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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Estados Unidos y Dinamarca viven tensiones por la intención de Trump de comprar Groenlandia, rechazada por Dinamarca. En el pasado, Dinamarca vendió las Islas Vírgenes por 7.5 millones de oro a EEUU en 1867. La compra fue rechazada por el Congreso, pero se concretó en 1917 por 25 millones de dólares. Las islas vivieron del azúcar y la esclavitud, pero tras la emancipación en 1848, Dinamarca las consideró un problema.

Estados Unidos y Dinamarca han vivido un año lleno de tensiones, marcada por la intención de Donald Trump por quedarse con la isla de Groenlandia, actualmente parte del país europeo.

El gobierno danés ha sido claro en descartar una venta de aquel territorio del Ártico a Norteamérica, pese a los continuos comentarios de Trump aduciendo que la necesita por un tema de “seguridad nacional”.

Tal ha sido la presión que, en diciembre pasado, Dinamarca declaró a Estados Unidos como una amenaza para su seguridad, pese a que los dos países se consideran aliados y son parte de la OTAN.

No obstante, existe una historia que pocos conocen, la cual indica que, hace más de un siglo, los daneses sí aceptaron vender uno de sus territorios preciados al país americano: las Indias Occidentales Danesas, conocidas en la actualidad como Islas Vírgenes de EEUU.

Se trata de una zona del Caribe, muy cercana a Cuba, considerada como parte no autónoma de EEUU, cuyas principales industrias son la manufactura y el turismo, en base a sus playas paradisíacas.

¿Por qué Dinamarca sí vendió las islas a Estados Unidos?

De acuerdo a la BBC, luego de años de luchas entre españoles, ingleses y holandeses por el control del archipiélago, fue el reino de Dinamarca el que se quedó con este, hacia el año 1684.

Acto casi seguido, montaron un negocio de millones en torno a la producción de azúcar y otras materias. Las islas surtieron de este producto a gran parte de Europa y convirtieron a la familia danesa Schimmelmann (dueños del rubro) en una de las más ricas del mundo.

El modelo estaba basado también en el comercio de esclavos, que empresarios llevaban desde Europa, los cuales estaban directamente relacionados con la fabricación del elemento antes señalado.

No obstante, este sistema de ganancias fue muy frágil y todo comenzó a derrumbarse con las revueltas de esclavos que ocurrieron en los territorios de Santa Cruz, San Juan y Santo Tomás.

La situación se hizo insostenible hasta que, en 1848, el rey danés concedió la emancipación a los trabajadores forzados. Tras aquello, al no tener mano de obra gratuita, el negocio se volvió nada rentable, por lo que las islas comenzaron a ser un problema para Dinamarca.

Retrato del comercio de azúcar en el Caribe
Retrato del comercio de azúcar en el Caribe | Wikimedia Commons

Luego de varios años, Estados Unidos comenzó a mostrar interés por las islas, como parte de su estrategia para aumentar su predominio en América. Ambos países iniciaron negociaciones y llegaron a un acuerdo preliminar en 1867, por una compra avaluada en 7.5 millones en oro.

No obstante, este no fue aprobado por el Congreso en Wahington, al considerar que la zona no tenía valor económico. Todo quedó congelado hasta que estalló la Primera Guerra Mundial.

En ese periodo (1914 a 1919), EEUU creyó que Alemania podía invadir Dinamarca y quedarse con el control de las islas, amenazando su seguridad, por lo que apuró una serie de negociaciones con el reino danés, que se mostraba neutral en el conflicto.

“Hay reminiscencias de lo que estamos escuchando ahora por Groenlandia, porque lo que Estados Unidos vino a decir fue: ‘O nos la venden o lo vamos a invadir"”, indicó la historiadora danesa Astrid Andersen a BBC.

Lo cierto es que ambos países alcanzaron un acuerdo en 1916, por un total de 25 millones de dólares en oro. Sólo un año más tarde los norteamericanos tomaron control de esta colocando por primera vez su bandera.

En la actualidad, los habitantes de las islas poseen la nacionalidad estadounidense, aunque no pueden votar en las elecciones de ese país.