Notas
Fuerzas Armadas de EEUU tras el 11 de Setiembre experimentan metamorfosis y agotamiento
Publicado por: Agencia AFP
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

Involucradas en dos conflictos tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, las Fuerzas Armadas estadounidenses experimentaron una mutaci√≥n radical bajo la presi√≥n de guerrillas para la cual no estaban preparadas y, a pesar del enorme aumento del presupuesto, se ven agotadas tras diez a√Īos de guerra.

Persecución de combatientes enemigos, invasión de Irak, lucha contra las insurrecciones iraquíes y de los talibanes: Estados Unidos ingresó en una nueva era tras los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York.

La potencia militar estadounidense act√ļa primero como una aplanadora: el r√©gimen talib√°n fue derrocado en un mes, el de Saddam Hussein en tres semanas. Pero r√°pidamente los militares norteamericanos se vieron enfrentados a un combate m√°s letal: una insurrecci√≥n.

Las Fuerzas Armadas estadounidenses de principios del siglo XXI olvidaron las lecciones de Vietnam y constituyen una fuerza esencialmente concebidas para enfrentar un conflicto convencional.

Estados Unidos cometi√≥ el error de otorgar “una confianza exagerada a la eficacia de la alta tecnolog√≠a frente a la rusticidad del enemigo”, indica el ex embajador James Dobbins.

“En 2002, los efectivos estadounidenses en Afganist√°n ascend√≠an a cerca de 10.000 y en setiembre de 2003 los planes del Pent√°gono para Irak preve√≠an el mantenimiento de 30.000 hombres”, seg√ļn este experto del centro de reflexi√≥n Rand. No se trataba entonces de lanzarse a una misi√≥n de modernizaci√≥n del pa√≠s (“nation building”).

Los estadounidenses debieron volver a aprender, en medio del dolor, a combatir una insurrección simultáneamente con la represión del extremismo con la ayuda de unos servicios de inteligencia cada vez más militarizados y una nuevo arma: los drones (aviones no tripulados).

Diez a√Īos despu√©s del 11 de septiembre, 100.000 hombres siguen desplegados en Afganist√°n y cerca de 50.000 en Irak.

Los gastos son considerables y las pérdidas humanas no lo son menos.

Desde 2001 la guerra contra el terrorismo y las operaciones en Afganist√°n e Irak costaron 1,283 billones de d√≥lares, seg√ļn un informe del Servicio de Investigaciones del Congreso (CRS).

M√°s de 6.000 militares estadounidenses perdieron la vida y m√°s de 45.000 resultaron heridos. Los gastos m√©dicos para los ex combatientes corren el riesgo de llegar a un bill√≥n de d√≥lares en los pr√≥ximos 40 a√Īos, seg√ļn un estudio de la Universidad de Brown.

Y dos tercios del 1,25 mill√≥n de veteranos, muchos de los cuales conocieron m√ļltiples destinos en Irak y Afganist√°n, sufren heridas invisibles como el s√≠ndrome del estr√©s postraum√°tico, y experimentan diversos problemas psicol√≥gicos. El n√ļmero de suicidas bate r√©cords.

¬ŅY todo esto con qu√© resultados? El presupuesto del Pent√°gono, por cierto, se duplic√≥ y, sin embargo, el n√ļmero de naves y submarinos se redujo 10% y el de escuadrones de aviones cazas y bombarderos a la mitad.

Ocupados en las arenas de Irak y las monta√Īas de Afganist√°n, los militares norteamericanos “no han tenido tiempo de entrenarse” en una guerra convencional, estima Lawrence Korb, experto del Center for American Progress.

“Inevitablemente, habr√° que volver a un equilibrio cuando se terminen estas campa√Īas”, opina por su parte Stephen Biddle, del Council on Foreign Relations.

M√°s grave a√ļn, las Fuerzas Armadas se han desgastado, seg√ļn √©l: “Hay un punto de ruptura. Nadie sabe d√≥nde se halla y a√ļn no parece que se lo haya alcanzado. Pero (las Fuerzas Armadas) son una instituci√≥n extremadamente fatigada”.

El ex secretario de Defensa Robert Gates parece haberlo comprendido. En febrero, pocos meses antes de renunciar, advert√≠a: “cualquier futuro secretario de Defensa que aconseje al presidente enviar una importante fuerza armada a Asia, Medio Oriente o Africa deber√≠a hacerse ver el cerebro”, dijo.

Tendencias Ahora