La sociedad chilena también debe asumir que durante décadas ha tolerado, invisibilizado o normalizado el sufrimiento de niños, niñas y adolescentes bajo la custodia directa del Estado o a través de organismos colaboradores.

El cierre definitivo del Sename marca un momento histórico que en Chile no puede leerse como una simple reorganización administrativa. La creación del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia y del Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil ocurre sobre una verdad dolorosa: el Estado falló de manera sistemática en su deber de cuidado de miles de niños, niñas y adolescentes.

Este nuevo escenario exige mirar de frente ese pasado y también el presente. Por eso, el trabajo de la Comisión Verdad y Niñez es estructural. Las nuevas instituciones solo podrán consolidarse si incorporan la memoria de lo ocurrido, reconocen el daño causado y convierten esa verdad en el fundamento de nuevas y mejores prácticas. La verdad no es retrospectiva; es la base concreta para construir garantías de no repetición.

Chile ha avanzado en marcos normativos e institucionales, estándares y reconocimiento político de la infancia.

Sin embargo, los problemas persistentes en la red de protección —falta de cupos adecuados, exclusiones por complejidad, violaciones a derechos humanos— evidencian que el cambio institucional todavía convive con lógicas profundamente arraigadas que permanecen.

El gobierno que asumirá en marzo de 2026 deberá comprender que esta transición no parte desde cero ni se mide frente al pasado inmediato, sino frente a una deuda histórica que hoy está siendo documentada y reconstruida junto a las voces de personas víctimas y sobrevivientes.

Incorporar las conclusiones y propuestas de la Comisión como insumo obligatorio para la formación, supervisión y diseño del sistema será una señal decisiva de que el país aprendió de su propia historia.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en el Estado. La sociedad chilena también debe asumir que durante décadas ha tolerado, invisibilizado o normalizado el sufrimiento de niños, niñas y adolescentes bajo la custodia directa del Estado o a través de organismos colaboradores.

La verdad que hoy emerge interpela a todos y todas: autoridades, instituciones, profesionales y ciudadanía. No hay garantías de no repetición si esa memoria no se convierte en conciencia colectiva.

Soledad Larraín
Presidenta Comisión Verdad y Niñez

Sebastián Valenzuela
Vicepresidente Comisión Verdad y Niñez

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