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La conducta oportunista
Publicado por: Camilo Escalona
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Una de las grandes diferencias de la actividad pol√≠tica, respecto de otras ocupaciones u oficios est√° en el sentido que se entrega al t√©rmino o acci√≥n “oportunista”.

En efecto, qui√©n discutir√≠a que en el caso de un futbolista que juegue como centrodelantero, la condici√≥n de “oportunista” resulta fundamental. Al aprovechar, un rebote con una defensa descuidada o confusa, para dar aquel anhelado puntazo al bal√≥n, lograr que traspase la l√≠nea de sentencia e inflar la red del arco rival y arrancar de miles de gargantas el sublime grito de goooool!

Lo mismo puede decirse, en otro oficio, del humorista que consigue el momento justo, ni antes ni despu√©s, para soltar la frase, el contrasentido o el absurdo que le permite lograr una carcajada del p√ļblico para que el mismo, luego lo premie con una cerrada ovaci√≥n.

Igualmente, el artista circense necesita la contorsión precisa en el instante exacto en que pone a prueba su habilidad corporal y su fortaleza técnica y, a veces, su propia integridad física en saltos de tanto prodigio como peligro.

O, como vimos hace a√Īos atr√°s, en el caso del gran “chino” R√≠os que, con un quiebre inesperado de su incre√≠ble mu√Īeca, cambiaba el rumbo de esa peque√Īa esfera que es la pelota de tenis y consegu√≠a uno de aquellos puntos que lo llevaron a ser, en el mundo, el n√ļmero uno de la ATP.

Sin embargo, hay una actividad humana en que el “oportunismo” no tiene ni puede llegar a tener el mismo significado. Se trata de la pol√≠tica. En ella, una conducta motivada en sacar provecho personal de los hechos, indica el reprobable af√°n de actuar calculando s√≥lo lo inmediato, es la conducta en que gana lo peque√Īo, el mundo s√≥rdido de aquel que intenta ganar poder o popularidad como sea, es decir, sin detenerse en escr√ļpulos y mucho menos pensando en el bien com√ļn o en el inter√©s nacional.

¬ŅPor qu√© raz√≥n?

Por qu√© la pol√≠tica debiese tener como prop√≥sito principal la conducci√≥n del Estado, con vistas a obtener lo mejor para el pa√≠s y, por esa v√≠a, actuar atendiendo el bien com√ļn y no radicando su acci√≥n en el exclusivo inter√©s individual.

Cuando la política se transforma en la exclusiva puesta en escena de los apetitos o ambiciones de cada cual, se produce un lento pero inevitable proceso de desgaste y socavamiento del prestigio de las figuras, o personeros políticos y se coadyuva, decisivamente, a la pérdida de legitimidad del sistema político.

Lamentablemente, es lo que pasa en Chile, la comunidad política como convergencia de afinidades en bien del país, ha sido desplazada hacia el desate de los afanes de cada uno, impidiendo que se establezca una confluencia de propósitos que valide la política, como algo más que el ruido que producen incontables avispas, en la que cada una trabaja por su cuenta, no importándole que hace ni hacia donde se dirige,

Es lo que ocurre con actos, como los que se expresan en los recientes dichos de Sebastian Pi√Īera, que haciendo caso omiso de su condici√≥n de ex Pdte de la Rep√ļblica, por la que recibe legalmente una dieta como Senador (con todas sus asignaciones para Secretaria y asesores), se ha lanzado a la descalificaci√≥n de tantos y tantas en escasas, pero nocivas palabras.

El oportunismo es as√≠, acostumbra”subirse por el chorro” y utilizar cualquier fisura o circunstancia con la cual hacerse presente para sacar una tajada en beneficio propio; en este caso, buscar popularidad f√°cil y barata; sin el menor esfuerzo de ayudar a la b√ļsqueda de soluciones como ser√≠a su obligaci√≥n.

Es cierto que en Chile hay un panorama económico complejo en que existe responsabilidad del actual gobierno; pero no es menos cierto que la presentación de cifras que no reflejaban la realidad, creando falsas expectativas comenzó el 2013 en su gobierno, con la presentación del proyecto de Presupuesto para el 2014, en que se hizo una estimación de 4,9% de crecimiento que estaba claramente por encima de las posibilidades del ciclo de la economía nacional y global.

Lo hice presente al entonces Jefe Program√°tico de la campa√Īa de Bachelet, Alberto Arenas, para que se deslindaran responsabilidades frente al pa√≠s. O no respondi√≥ o fue muy d√©bil, pues su eventual preocupaci√≥n no se registro en el debate nacional. Como todo parec√≠a que marchaba sobre ruedas se pec√≥ por omisi√≥n y hoy Pi√Īera se da el lujo de atacar como lo hace debido a que no se clarifico esa evidente maniobra.

Sin embargo, la conducta oportunista es inaceptable; sobretodo cuando se pretende dirigir el Estado, una tarea de largo aliento, que exige altura de miras y no vivir de acuerdo al día a día, en maniobras de corto alcance. Se equivoca quien piense que la ciudadanía es indiferente ante estas malas prácticas, la crítica que ahora recibe el ejercicio de la política, en diversas encuestas es abrumadora, cuando el esfuerzo contra la desigualdad se reemplaza por pugnas estériles.

Precisamente, la autocrítica que el sistema político debiese hacerse es la falta de confluencia en un proyecto estratégico que, con respaldo mayoritario, dirija el Estado y a la nación, con vistas al Chile de las próximas décadas; al que el sistema político requiere proyectarse desde hoy para definir lo que será capaz de hacer, de lo contrario no habrá sabido dar cuenta de los auténticos desafíos de este siglo.

Camilo Escalona Medina
Vicepresidente Nacional
Partido Socialista de Chile

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