Internacional
Miércoles 24 octubre de 2018 | Publicado a las 00:01 · Actualizado a las 02:18
Se suicidó y su cuerpo estuvo 7 días en auto estacionado en la calle, sin que nadie se diera cuenta
Publicado por: Paola Alem√°n
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Nueva York es una de las ciudades m√°s cosmopolitas del mundo. El ir y venir de la gente, las patrullas, las c√°maras de seguridad en sus enormes edificios, en fin, la vida misma la convierten en una de las m√°s fascinantes a nivel mundial.

En East Village, sin embargo, la historia de Geoffrey F. Weglarz, de 61 a√Īos, ha puesto en entredicho la seguridad y la reciprocidad de un vecindario que simplemente se ocupaba de lo suyo, sin imaginar lo que pasaba.

El especialista informático y en tecnología, quien hizo trabajos conjuntos para Harvard y otras universidades de prestigio, estacionó su auto la tarde del 24 de agosto, con un plan drástico para su vida. Había buscado en internet las formas menos dolorosas para quitarse la vida. No pudo más con su carga emocional, producto de su descenso profesional.

En 2007, su compa√Ī√≠a inform√°tica Hyperion Solutions, lo intent√≥ reubicar en otra unidad, tras ser adquirida por otro consorcio, apart√°ndolo de lo que m√°s amaba hacer profesionalmente. Renunci√≥ de inmediato y se enrol√≥ en la gigante DELL donde fue nombrado con un cargo ejecutivo de renombre, que lo hac√≠a pasar la mayor parte del tiempo en Texas, pero el cambio comenz√≥ a disgustarle, al punto en que renunci√≥.

Las cosas no vinieron para mejor. Weglarz, nacido en Florida, comenz√≥ a tener menos ingresos, as√≠ como limitadas oportunidades de trabajo. Luego de ser un hombre que viaj√≥ por todo el mundo, entregando sus mejores a√Īos a una empresa, de pronto se encontraba atrapado financieramente y con un hijo que mantener. Para ese entonces ya estaba divorciado.

Youtube
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En 2013, su vida se complicar√≠a mucho m√°s de lo que no pod√≠a imaginarse. Compr√≥ un sandwich en McDonald’s, tom√≥ su pedido en el autoservicio y poco despu√©s regres√≥, furioso, porque no era lo que hab√≠a solicitado. Lanz√≥ la comida en el rostro de una empleada, embarazada y eso fue tomado por los principales peri√≥dicos estadounidenses.

Weglarz, tuvo que cambiarse el apellido, pues no conseguía salir de la mala fama, tras el ataque protagonizado. De hecho, antes ya había aplicado a por lo menos 481 empleos y no quedó en uno solo. Con su identidad en los medios de comunicación, su apellido fue sustituído por Corbis.

The New York Times
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La llamada para anunciar un suicidio

Cansado de una vida de deudas, descenso profesional, con una cuenta bancaria a punto de desaparecer y una depresión enorme, decidió enviarle mensajes a su hermana para anunciarle lo que haría. Ya tenía en sus manos el veneno que iba a ingerir para no sufrir al momento de suicidarse.

Hab√≠a conducido desde Connecticut, sitio de su residencia y se comunic√≥ con Pamela, para comentarle que hab√≠a consumido el veneno, as√≠ como lo mal que este sab√≠a. ‚ÄúEsta cosa tiene un gusto tan feo como pens√© que ser√≠a“. El primer anuncio o mensaje hab√≠a ocurrido minutos antes y era para confirmar el metodo de suicidio que no resultar√≠a doloroso. “De esta forma, cuando est√© preparado, podr√© irme sin dolor y r√°pido”, le escribi√≥.

Para ese entonces, dos de sus 7 hermanos, entre estos Pamela, ya lo buscaban desesperados y ten√≠an una idea de su viaje a Nueva York. Tres d√≠as despu√©s del √ļltimo mensaje, este no aparec√≠a. Fueron a la ciudad marcada en su ubicaci√≥n, pero no dieron con su auto. La polic√≠a neoyorquina se negaba a buscarlo por mera burocracia. Le dijeron a su hermana que no era residente en ese estado y que por eso, no pod√≠an emprender el rastreo.

“Le rogu√© y le expliqu√© que, dado que probablemente estaba muerto en este momento, nos sentir√≠amos aliviados si lo encontraran antes de que empezara a descomponerse”, dijo su hermano Larry Weglarz la semana pasada. “Le expliqu√© que probablemente estaba en su auto, muerto”.

A√ļn as√≠, no obtuvieron la ayuda esperada, seg√ļn lo consigna el peri√≥dico The New York Times, en una historia que ha generado cientos de comentarios por el nivel de apat√≠a que envolvi√≥ el caso, a la hora de encontrar el cuerpo de una persona que ya hab√≠a tomado una decisi√≥n, pero tard√≥ en ser ubicada.

The New York Times | Hmnos Weglarz
The New York Times | Hmnos Weglarz

El transe√ļnte que encontr√≥ a Weglarz

5 días habían pasado tras el suicidio de Weglarz. Anthony Greenheck, un chofer de la zona, dijo que lo vio, supuestamente dormir en su auto y ante la percepción, siguió de largo en sus actividades. La demás gente también lo hizo. Una vecina de la zona llena de locales comerciales, comentó al periódico The New York Times, que vio el auto, pero nunca en su interior a una persona sin vida.

Sin embargo, coment√≥ que su peque√Īo hijo, se quej√≥ de un f√©tido olor en la zona, algo que ella dice no percibi√≥ como el olfato del ni√Īo. Fallaron entonces dos sentidos y el hombre permanec√≠a sin vida en el lugar.

Justo al s√©ptimo d√≠a de su suicidio, el chofer Greenheck, volvi√≥ a transitar por el lugar y vio a Weglarz, recostado en la misma posici√≥n, pero esta vez, su sentido com√ļn lo hizo llamar al 911 para reportar que algo andaba mal.

Ya hab√≠a intentado despertar al hombre, tocando la ventana del auto con la esperanza que estuviera dormido, pero en cuestion de minutos, la polic√≠a neoyorquina, que seg√ļn los hermanos Weglarz se hab√≠a negado a colaborar en un inicio, hac√≠a su labor de reconocer con todo y peritos al hombre que muri√≥ olvidado por una sociedad, demasiado ocupada como para echar un vistazo a su alrededor.

The New York Times
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