Creemos que es muy importante que las personas, sobre todo los jóvenes, conozcan el esfuerzo que significó para el pueblo de Chile organizarse hasta lograr ganar ese plebiscito.

En forma general, hay que hacer notar especialmente lo siguiente:

La gran valentía y fortaleza con que los chilenos y chilenas fueron capaces de vencer el miedo a una dictadura que seguía violando los Derechos Humanos.

El problema no era de apatía o indiferencia. El problema era lograr vencer un temor justificado, porque en esos años todavía se arriesgaba incluso la vida.

Todo ese trabajo, al menos en lo que nos tocó conocer, fue trabajo voluntario. Miles y miles de chilenos dedicaron un porcentaje mayor o menor de sus vidas en participar de distintas maneras para ganar el plebiscito, sin que tuvieran financiamiento. Fue generoso trabajo voluntario.

Sería imposible que el triunfo del NO hubiera tenido éxito sin la participación de las organizaciones sociales, políticas, personas y sus luchas previas que durante años se habían venido produciendo en el país.

Allí las personas se habían venido conociendo y confiando unas con otras. En esos años de lucha por la libertad y la democracia y contra la dictadura y la violación de los derechos humanos, creo que conocimos lo mejor de los chilenos y supimos lo mucho que el pueblo fue capaz de superar y de sacrificar. Ello es una luz de esperanza, especialmente entre los jóvenes que no vivían en esa época, porque para que ellos tengan confianza que es perfectamente posible que ellos logren los cambios a los que aspiran. Lo único permanente es el cambio.

El plebiscito en Concepción: el Comité de Elecciones Libres

En relación en específico al plebiscito del 88. Antes se había formado el Comité de Elecciones Libres (CEL). Ya estaba muy claro que no habría modo de salir de la dictadura sin la unión de las distintas fuerzas democráticas. Con el CEL recorrimos muchas decenas de ciudades promoviendo la democracia.

Comité Nacional por las  Elecciones Libres, 1987 – 1989
Comité Nacional por las Elecciones Libres, 1987 – 1989

Controló INDEPENDIENTEMENTE el proceso electoral del Plebiscito organizado por el dictador Augusto Pinochet en el año 1988. Jorge Edwards, Eduardo Frei, Edgardo Condeza Vaccaro, Sergio Molina, Silvia Alessandri y Alfredo Etcheverry.

En ese contexto, es muy importante rescatar los sucesos de los cuales fue pionera nuestra región. En Concepción había organizaciones de Derechos Humanos muy importantes. La Comisión de Derechos Humanos presidida por Adolfo Velos, dirigida por Jorge Barudy también eran miembros Ricardo Barrenechea, Jaime Rocha… y la Vicaría de la Solidaridad que dirigían Martita Woerner y el padre Carlos Puentes. Al alero de ellas participaban muchas organizaciones, militantes de Partidos Políticos, y cientos de personas muy valiosas que es imposible enumerar aquí.

Como el CEL nacional no aceptó nuestra propuesta de organizar un plebiscito en todo el país, el Comité de Elecciones Libres de Concepción, presidido por el dr. Guillermo Aste, decidió organizar en la ciudad un plebiscito simbólico en el que las personas pudieran optar por “Elecciones Libres” o “Dictadura”. Luego se sumaron otras comunas de nuestra y otras regiones. Ese plebiscito se realizó el 4 y el 5 de Septiembre de 1987. Los dirigentes de Santiago creían imposible que las personas se atrevieran a votar, porque para que fuera serio, habíamos decidido que las personas debían hacerlo con su cédula de identidad y eso quedaría registrado. Pero Concepción se atrevió.

Las urnas se colocaron en lugares públicos, plazas, afuera de las universidades, locales de derechos humanos, etc. Fue un gran éxito. Al poco de abrir las dos mesas instaladas frente a la Catedral, tantas eran las personas que querían expresarse que hubo que colocar ocho, y aún así, había, largas filas de personas.

El arzobispo Don Manuel Santos y el Obispo Alejandro Goic, extraordinarios defensores de los Derechos Humanos durante esos años, fueron de los primeros en sufragar.

Los observadores internacionales y los santiaguinos que habían viajado estaban admirados. Participaron en Concepción y otras ciudades de la región alrededor de 50.000 personas. Fue tan masivo que la dictadura no pudo hacer nada para evitarlo.

