Notas
Crónica penquista del 27/F: Solidaridad en medio del horror
Publicado por: Alberto Gonzalez
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Esa madrugada Consuelo se despert√≥ de improviso con el movimiento de tierra que sacudi√≥ a los penquistas, los que salieron de sus casas a medio vestir algunos con linternas y otros en pantuflas mientras intentaban sintonizar Radio B√≠o-B√≠o, pero s√≥lo captaron una radio trasandina que hablaba de un terremoto en Chile. Desde un primer momento Consuelo supo que hab√≠a pasado algo grave…o que a√ļn estaba por venir. En el a√Īo 60′ le hab√≠a tocado ser testigo del terremoto en Valdivia y sab√≠a que por las caracter√≠sticas del sismo, no pasar√≠a mucho sin que el mar se saliera. Aunque su preocupaci√≥n era otra. Debido a una afecci√≥n card√≠aca, los m√©dicos le recetaron Betalock Zok, medicamento que deb√≠a ingerir a riesgo de descompensarse seriamente y s√≥lo ten√≠a dosis suficiente para un d√≠a y medio.

Por eso apenas despunt√≥ el d√≠a, su primera prioridad fue encontrar alguna farmacia abierta para comprar el medicamento. Pero no tuvo √©xito, por lo que decidi√≥ ir a la B√≠o-B√≠o para pedir ayuda. Al llegar al edificio ubicado en pleno centro de Concepci√≥n y tras una larga caminata, se encontr√≥ con decenas de personas que entraban y sal√≠an, angustiados vecinos que entregaban nombres de familiares en r√ļsticos papeles, algunos escritos incluso con l√°piz labial, que quer√≠an saber de aquellos que estaban lejos, mientras otros s√≥lo quer√≠an informar que estaban bien.

Su petici√≥n fue le√≠da al aire entre el di√°logo con distintas autoridades que llegaban para llamar a la calma en medio del desastre, en medio de rumores acerca de desconocidos que hab√≠an empezado a saquear en tiendas derruidas, como preludio de lo que acontecer√≠a poco despu√©s en centros comerciales. Pese al aviso, el preciado medicamento no lleg√≥ aunque gracias al llamado muchas personas comenzaron a llegar con f√°rmacos, mientras otros segu√≠an su ejemplo y acud√≠an a pedirlos, especialmente aquellos con enfermedades cr√≥nicas. Poco a poco el escritorio destinado a los medicamentos no dio a basto y se debi√≥ hacer uso de la galer√≠a de los Gioco como improvisada farmacia, de la que tom√≥ control un m√©dico que lleg√≥ junto a su peque√Īa hija para ofrecer ayuda, al igual que un par de enfermeras, una psic√≥loga, y estudiantes de carreras relacionadas con el √°rea de la salud.

Al d√≠a siguiente en la ma√Īana, Consuelo parti√≥ rumbo a la radio para saber si hab√≠a llegado el Betalock Zok, pero nuevamente obtuvo resultados negativos. Con una angustia evidente, solicit√≥ encarecidamente si se pod√≠a pasar el aviso nuevamente. Como √ļltimo recurso y ante la dificultad que le representaba ir nuevamente a pie hasta el centro de la ciudad, dej√≥ las se√Īas de su casa “la √ļnica con techo verde” por si alguien se compadec√≠a en ir a dejar el encargo.

Hab√≠a pasado por muchas farmacias para ver a gente saliendo de entre los escombros con pa√Īales, leche y medicamentos, saqueando sin atisbo de verg√ľenza. En el hospital tampoco hab√≠a stock del f√°rmaco y su √ļltima esperanza estaba en que el m√©dico a√ļn tuviera muestras m√©dicas en su consulta, si es que √©sta a√ļn estaba operativa. Desanimada, se volvi√≥ a su casa caminando, entre los escombros y las calles semivac√≠as en las que de tanto en tanto circulaban veh√≠culos cargados con distintas especies producto del saqueo, adem√°s de una persona en bicicleta y otros que simplemente caminaban, sin asimilar la tragedia que viv√≠an.

Mientras, en otro extremo de la ciudad, una due√Īa de casa escuch√≥ el llamado por la radio que reiteraba la urgencia de contar con el medicamento. Se acerc√≥ a la pieza que su fallecido padre ocupaba y tras hurgar entre los medicamentos que manten√≠a el anciano, encontr√≥ una caja de comprimidos a√ļn sin vencer, por lo que decidi√≥ ir a la emisora junto a su hija de unos 8 a√Īos a entregarla. No sin ciertas dificultades por la gran cantidad de personas que acud√≠an pidiendo informaci√≥n y ayuda, incluidas las autoridades de la zona que ve√≠an con espanto todo lo que pasaba sin que desde el Gobierno central se decidiera por sacar a los militares a la calle, la solidaria se√Īora se acerc√≥ t√≠midamente hasta donde se recepcionaban los medicamentos, para hacer su donaci√≥n que bien val√≠a la vida de una persona…

El esposo se Consuelo estaba en el antejard√≠n cuando vio a un joven acercarse por el pasaje del condominio. Le recibi√≥ con recelo, lo que no era para menos con lo que estaba ocurriendo y cuando el supermercado cercano a su casa no ten√≠a ni siquiera las rejas perimetrales, pues las hab√≠an robado. “Hola, disculpe…vengo a dejar un medicamento para su se√Īora”, dijo el joven. “Esp√©reme un momento” musit√≥, para luego gritar hacia el interior de la casa con emoci√≥n: “¬°Consuelo! ¬°Te vienen a dejar el medicamento!”. La mujer sali√≥ de la casa y s√≥lo atin√≥ a abrazar al improvisado mensajero…”Me has salvado la vida”, le dijo entre l√°grimas mientras su esposo le estrechaba una y otra vez la mano, en un apret√≥n que en palabras era un agradecimiento por aquellos que no olvidaron que segu√≠amos siendo penquistas y compatriotas en medio de una desgracia que sac√≥ lo peor y lo mejor de cada uno de nosotros.

*En memoria de las víctimas mortales del 27/F y de los damnificados que viven en precarias casas de emergencia; de aquellos que pasamos sustos y penas esa fatídica madrugada, y de aquellos que, pese a todo, se dieron tiempo de ayudar al prójimo.

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