La siguiente es una crónica relatada por Humberto Zumarán Araya, hombre de radio desde su juventud, llegó a ser director en Chile de la agencia France-Presse (AFP) durante la dictadura militar, teniendo hasta ahora el honor de ser el único jefe de prensa no francés en el exterior de esta cadena de noticias.

Murió recientemente en Ciudad de México el legendario tony “Pituto”, de la última generación de payasos chilenos que han hecho reír literalmente “a medio mundo”.

“Pituto” era uno de los payasos más cotizados en los circos internacionales, pero casi desconocido en su país, salvo variadas y exitosas presentaciones en el famoso circo Las Águilas Humanas desde que tenía 13 años.

“Pituto” (Hugo Fernández Gacitúa), que falleció a los 71 años, nunca abandonó la pista delcirco junto a los famosos, Caluga, Chalupa, Chicharra, Panqueque y la joven serie de los Tachuelas, aún vivos. Ellos no dejaron de cumplir la difícil rutina de sacarle más de una sonrisa al “respetable público”…

La vida de “Pituto” se apagó al llegar septiembre, mientras se presentaba en México en el famoso Circo de Pekin, afectado por el letal coronavirus (covid-19).

La carrera del payaso estuvo plena de gestos solidarios, como ocurrió en plena dictadura militar chilena (1973-90), cuando “asiló” a una elefanta en la modesta parroquia de la Población Juan Antonio Ríos, en Santiago.

Hugo Fernández, el Tony Pituto
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Este singular acto “diplomático” le valió una destacada publicación en el diario El Mercurio. Además de un sorprendente comentario del escritor Enrique Lafourcade, que destacó el “curioso caso”, al margen de la difusión internacional a través de la Agencia France Presse (AFP).

La curiosa historia de la elefanta “Cuina” comenzó en Chile al finalizar la temporada de primavera de las legendarias “Águilas Humanas”, circo de los hermanos Venturino.

La trouppe de trapecistas, payasos, leones, caballos y otros artistas emprendió viaje a Argentina, vía camino cordillerano a Mendoza (al mejor estilo de la película “Dumbo”). Pero la elefanta de nuestra historia obligadamente se vio impedida de partir por carecer de la documentación sanitaria requerida. Así es que “Cuina” tuvo que “cumplir cuarentena” en la comuna de Santiago.

“Pituto”, el tony, fue el “voluntario” que se ofreció para cuidar a “Cuina” y buscarle hospedaje en la capital chilena. Pero como en Santiago no hay hoteles para animalitos tan enormes como la elefanta, el payaso ofreció llevarlo a su casa, en el populoso sector Juan Antonio Ríos.

La llegada del animal provocó la algarabía de los pobladores, especialmente de los niños que saltaban y corrían alegres ante la inesperada visita.

Fue en ese momento de desorden generalizado cuando irrumpió una patrulla de carabineros con brazaletes amarillos, fuertemente armados y con movimientos militarizados, donde no faltó el espectacular “punto y codo”. Hasta que el oficial a cargo del pelotón, dirigiéndose al tony “Pituto, preguntó:

– ¡Alto!, ¿qué es esto?

Un elefante… ¿no lo ve? -respondió muy suelto de cuerpo el cómico, a cargo del animal.

– ¡Claro, evidente! –comentó un poco avergonzado el policía.

Enseguida el oficial consultó: “¿Y qué vamos a hacer con él en la calle en medio de tantos niños y pobladores?”.

Como un cura de barrio popular no podía faltar en esta tierna historia, el padre Luis, a cargo de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, ofreció el patio de la iglesia para hospedar a la elefanta.

Todos los participantes de esta singular historia quedaron felices con la solución eclesiástica.
Al día siguiente, el tony “Pituto” y su amiga elefanta continuaron viaje a Argentina.

Sin embargo, el curita Lucho se quejó, porque la elefanta asilada se había engullido un guindal completo de la parroquia, en agradecimiento por “la buena atención” recibida en “la casa de Dios”.

Humberto Zumarán Araya
Exdirector de Agencia France-Presse en Chile