No fue sólo importante para Concepción y la región, sino a nivel nacional, porque permitió adquirir confianza en que, así como habíamos tenido éxito en la de realizar un plebiscito simbólico, con mayor razón iba a ser posible organizarnos para ganar el plebiscito de Pinochet.

La Organización del Plebiscito Nacional de 1988 en Concepción y en las comunas vecinas

Afiche del NO de Juan Carlos Mestre en 1988
Afiche del NO de Juan Carlos Mestre en 1988

Organizar el Plebiscito significó un esfuerzo inmenso de cientos de personas, tanto en Concepción como en las comunas vecinas. Hubo que:

Conseguir y organizar los apoderados de las mesas. Había mucho miedo. Los apoderados de mesa quedarían marcados por la dictadura. Al principio costó. Recordamos que en Concepción por ejemplo, deteníamos, en la calle, a personas conocidas que uno suponía que votarían por el NO para convencerlos de ser apoderados de mesa.

También recordamos la dificultad de conseguir apoderados en las comunas pequeñas, donde todos se conocen, las personas peligraban perder sus trabajos, etc. En una de esas comunas, por ejemplo en Contulmo, las personas esperaron para la reunión detrás de los árboles de la plaza observando quienes éramos los convocantes. En otra, dónde no habíamos podido detectar ningún apoderado, fuimos con el Dr. Carlos Hinrichs y Sonia, su señora, por unos cerros en busca de un socialista cuya casa el dr. creía recordar. Uno a uno fueron inscribiéndose las personas. A medida que se acercaba el plebiscito fueron incorporándose, hasta que en Concepción por ejemplo, se contó con apoderados de reserva.

No teníamos dudas que el NO ganaría. Pero la preocupación era la reacción de Pinochet y su gente. Por eso lo fundamental era la organización del cómputo paralelo en todo Chile. El conteo paralelo en la Región fue extraordinariamente bien organizado.

La central de cómputos paralelo se concentró en un hotel que fue facilitado para la ocasión. El lugar se mantuvo en reserva para que no fuera allanado, informando solamente a las personas que necesariamente tendrían que participar ese día en el conteo de votos.

Se temía que fuera detectado el local de recepción de cómputos. Por eso, y dado que una muralla del hotel colindaba por detrás con el local de la Comisión de Derechos Humanos, se hizo un hueco en la pared y se instaló un tubo de plástico. De modo que cuando las personas fueran llegando con los resultados escritos desde las distintas comunas, los recibiría una señora que trabajaba en Derechos Humanos, los introdujera por el tubo y los recibiría su esposo, Engel Rojas, en el hotel, quien los haría llegar a la central de cómputos sin que no hubiera movimiento externo en la calle dónde se estaba realizando, (él había estado preso y torturado).

En un departamento vecino cuyo dueño era un abogado de Concepción, un ingeniero y un arquitecto instalaron un generador eléctrico, dado que se temía que, cuando se sintiera derrotada, la dictadura provocara un corte de la energía, y lo único que tendríamos serían los resultados del cómputo paralelo. Eso fue todo un lío porque costó mucho subir e instalar el generador que era grande. Finalmente no fue necesario ocuparlo pero fue una medida prudente porque en Santiago hubo cortes de luz en los locales de oposición.

Se preparó la recepción de los cómputos con la participación de alrededor de 10 personas con cierto conocimiento de contabilidad. Prepararon unas planillas repartiéndose las comunas y las mesas cuyos resultados tendrían que recibir cada uno de ellos. Hay que recordar que aún no se tenía el apoyo de computadores así es que todo fue hecho, sumado y consolidado a mano. Tampoco había celulares. De modo que se organizó la transmisión de los resultados del siguiente modo:

En cada local de votación, los apoderados de las mesas le entregaban una copia de los resultados a una persona que actuaba como una especie de apoderado general y que permanecía en el local de votación. Esta persona se la entregaba a otras personas que debían llevarlas a la Comisión de Derechos Humanos para pasarlas por el tubo al hotel. Esto, si se podían llevar a pie o en auto.

Si las comunas eran alejadas, lo que se hacía era llamar por teléfono a unas casas que se habían organizado cerca del lugar de cómputos de Concepción para dictar los resultados. Las personas que recibían por teléfono los cómputos, los llevaban a la Comisión de Derechos Humanos para pasarlas por el tubo. Los teléfonos estaban especificado las comunas que cada uno recibiría, el nombre de la persona que recibiría los cómputos y el nombre del que los dictaría, para evitar tanto cualquier dato falso como el atochamiento de llamadas.

