La semana pasada se anunció que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos ya no recomendarán la vacunación sistemática contra seis enfermedades —hepatitis A, hepatitis B, influenza, meningitis, virus respiratorio sincitial y rotavirus—. Todas son patologías potencialmente graves o mortales.
Ahora, la vacuna solo será recomendada para niños de alto riesgo. Para el resto, la decisión quedará a criterio de los padres y su médico. La medida correspondería a una intención de emular el programa de vacunación de Dinamarca; no obstante, expertos citados por The New York Times apuntaron a que no es un modelo apropiado para replicar en el país norteamericano.
De acuerdo con el citado medio, el calendario de vacunación anterior había sido desarrollado durante décadas por un panel de expertos y bajo administraciones presidenciales de ambos partidos, por lo que la decisión ha desatado preocupación entre la comunidad médica.
En este contexto, y para dimensionar los alcances de esta medida, BioBioChile conversó con la Dra. Lorena Ferreira, inmunóloga clínica egresada de la Universidad de Chile y directora del Centro de Alergias e Inmunología, y con la Dra. María Luz Endeiza, infectóloga y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes.
Cambios en el esquema de vacunación estadounidense
Al ser consultada sobre la decisión del Departamento de Salud de Estados Unidos, la Dra. Ferreira es clara en su postura: “Suspender o debilitar su recomendación equivale a renunciar deliberadamente a décadas de progreso en salud pública. No se trata de vacunas ‘opcionales’: son barreras epidemiológicas que mantienen a estos virus fuera de circulación masiva. Cuando esa barrera cae, los brotes regresan”.
“Lo que estamos viendo no es una corrección científica, sino una ruptura política con el consenso biomédico global”, aseveró la especialista.
Por su parte, la Dra. Endeiza se manifestó preocupada porque “la gran mayoría de los médicos y la población general, la primera lectura que van a hacer es que las otras enfermedades ya no son preocupantes, no son tan frecuentes, no son necesarias, y eso no es así”; lo ejemplificó con el caso del virus respiratorio sincicial que, aunque es evidente que perjudica más a niños prematuros o con cardiopatías congénitas, “también puede llevar a hospitalización —de hecho lo hace— y dejar secuelas en niños totalmente sanos, sobre todo menores de seis meses”, explicó.
Para la infectóloga, parte importante del problema de dejar de recomendar vacunas que ya estaban ofreciéndose universalmente para todos, considerando que son enfermedades que no están eliminadas, es la imagen que se le da a la población general y a aquellos médicos que no son tan expertos en vacunas. Al limitarlo a una decisión entre padres y pediatra “se pierde la oportunidad de ofrecer vacunas a niños que de verdad se beneficiarían con ellas”, se lamentó.
Otro caso igualmente preocupante puede pasar con la no vacunación de hepatitis B en recién nacidos. “En esos casos en que el niño se contagie a través del parto de una madre seropositiva, las chances de que se contagie hepatitis B y haga una hepatitis crónica son hasta del 90 %, y una hepatitis crónica desde la infancia lleva a cirrosis y daño hepático crónico y hasta cáncer de hígado en la vida adulta de ese niño, que se podría haber evitado con la vacunación al nacer”, sostuvo la académica de la Uandes.
Para la inmunóloga de la Universidad de Chile, los principales impactos que tiene este cambio en la recomendación son directos y predecibles:
• En niños: aumentarán las hospitalizaciones por rotavirus y VRS, con riesgo de deshidratación, insuficiencia respiratoria y muerte.
• En adultos mayores: influenza y VRS aumentan neumonía, infartos, descompensación de enfermedades crónicas y mortalidad.
• En inmunocomprometidos: hepatitis, influenza y meningitis pueden ser letales.
En el caso particular de la influenza, la Dra. Endeiza señaló que esta “se transmite más fácilmente en niños, chicos, lactantes y preescolares. Aumenta el riesgo de casos, que aumenta también el ausentismo escolar, el ausentismo laboral de los padres que no tienen dónde dejarlos. Y también va a contagiar más adultos mayores que a lo mejor, aunque se hayan vacunado, no hagan suficiente cantidad de anticuerpos”.
“Estos virus no desaparecieron; estaban controlados. Cuando se baja la cobertura, resurgen”, aseguró la Dra. Ferreira.
Más allá de Estados Unidos: un problema global
En un mundo globalizado como el de hoy, decisiones como esta van más allá de los límites geográficos del país donde se ejecutan, y surge la interrogante de si una disminución en las inoculaciones en Norteamérica podría acaso afectar la circulación internacional de los diferentes virus.
“Estados Unidos es uno de los mayores nodos de tráfico aéreo del planeta. Una baja en su inmunidad poblacional transforma al país en un reservorio epidemiológico global. Eso facilita la exportación de virus hacia países que sí mantienen buenas coberturas. Chile tiene un alto flujo de viajes con Estados Unidos. Basta una persona infectada en periodo de incubación para introducir un brote. Ningún país está aislado epidemiológicamente. La inmunidad colectiva es global”, advirtió la inmunóloga de la Universidad de Chile.
“Chile tiene uno de los mejores programas de vacunación de América Latina, con vigilancia epidemiológica activa, calendarios robustos y buena capacidad de respuesta. Pero incluso los mejores programas se ven tensionados cuando aumenta la importación de casos. Mantener coberturas altas es la única forma real de protección”, aseguró la Dra. Ferreira.
En esa misma línea, la Dra. Endeiza también destacó que el Programa Nacional de Inmunizaciones tiene “vacunas seguras, muy efectivas”, y que es “elaborado por expertos que asesoran al Ministerio de Salud, que tienen claro cuáles son las necesidades epidemiológicas de nuestro país. Independiente de los cambios que pueda hacer Estados Unidos, aquí las cosas funcionan bien”.
Eso sí, advirtió que “si no se le toma el peso a la importancia de vacunarse y de vacunarse a tiempo antes de que empiece el brote, ahí uno sí está más expuesto a que brotes de viajeros que vengan aquí e influyan en provocar un brote local”.
Recientemente, el Ministerio de Salud chileno publicó el calendario de inmunizaciones para este 2026, detallando los grupos a los que les corresponden las vacunas obligatorias y gratuitas, sin importar si su previsión es Fonsa o Isapre.
El impacto en la confianza pública
Para la Dra. María Luz Endeiza, teniendo en cuenta el contexto y los comentarios que han hecho autoridades de salud de Estados Unidos sobre las vacunas, “se asume como que todo es por sospecha de que las vacunas no son buenas, o no son necesarias, o tienen más efectos adversos. Entonces lo que entiende la población en general es como que no vale la pena, o hay dudas o no son necesarias para todos, y lamentablemente no es así”.
Para la Dra. Lorena Ferreira, la situación es muy preocupante, ya que “cuando un país líder en ciencia médica emite señales de retroceso, valida narrativas antivacunas en todo el mundo. No es solo una decisión local: es un mensaje global que puede erosionar décadas de confianza pública”.
“El mensaje debe ser claro, firme y basado en evidencia: Las vacunas funcionan. Las vacunas salvan vidas. Y abandonar la vacunación es retroceder en forma deliberada a una era de muertes evitables”, aseveró.