Durante 200 mil años nuestra especie mantuvo una expectativa de vida al nacer de aproximadamente 30 a 35 años de edad. Solo en décadas muy recientes se ha asistido a un cambio sin precedentes.
En septiembre pasado, un micrófono descuidado captó el siguiente diálogo entre V. Putin, líder de Rusia, y Xi Jinping, presidente de China:
– “En el pasado raramente la gente vivía más de 70 años, pero ahora se dice que a los 70 años aún todavía se es un niño.
– Los órganos humanos pueden trasplantarse continuamente.
– Cuanto más se vive, más joven se es. Incluso se puede hablar de inmortalidad.
– Algunos predicen que en este siglo los seres humanos podrán vivir hasta los 150 años”.
En una conferencia de prensa posterior, Putin señaló: “Los medios modernos de asistencia sanitaria, coma la medicina, incluso algunas cirugías relacionadas con el trasplante de órganos permiten a la humanidad confiar que la esperanza de vida activa no sea como la actual”.
Desde el punto de vista estrictamente biológico, tenemos que entender a los seres humanos como diseños con obsolescencia programada.
Durante 200 mil años nuestra especie mantuvo una expectativa de vida al nacer de aproximadamente 30 a 35 años de edad. Solo en décadas muy recientes se ha asistido a un cambio sin precedentes, y nada impide pensar que se podría vivir 122 años, que es el límite identificado por la ciencia.
El aumento de la duración de la vida humana se ha logrado esencialmente por la caída de la mortalidad infantil gracias a esfuerzos de salud pública, tales como la atención profesional del parto, el combate a la desnutrición y el uso generalizado de vacunas.
Sin embargo, los avances médicos más recientes agregan también más años a quienes alcanzan la tercera década y siguientes, llegando en el caso de Chile a una esperanza media de 81,6 años, el segundo más alto en todas las Américas después de Canadá.
Esta extensión se logra por el esfuerzo de destinar grandes recursos a superar lo que denominamos brecha evolutiva. Vale decir, el diseño que permitía una duración de aproximadamente de 30, 35 años como media durante 200.000 años, lo que ha ido evolucionado a la expectativa de vida media al nacer que vemos hoy día.
Sin el cierre de brecha por la medicina moderna, esto sería imposible; porque no ha ocurrido que, en tan breve período, la especie humana haya evolucionado biológicamente para dar cuenta de este cambio.
El esfuerzo científico que esto ha demandado es enorme e implica para la sociedad un gasto explosivo, que difícilmente los países pueden enfrentar.
Cobra enorme relevancia entonces la expresión “esperanza de vida activa” mencionada por uno de los presidentes espiados por el micrófono.
Así como en otros períodos, la vacunación universal, o el suplemento de alimentación, fueron las estrategias esenciales, hoy se requiere poner en primera prioridad el envejecimiento saludable, no entendido solo como el cuidado de la dieta y el ejercicio; sino sobre todo por una manejo eficaz y preventivo de las enfermedades crónicas, principalmente cáncer, depresión, obesidad, Diabetes y adicciones.
Ello requiere una verdadera transformación de la Atención Primaria de Salud, creando también dispositivos privados, multidisciplinarios, que eduquen, protejan y sean eficientes en el gasto.
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