gestión japoneses (redes, mejora continua, círculos de calidad, etc.) para la planificación estratégica y la formulación de políticas públicas? ¿O les pedirán ayuda a los profesionales de carrera? ¿Lograrán hacer rimas entre lo público y privado? ¿Será el enfoque de contingencias el que los guiará?

Es cierto que la inteligencia artificial les ayudará con el manejo de datos, pero eso es solo una parte de la ecuación. Y sigo, ¿intentaran reducir la burocracia estatal para satisfacer los cantos de sirena del otro lado de la cordillera? ¿Hungría? ¿Seguirán los modelos DODGE-Musk para reducir el gasto público (prestaciones sociales), desmantelar la burocracia, y para recortar regulaciones e impuestos? ¿Será un gobierno orientado al mercado, al cliente (y no al ciudadano), como lo señalaba en su tiempo Osborne & Gaebler, en su Reinvención del Gobierno? ¿Será Dios quien los dirija?

Insisto, la administración de un Estado burocrático es compleja, requiere sofisticación y demanda ideas ya probadas (sandías caladas), y por supuesto, ideas frescas. Y no entiendo la frasecita “Gobierno de Emergencia” porque es una falta de respeto para los buenos y honestos funcionarios que le han dado su vida al servicio público, a la administración pública y todo lo que acarrea consigo (como lo fue mi padre, exmecánico del MOP, y mi madre, exprofesora de básica). La carrera funcionaria es una virtud en nuestro país, es parte de nuestra cultura, es parte de la noción del Estado chileno que tenemos.

Las tripas ya suenan y hay que preparar los tocomples, porque los plebeyos esperan.

Y llegó la hora de la segunda cocina, claro la del segundo piso, porque la otra cocina le pertenece a la primera dama y su esposo. Y así, la hora de la gran completada se nos viene (una cada 4 años).

En ella se decidirá cuánto dinero haremos o dejaremos de ganar con los completos. Pero en esta completada (en esta narrativa de emergencia) quizás el pan será más chico, las salchichas serán también chicas e insípidas. ¿Y los tomates? quizás serán cortados en forma de crucecitas. ¿Quizás nos harán creer que las paltas son un bien suntuario, prescindible (innecesario) para los ciudadanos de a pie? Y de la mayocracia ni hablar, con suerte nos darán un pichintún. Finalmente, me pregunto si habrá alguna promo…porque “si alguien se atreve a hablar de recortes, de esos $6.000 millones, los parásitos burócratas ya empezaran a temblar”. 

Marcelo Gallardo
Profesor de Ciencias
Milwaukee, USA

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