Internacional
Domingo 01 septiembre de 2019 | Publicado a las 09:32
Elefantes en peligro: √Āfrica austral decidida a darle la espalda al mundo para vender su marfil
Por Nicol√°s Parra
La información es de Agence France-Presse
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√Āfrica austral parece dispuesta a darle la espalda al regulador del comercio mundial de vida salvaje para vender sus reservas de marfil, en contra de la opini√≥n del resto del mundo y de los defensores de la fauna.

La batalla entre ambos bandos se desencadenó durante la reunión de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés) que culminó esta semana en Ginebra.

En varias ocasiones, los pa√≠ses de la Comunidad de Desarrollo de √Āfrica Austral (SADC), que albergan la mayor parte de los paquidermos del planeta, presentaron mociones para levantar el embargo sobre el comercio de marfil para, aseguran, financiar la protecci√≥n de sus elefantes.

Pero se enfrentaron siempre al rechazo categórico de los otros delegados de los 180 países presentes.

El ministro tanzano de Medioambiente, George Simbachawene, lament√≥ en nombre de los diez pa√≠ses de la SADC la victoria de “la ideolog√≠a de la protecci√≥n” en detrimento de una “estrategia de conservaci√≥n progresista, sostenible, inclusiva y cient√≠fica”.

“Es hora de que nos preguntemos qu√© beneficios nos aporta pertenecer a la CITES”, amenaz√≥.

“La CITES ya pas√≥ su fecha de caducidad”, declar√≥ por su parte su par de Botsuana, Onkokame Kitso Mokaila, “hay que pensar en otra cosa”.

“Estamos reconsiderando nuestra adhesi√≥n”, dijo tambi√©n su hom√≥logo namibio Pohamba Shifeta, que sugiri√≥ que la SADC podr√≠a reunirse antes de finales de a√Īo para decidirlo.

En el centro de la disputa se encuentra la prohibición total del comercio internacional de marfil decretada por la CITES en 1989, para proteger a los elefantes de la caza furtiva.

Pagar la protección

El tr√°fico de marfil, muy codiciado por la medicina asi√°tica por sus supuestas virtudes curativas, provoca cada a√Īo la muerte de 40.000 paquidermos, en su mayor parte africanos.

Estos √ļltimos a√Īos, su poblaci√≥n mundial merm√≥ en 110.000 ejemplares situ√°ndose en 415.000, seg√ļn la Uni√≥n Internacional para la Conservaci√≥n de la Naturaleza (UICN).

La casi totalidad de los países del globo, occidentales a la cabeza, y las oenegés de defensa de la fauna no aceptarán por tanto la más mínima violación al embargo.

No solo los elefantes, los rinocerontes también son blanco de la caza furtiva por sus cuernos.

√Āfrica austral, presa de la crisis econ√≥mica, quiere vender la reserva de marfil de sus animales muertos para financiar una pol√≠tica de conservaci√≥n que ya no puede permitirse.

El presidente de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, evaluó esta semana en 600 millones de dólares el valor de las reservas de su país, de Namibia y de Botsuana.

Su propuesta presentada en Ginebra recibió un no casi unánime, países africanos incluidos.

“Los europeos dejaron desaparecer todos sus animales pero quieren imponer reglas a los que han logrado proteger a los suyos”, reaccion√≥ Mnangagwa.

Los defensores de la fauna salvaje aplaudieron por su parte la decisión adoptada en Ginebra.

“No necesitamos su ayuda”

Un levantamiento de la prohibici√≥n “habr√≠a aumentado el riesgo que presentan los cazadores furtivos y los traficantes para las poblaciones de elefantes”, se√Īal√≥ a la AFP Mark Jones, de la oeneg√© Born Free.

El ministro tanzano Simbachawene reuni√≥ esta semana “las denuncias emitidas por oeneg√©s que dicen a algunos pa√≠ses africanos c√≥mo actuar a cambio de su ayuda”. “¬°Pero no necesitamos su ayuda!”, zanj√≥.

La disputa no se limita solo al comercio de marfil.

La CITES, contra la opinión de los propios países africanos, igualmente limitó drásticamente en Ginebra las posibilidad de vender elefantes a zoos o parques recreativos

Otro punto de discordia es la caza de las especies amenazadas.

Las oeneg√©s y los pa√≠ses europeos se oponen, mientras que las naciones de √Āfrica austral la consideran necesaria para controlar las poblaciones de animales salvajes y limitar las amenazas que representan para los habitantes y sus cosechas.

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