Sociedad
8 hábitos que una estadounidense decidió dejar tras visitar Chile y otros países
Publicado por: Christian Leal
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Cristina Luisa (sí, ese es su nombre) podría ser una estadounidense corriente, nacida en California, con la fotografía como hobbie y un gran amor por los animales.

Sin embargo también es una confesa adicta a los viajes.

Ya sea por sus estudios de posgrado en cultura latinoamericana, la necesidad de Luisa por viajar la ha llevado a 26 pa√≠ses en Am√©rica Latina, Europa, Asia y √Āfrica. Y tal como ella describe, no necesariamente para darse las vacaciones lujosas a las que muchos de sus compatriotas est√°n acostumbrados.

“Nunca he estado en uno de esos resorts con ‘todo inclu√≠do’. Soy el tipo de viajero que mochilea, toma buses, duerme en hostales, come en la calle y hace todo lo posible para ahorrar cada centavo. Me encanta aprender sobre otras culturas, probar nuevas comidas, explorar ciudades ca√≥ticas y meditar en medio de paisajes abrumadores”, cuenta en su blog personal.

Aquella filosofía fue la que hizo a Luisa darse cuenta de que -por pertenecer a uno de los países más poderosos e influyentes- los estadounidenses dan por hecho muchas cosas respecto del mundo, que acaban por hacerlos reflexionar sobre su propio estilo de vida.

En un art√≠culo para la red de viajes Matador Network, esta ciudadana del mundo desmenuza 8 h√°bitos que, como ‘gringa’, decidi√≥ abandonar tras recorrer Chile y otros destinos alrededor del globo, los cuales traducimos para ti en BioBioChile.

Y a√ļn si no eres estadounidense pon atenci√≥n. Puede que te salven de m√°s de alg√ļn aprieto… o humillaci√≥n.

www.chroniclesofatraveladdict.com

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1. Llamarme a mí misma americana

Desde Canad√° hasta los extremos australes de Argentina y Chile, los residentes de Norteam√©rica, Centroam√©rica y Sudam√©rica somos todos americanos. Si quieres empezar una discusi√≥n y hacer un enemigo en menos de un minuto, dile a cualquier latinoamericano que t√ļ eres m√°s americano que ellos. Acabar√°s metido en un debate pol√≠tico sobre la influencia del dinero y el poder que terminar√° haci√©ndote desear pedir disculpas por tu existencia.

En la actualidad, prefiero decir que soy estadounidense.

2. Dar por sentado que en todas partes hay ba√Īos

Antes de salir de los Estados Unidos, el t√©rmino “hacer ah√≠ mismo” ni siquiera estaba en mi vocabulario. No pod√≠a imaginar el no contar con una taza de porcelana elevada apropiadamente sobre el piso para aliviarme… y por cierto, con privacidad.

Pero cuando est√°s en medio de una explanada del desierto andino, con nada m√°s que un arbusto de 30 cent√≠metros y tus compa√Īeros de excursi√≥n esper√°ndote en el bus, no te queda otra que usar aquellos d√©biles m√ļsculos de las piernas para dejarlo ir.

Cuando viajas por el mundo, te acostumbras a los bidets, las mangueras, letrinas, ba√Īos comunitarios sin divisiones, y a despejar tus desechos con el agua sucia de un balde. Y lo m√°s divertido: ir al ba√Īo de un tren oriental, plantar tus pies con firmeza a cada lado de la taza (que es un agujero de cer√°mica) y sujetarte con firmeza para no orinarte encima.

Valle de la Luna | Dieter Titz | Flickr (CC)

Valle de la Luna | Dieter Titz | Flickr (CC)

3. Hacer gestos con las manos despreocupadamente

Cuando no hablas el idioma de un pa√≠s, puede que tu instinto natural sea tratar de hacerte entender con las manos. Pues bien, preoc√ļpate de hacer algo de investigaci√≥n antes.

