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No sólo en Chiloé: la dura realidad de Bahía Mansa por la crisis ambiental en Los Lagos
Publicado por: Dennys Salazar
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La crisis por la marea roja no s√≥lo golpea a las familias de la Isla de Chilo√©, sino que a muchas otras comunas y peque√Īas localidades que basan su diario vivir en la extracci√≥n de productos del mar. Bah√≠a Mansa es una de ellas, tal como otras caletas del litoral osornino, donde sus habitantes hasta la fecha se encuentran de brazos cruzados al no existir especies que extraer, pero tambi√©n por la desconfianza instalada en el consumidor.

Hasta la fecha, cerca de 200 personas llevan comiendo m√°s de diez d√≠as en una olla com√ļn en el galp√≥n de la caleta, a pasos del muelle, que s√≥lo muestra lanchas en reposo, en una tensa calma ante la incertidumbre sobre la duraci√≥n de la cat√°strofe.

Si bien han sido los pescadores los que mediáticamente han aparecido como los más afectados, cierto es que hay otros grupos vinculados a la recolección de productos del mar que también lo pasan mal.

Tal es el caso de las recolectoras de orilla, que por estos d√≠as lo √ļnico que tienen son las ganas de salir a trabajar, pero no pueden hacerlo al contaminarse por primera vez, dicen, las algas que recogen, en un precario trabajo para el cual s√≥lo cuentan con sus manos y un saco, seg√ļn relat√≥ Ernestina Pailapichun, una de ellas.

Para los pescadores, el problema no es el bono, pues finalmente están conscientes de que el dinero se acaba; la oportunidad aparece con otras pesquerías actualmente en veda, como la Mantaraya.

M√°s a√ļn cuando, seg√ļn sus c√°lculos, no m√°s de diez personas han recibido el beneficio de $750 mil pesos del Gobierno, incluso un vendedor de le√Īa, cuesti√≥n que m√°s que molestia les caus√≥ risa.

Seg√ļn Marcos Estr√≥s, presidente del Sindicado de Trabajadores de Bah√≠a Mansa, los bonos son solo un paracetamol para la gran enfermedad que sufre el mar, que aseguran no es por marea roja, sino por la contaminaci√≥n.

La liberaci√≥n por un tiempo de la captura de la mantaraya se ha apropiado de la discusi√≥n entre los pescadores, tal como lo hac√≠an junto a un bote pesquero, el cual reparaban con la mirada puesta en la posibilidad de que alg√ļn d√≠a pueda salir a la pesca.

Seg√ļn sus c√°lculos, si es que Sernapesca autoriza un tiempo su captura, podr√≠an subsistir hasta ocho meses, superando la crisis.

Para Marcelo Guzmán, secretario del sindicato de pescadores, se debe hacer la diferencia entre los pescadores, principalmente de acuerdo al tipo de embarcación y la distancia en la que pescan.

Y es que las cuotas de pesca son regionales, como la mantaraya, por lo que también están en desventaja al no poder salir mar adentro por lo frágil de sus botes. De ahí a que piden que la liberación de las pesquerías sean de acuerdo a la realidad local de cada caleta.

Sin embargo, el dirigente repar√≥ en que finalmente es la parcelaci√≥n del mar lo que provoca el problema mayor, pues como hay determinados sectores autorizados para especies en particular, muchas veces deben salir pr√°cticamente a ‚Äúrobarse‚ÄĚ entre s√≠, para poder subsistir.

Por el momento se encuentran a la espera de la solución del conflicto en Chiloé, de brazos cruzados sin poder trabajar al estar contaminados los moluscos y algas, parte importante de la producción de Bahía Mansa.

Pero también cuentan la incertidumbre de no saber cuándo podrán retomar su vida normal, afectada por un fenómeno natural que nunca antes habían visto, por lo que no creen que sea marea roja, sino por el uso intensivo del mar por parte del sector industrial.

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