Además, a las comunas pequeñas viajaron personas de refuerzo desde Concepción, por si se presentaban problemas. Recuerdo que una persona que viajó de refuerzo a Santa Juana nos hizo pasar un buen susto porque eran cerca de las 12 de la noche y no llegaba, pero sólo había sido por la inexperiencia de los vocales y él tuvo que esperar, sin poder ayudarles.

Cada persona sabía exactamente lo que tenía que hacer, pero muy pocas conocían los detalles del conjunto del sistema.

Lo extraordinario es que todo esto, que relatado ahora parece más la organización de una multinacional de alta generación que la suma del empeño y del trabajo de cientos de personas voluntarias ansiosas de libertad y de democracia, es que todo marchó a la perfección. Y los resultados fueron llegando mesa por mesa, comuna por comuna, y fueron contabilizados y sumados en esas planillas hechizas. De modo que muy temprano sabíamos que el NO ganaba con holgura y la que la tendencia no sería revertida.
Cientos, miles de manos trabajaron ese día y sin esas personas valientes, voluntarias y anónimas no habría existido el triunfo del NO.

No fue, como algunos dicen, bastante livianamente, gracias a un lápiz y un papel. La recuperación de la democracia fue posible por la extraordinaria organización, generosidad y valentía de muchos chilenos y chilenas, de las organizaciones sociales y políticas durante muchos años.

Tanto fue la rapidez con que tuvimos los resultados que recuerdo la imagen de mi suegra, Luz Sobrino, gran luchadora en contra de la dictadura, incluso detenida por manifestaciones contra el exilio, y que a los 75 años fue apoderada en la mesa 6 de mujeres del centro de Concepción, (mesa en la cual se habían inscrito tempranamente las mujeres de los miembros de las Fuerzas Armadas y en la cual había ganado el SI), volviendo ella del local de votación como a las 7 de la tarde, pálida y desencajada porque creyó que perdía el NO. Y ya a esa hora fue posible asegurarle que estábamos ganando.

De modo que durante el transcurso ese día, no tuvimos mucho tiempo para ver la televisión. Recordamos que aparecía el subsecretario del Interior Alberto Cardemil dando el resultado de unas pocas mesas en que ganaba el SI. Cardemil no nos daba absolutamente ninguna confianza desde el punto de vista de sus intenciones democráticas.

A pesar de todo ello, durante esas horas mantuvimos la confianza en que la verdad se impondría, lo más difícil estaba hecho y habíamos ganado. Además, estaba la presión internacional, incluso de Estados Unidos, que habiendo antes promovido y apoyado el golpe, era partidario entonces del retorno de Chile a la democracia.

Recordamos habernos ido muy tarde a la casa con mi esposa y las 3 hijas, -que también habían participado colaborando en el plebiscito-, y habernos tendido los 5 a ver la televisión. De repente las niñas estaban gritando que habían reconocido que había ganado el NO y los 5 nos abrazábamos. Fue un momento de mucha emoción, de enorme felicidad, de sensación de que comenzaba la libertad, la dignidad, el respeto, y se abría un futuro inmenso para Chile. Y de pensar en tantos compañeros que habían dado su vida por el retorno a la democracia.

Cuando nos invade el recuerdo de ese 5 de octubre 1988 nos preguntamos: ¿Que será de esos cientos, miles, incluso millones de ciudadanas y ciudadanos voluntarios, generosos, valientes y anónimos que hicieron posible el retorno a la democracia 32 años atrás?

No podemos saberlo… Lo que si estamos seguros que muchas y muchos de ellos y muchos más harán posible corregir y profundizar esta democracia el 25 de octubre de 2020 cuando masivamente acudamos a votar.

Para que la nueva constitución que nos regirá resulte ser verdaderamente limpia y participativa.

Dr. Edgardo Condeza Vaccaro
Presidente
Movimiento por la consulta y los derechos ciudadanos

*En el Comité de Elecciones Libres (CEL) participaban personas incluso de la derecha democrática. Formaban parte de el: Silvia Alesandri, Nemesio Antúnez, José Miguel Barros, Edgardo Condeza, Jorge Edwards, Alfredo Etcheberry, Eduardo Frei, Oscar Godoy, Sergio Molina, Aníbal Pinto, Igor Saavedra, Akin Soto, Moy viuda de Tohá.