Mientras que en Estados Unidos todos van a entender qu√© quieres decir si les muestras el dedo del medio, en otros no significa nada. El signo de Todo-OK que hacemos dibujando un c√≠rculo con el pulgar levantado, significa “imb√©cil” en Brasil. En tanto, si apuntas con el dedo un cuadro del rey de Tailandia, incluso puedes terminar en la c√°rcel.

Algunas veces, es mejor que dejes tus manos tranquilitas.

4. Apegarse a los tenedores y cucharas

Con el paso de los a√Īos he observado y aprendido c√≥mo otras personas comen: usando palillos, tortillas, pan o simplemente las manos. No existe una sola forma correcta de hacer las cosas y no hay mejor lugar para sumergirte en otra cultura que en la mesa durante la cena.

Orin Zebest | Flickr (CC)

Orin Zebest | Flickr (CC)

5. Vivir en una burbuja personal

Cuando se trata del espacio personal, los estadounidenses crecemos sintiendo que tenemos un área alrededor del cuerpo que es de nuestra propiedad. Depende de cada cual, pero creo que necesitamos entre 12 a 25 centímetros libres de otras personas u objetos para sentirnos cómodos.

Sin embargo tras viajar un poco, te das cuenta de que la burbuja personal no es un concepto planetario. Ya sea que debas saludar de beso en Europa, hacer una fila en Asia con gente que te empuja por todas partes, o dormir en el mismo cuarto con otras 11 personas, la ilusi√≥n de que eres due√Īo del aire a tu alrededor se esfuma igual que el humo de cigarrillo que alguien te acaba de lanzar en la cara.

6. Planificarlo todo

Si creciste en los Estados Unidos, la mayor√≠a de tus amigos ya tendr√°n sus vidas completamente planificadas para cuando lleguen a la escuela secundaria. Se graduar√°n de estudios superiores a los 22, obtendr√°n su trabajo so√Īado dentro de un a√Īo, se casar√°n a los 25, tendr√°n hijos a los 26, y as√≠.

Pero si hay algo que me hace estremecer, es pensar que puedes planear estratégicamente toda tu vida.

Cuando viajas, debes abrazar la incertidumbre. Cuando est√°s en el camino, comprendes que lo impensable puede ocurrir en cualquier momento, sea bueno o malo. Gracias a esto aprendes a dejar ir, a disfrutar los momentos y a dejar que sea tu propia vida la que te indique hacia donde debes ir.

7. Pensar que los lujos son necesidades

Cuando est√°s inmerso en tu propio mundo, es f√°cil pensar que “necesitas” un auto mejor, un nuevo guardarropas, o un trago al final de cada duro d√≠a de trabajo.

Pero cuando empiezas a viajar, sobre todo en los pa√≠ses en v√≠as de desarrollo, comienzas a ver c√≥mo viven otras personas y oblig√°ndote a reevaluar instant√°neamente qu√© es una “necesidad”.

Cuando ves a un ni√Īo hurgar en la basura para encontrar algo de comer, familias donde 10 personas comparten una choza de un solo cuarto, personas sin acceso a agua potable, electricidad o educaci√≥n, te sentir√°s avergonzada de pensar que alguna vez “necesitabas” aquel fino corte de cabello con reflejos de 200 mil pesos.

Thomas Quine | Flickr (CC)

Thomas Quine | Flickr (CC)

8. Pensar que el dinero hace la felicidad

La cultura en Estados Unidos es, sin lugar a dudas, capitalista. Nos ense√Īan que si trabajamos lo suficientemente duro, llegaremos a tener el dinero para comprar la casa, los autos y la vida de nuestros sue√Īos. Podremos vestirnos como las celebridades y tomar vacaciones en yates donde tienen fuentes de champa√Īa. Y en ese punto, cuando somos millonarios, podremos sonre√≠r con nuestros dientes blanqueados y saber que hemos alcanzado el √©xito.

Pero tras m√°s de una d√©cada de viajes, me he convencido de que la felicidad no tiene nada que ver con el dinero. Puedes vivir en una mansi√≥n y limpiar el piso con billetes, pero a√ļn as√≠ despertar triste y desolado.

