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Jorge Videla, el ex dictador que murió sin arrepentirse
Publicado por: Agencia AFP
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El ex dictador argentino Jorge Videla, detenido en un penal, muri√≥ este viernes, a los 87 a√Īos, sin haber mostrado el menor arrepentimiento por los cr√≠menes de lesa humanidad en el r√©gimen militar (1976-83) por los que fue condenado dos veces a prisi√≥n perpetua y otra vez a 50 a√Īos.

“Asumo en plenitud mi responsabilidad castrense por lo actuado por el ej√©rcito en el marco de la guerra contra el terrorismo con total prescindencia de mis subordinados que se limitaron a cumplir mis √≥rdenes y a quienes voy a acompa√Īar en prisi√≥n como presos pol√≠ticos hasta tanto el √ļltimo de ellos recobre su ansiada libertad”, dijo con gesto adusto ante un tribunal el martes pasado, en su √ļltima aparici√≥n p√ļblica.

El fallecido militar vivía en el ostracismo en un calabozo de la cárcel de Marcos Paz (periferia sudoeste) donde escribía memorias y rezaba junto a una modesta cama debajo de un crucifijo, con casi nula escasa conexión con el mundo exterior.

En esa misma comparecencia volvi√≥ a desconocer a la justicia civil como lo hizo en cuanto ocasi√≥n le toc√≥ enfrentar a los jueces desde que en 1985, dos a√Īos despu√©s de la salida de la dictadura, fue condenado a la pena m√°xima en el hist√≥rico juicio a las Juntas Militares.

El ex comandante en jefe de las Fuerzas Armadas volvi√≥ al banquillo acusado por el Plan C√≥ndor de represi√≥n en Sudam√©rica en los a√Īos 70, delante de jueces civiles ante los cuales suele plantarse erguido con la pose marcial t√≠pica de un general de la antigua educaci√≥n prusiana del ej√©rcito argentino.

“Pongamos que eran 7 mil u 8 mil las personas que deb√≠an morir para ganar la guerra contra la subversi√≥n; no pod√≠amos fusilarlas. Tampoco pod√≠amos llevarlas ante la Justicia”, dijo Videla en una entrevista en su celda al periodista Ceferino Reato, seg√ļn el revelador libro “Disposici√≥n Final”.

Videla carga sobre su espalda dos condenas a c√°rcel de por vida y otra a 50 a√Īos por cr√≠menes de lesa humanidad y robo de beb√©s entre 1976 y 1981, los peores a√Īos de la dictadura, que dej√≥ 30.000 desaparecidos, seg√ļn entidades humanitarias.

El ex general, que gobern√≥ con la cruz y la espada como un moderno cruzado, dijo sobre esos cr√≠menes que “est√°bamos de acuerdo (los militares) en que era el precio a pagar para ganar la guerra y necesit√°bamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta”.

“Por eso, para no provocar protestas dentro y fuera del pa√≠s, sobre la marcha se lleg√≥ a la decisi√≥n de que esa gente desapareciera”, argument√≥ el ex dictador.

Publicado el libro, Videla dijo que su confesión fue malinterpretada, pero Reato, quien no pudo ingresar a la celda con grabadora, dijo que los apuntes fueron leídos y avalados por el entrevistado antes de su publicación.

“Combatimos la subversi√≥n marxista”, hab√≠a dicho ante la Justicia al se√Īalar que su enemigo eran las guerrillas de Montoneros (peronista) y ERP (guevarista), en momentos en que se libraba la Guerra Fr√≠a entre Estados Unidos y la Uni√≥n Sovi√©tica.

Las sentencias en su contra revelaron la existencia de un “plan sistem√°tico de eliminaci√≥n de opositores”, seg√ļn la justicia argentina, como activistas pol√≠ticos, sindicales, estudiantiles, sociales, religiosos de la Teolog√≠a de la Liberaci√≥n, artistas e intelectuales, miles de ellos desaparecidos.

Desmantelados los grupos armados, aislados y sin apoyo popular, la represión continuó con militantes, amigos y sospechosos, allegados y familiares.

Fueron así víctimas las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, el obispo católico tercermundista Enrique Angelelli, la estudiante sueca Dagmar Hagelín, las comisiones sindicales enteras de las automotrices Ford y Mercedes Benz y hasta diplomáticos del propio régimen, como Elena Holmberg y Héctor Hidalgo Solá.

La diferencia con otros dictadores como el paraguayo Alfredo Stroessner y el chileno Augusto Pinochet, es que Videla careci√≥ de partidarios y ning√ļn partido pol√≠tico lo reivindica en Argentina, salvo min√ļsculos grupos de exmilitares o sus familiares.

En su apogeo, Videla medía un metro 80, siempre muy delgado, de rostro huesudo, grandes ojos oscuros, bigote tupido y cabello engominado a la vieja usanza.

Le√≠a los discursos con voz grave y estridente, pero un rictus nervioso le hac√≠a latir los p√≥mulos en p√ļblico, mientras sol√≠a restregarse las manos en gesto de incomodidad al enfrentar una vida pol√≠tica de relaciones, fuera de la severa rutina de un cuartel.

Fue el comandante del asalto al poder que derrocó a la expresidente Isabel Perón en 1976, suspendió la Constitución, prohibió los partidos políticos y dispuso la censura en radio y TV.

Videla gobern√≥ aliado al grupo civil llamado ‘Los Chicago Boys’ y le dio todo el poder administrativo a un economista de una familia de la aristocracia criolla, Jos√© Mart√≠nez de Hoz, admirador del Premio Nobel Milton Friedman.

Por orden suya y de los generales, autómoviles sin patente y con comandos encapuchados secuestraban a militantes y los trasladaban para torturarlos en unos 500 centros clandestinos de detención distribuidos en todo el país.

Fotograf√≠as y videos en YouTube lo recuerdan en dos momentos claves: al entregar en 1978 la Copa Mundial de f√ļtbol a la selecci√≥n argentina y cuando le dio un forzado abrazo al dictador chileno Augusto Pinochet tras la mediaci√≥n del Vaticano que impidi√≥ una guerra fronteriza ese mismo a√Īo entre ambos pa√≠ses.

Videla ordenó quemas de libros y ardieron en un baldío de la localidad de Sarandí (periferia sur) más de un millón y medio de obras que atesoraba el privado Centro Editor de América latina.

Alineó al país con Estados Unidos, pero tuvo roces con el entonces presidente James Carter, cuyo gobierno le reprochó las violaciones a los derechos humanos y también haber ignorado el embargo de cereales contra la Unión Soviética debido a la presión de los influyentes exportadores agrícolas argentinos.

Sin carisma ni aspiraciones pol√≠ticas, el exgeneral intervino la Corte Suprema para nombrar jueces sometidos a su antojo e instal√≥ un plan econ√≥mico de tipo de cambio alt√≠simo que pas√≥ a la historia como “la plata dulce”, que permit√≠a a los argentinos viajar forrados de d√≥lares a Miami y comprarse cuanto electrodom√©stico encontraran.

En 1981 cedi√≥ el poder a su delf√≠n Roberto Viola para empezar una lenta transici√≥n a la democracia, pero el general Leopoldo Galtieri le dio un golpe palaciego y desat√≥ la triste historia de la guerra de las Islas Malvinas contra Gran Breta√Īa, en 1982.

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