La reciente discusión, sobre la aprobación de la Ley Naín-Retamal, fue el corolario de un oficialismo que nunca terminó por consolidarse y que no creó una verdadera coalición política de gobierno.

En los últimos años nos hemos acostumbrado a hablar en plural al referirnos a los sectores políticos del país y poner etiquetas. Por un lado, las “derechas” incluyen a partidos tradicionales como RN y la UDI y a los más nuevos como Republicanos, Partido Social Cristiano y el Partido Nacional Libertario. Por otro lado, las “izquierdas” incorporan a fuerzas moderadas socialdemócratas y a otras más radicales.

En este contexto, la palabra que hoy se repite con frecuencia es “oposiciones”. Durante el período presidencial que ya termina vimos diferentes formas de hacer oposición y todo indica que en el próximo gobierno presenciaremos algo similar, luego de las disputas del PS con el Frente Amplio y el Partido Comunista.

Lee también...
Los últimos gustitos del gobierno saliente Miércoles 28 Enero, 2026 | 10:39

Pero la actual crisis del oficialismo no se puede entender sin comprender el origen de la alianza de gobierno. De forma inédita en nuestra historia política, en el mismo gobierno convivieron dos coaliciones: Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático.

Y aunque al principio se mencionó la idea de los “anillos concéntricos” -para configurar una mayor influencia del Frente Amplio y el Partido Comunista por sobre el PS o el PPD-, en los hechos hubo una importante presencia de estos partidos en el gabinete inicial y, finalmente, terminaron ocupando ministerios fundamentales para la gestión política y económica de esta administración.

Así, las “izquierdas” se juntaron en torno al poder sin mayor reflexión sobre sus coincidencias y discrepancias, lo que se vio reflejado en múltiples oportunidades en temas políticos y en votaciones en el Congreso, especialmente frente al tema de la seguridad.

La reciente discusión, sobre la aprobación de la Ley Naín-Retamal, fue el corolario de un oficialismo que nunca terminó por consolidarse y que no creó una verdadera coalición política de gobierno.

Lee también...

Sin elecciones en el horizonte -hasta las regionales y municipales de octubre de 2028-, el escenario es propicio para que los partidos de las izquierdas perfilen proyectos políticos e identidades propias, reconociendo las diferencias que no lograron ver la luz en estos cuatro años llenos de procesos electorales. Sin embargo, la tentación obvia es limitarse a unirse en contra del gobierno de José Antonio Kast.

De todas formas, el panorama político es complejo para la futura oposición. Si eventualmente se lograra un acuerdo legislativo entre Amarillos, Demócratas, PDG, Chile Vamos, Republicanos, Social Cristianos y Nacional Libertarios, que es uno de los escenarios posibles en un parlamento fragmentado -y que puede producirse ahora o durante el período presidencial-, el actual oficialismo quedaría relegado a la irrelevancia en la Cámara por el número de diputados que consiguieron, siendo el Senado el espacio para realizar cierto contrapeso.

La fractura en las izquierdas por supuesto que no es definitiva y sus partidos han demostrado tener vocación de poder y adaptación. Además, queda conocer el rol que ejercerá el presidente Boric desde marzo en adelante y si será o no un factor de unidad.

Pablo Rodríguez
Cientista Político
Instituto Libertad

Nuestra sección de OPINIÓN es un espacio abierto, por lo que el contenido vertido en esta columna es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de BioBioChile