O… puedes bailar con tu familia vistiendo harapos, sabiendo que no tendr√°s nada para comer durante la pr√≥xima semana m√°s que arroz y habas, pero a√ļn as√≠ sentirte bendecido por tener el amor de quienes te rodean.

S√≠. Viajar me ha ense√Īado que hay miles de formas de vivir. Y a√ļn m√°s para encontrar la felicidad.

¬ŅProblemas del primer mundo?

¬ŅSe ray√≥ la carcasa de tu Mac? ¬ŅSe acab√≥ tu cerveza importada justo antes de recibir a tus amigos? ¬ŅYa no producen m√°s aquel aromatizante de bizcocho-canela que tanto te gusta? Pobre… tu vida debe ser miserable.

Usualmente, solemos referirnos a “problemas del primer mundo” como una forma de burlarnos de las cosas que preocupan a las personas de m√°s recursos, e incluso de las naciones con m√°s recursos, tach√°ndolos como fr√≠volos e innecesarios.

La frase fue ideada en 1979 por el brit√°nico G.K. Payne en su libro sobre desarrollo urbano “Construyendo Ambientes”, pero se hizo de fama mundial a partir de 2005 cuando cobr√≥ su tono ir√≥nico en forma de memes o etiquetas (hashtags) de redes sociales, al punto de que el diccionario ingl√©s de Oxford la acept√≥ entre sus acepciones en 2012.

El mismo a√Īo, Unicef us√≥ el concepto para educar sobre las verdaderas necesidades de los pa√≠ses en desarrollo, realizando un curioso estudio sobre los principales “problemas” de los neozelandeses, quedando en el primer lugar de la lista la lentitud de su acceso a internet (80%), no encontrar un producto en el supermercado (65%), que la fruta importada generalmente sabe mal (65%), no tener un buen peluquero (42%), que el control remoto de la TV no funcione (34%), que el barista no haga el caf√© como te gusta (31%) o no ser capaz de ganar en un juego de tu tel√©fono m√≥vil (21%), detalla NZ Herald.

Posteriormente, la organización dependiente de la ONU difundió un comercial protagonizado por el actor local Grant Roa, quien se mofaba por lo trivial de las quejas de los neozelandeses.

El jefe de marketing de Unicef Nueva Zelanda, Richard Boyd, afirm√≥ por entonces que la idea era concientizar a sus connacionales para que tomaran conciencia de lo que eran las verdaderas necesidades de los ni√Īos en los pa√≠ses en v√≠as de desarrollo.

“Cada d√≠a Unicef trabaja en terreno en 190 pa√≠ses, desde Siria hasta las Islas Salom√≥n, en busca de una mejor vida para los ni√Īos. Nuestro trabajo incluye ayudar a ni√Īos que han sido soldados, darle agua potable a las familias y asegurarnos de que los ni√Īos puedan tener educaci√≥n, entre otras cosas. Como un organismo que depende de la caridad, podr√≠amos hacer mucho m√°s con las donaciones de los neozelandeses”, sentenci√≥ Boyd.

Pese a lo obvio que pueda parecer, el fil√≥sofo esloveno Slavoj ŇĹiŇĺek critic√≥ en 2010 el uso de esta frase, debido a que la considera una forma de evadir los problemas m√°s profundos que entra√Īan las sociedades de los pa√≠ses desarrollados.

“De la crisis ecol√≥gica, de los nuevos racismos e intolerancias, etc√©tera, no puede parecer sino c√≠nico a la vista de las crudas pobreza, hambre y violencia del Tercer Mundo; por otro lado, los intentos de desechar los problemas del Primer Mundo como triviales en comparaci√≥n con las ¬ęreales¬Ľ cat√°strofes permanentes del Tercer Mundo son imposturas no menores: centrarse en los ¬ęproblemas reales¬Ľ del Tercer Mundo es la forma √ļltima de escapismo, de evitaci√≥n de la confrontaci√≥n con los antagonismos en el seno de la propia sociedad”, afirm√≥ el fil√≥sofo.

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