Las selecciones de Gran Bretaña, Canadá y la local Japón, serán las rivales de la Selección Femenina de Fútbol en los próximos Juegos Olímpicos. Estas contrincantes son selecciones de primer nivel, lo que queda demostrado en que las tres están entre las 15 mejores del mundo, mientras que las dirigidas por José Letelier se ubican en la posición 37. De todas maneras, la expectativa, cariño y admiración que sigue generando este grupo de jugadoras, asegura que habrá un país pegado al televisor en cada uno de sus partidos.

Pero el logro de estas deportistas es un camino que comenzó hace tres décadas. En 1991 se conformó la primera Selección Chilena Femenina, en ese momento, aquellas pioneras apenas tenían camisetas (usaban las de la selección masculina) y en la prensa el hecho era consignado como algo anecdótico y curioso.

Son 30 años de más sacrificios que aplausos y con más penurias que comodidades. Fue recién en la primera década de este siglo que institucionalmente la ANFP comenzó a darle importancia a las mujeres futbolistas, bajo la presidencia de Harold Mayne-Nicholls cuando, por ejemplo, logró la sede en nuestro país para disputar la Copa Mundial Femenina Sub-20. Tras esto, en el periodo de Sergio Jadue, el fútbol femenino sufrió un retroceso y quedó entre las últimas prioridades.

Por eso no hay que olvidar que estos tremendos resultados como el Subcampeonato de América, la clasificación al Mundial de Francia y este paso a los JJ.OO. no han sido gracias a una institucionalidad o estructura sólida que impulsó el fútbol femenino en el tiempo.

Por lo mismo, el gran momento de la Roja Femenina no puedo movernos a engaño. Así como muchas veces los árboles no dejan ver el bosque, ahora es cuando más debemos alejarnos y mirar desde arriba y en toda su magnitud la situación real del fútbol femenino chileno que, siendo honestos, le ha dado mucho más al deporte y al país, que lo que éste le ha entregado en recursos, facilidades o proyectos serios.

Que no suceda lo de tantas veces en nuestro deporte: que un logro haga olvidar la realidad y los festejos impidan tomar una oportunidad única de crecer y desarrollar una actividad con la solidez que el fútbol femenino merece.

Ignacio Pérez Tuesta
Director Escuela de Periodismo Universidad de Las Américas