Esta semana se dio a conocer por parte del Instituto de Salud Pública (ISP) que el 96,9% de los efectos adversos de las vacunas en Chile fueron considerados ‘no serios’. “Las vacunas son seguras y salvan vidas”, fue el categórico mensaje en Twitter del médico internista y máster en Salud Pública, Juan Carlos Said.

Además, un informe del Senama explica que la letalidad del virus en hogares de adultos mayores cayó casi a la mitad tras la vacunación. Un masivo estudio en Inglaterra demostró que si una persona vacunada se contagia transmite menos virus a su familia. La evidencia se acumula semana a semana, lo cual es una gran noticia.

Sin embargo, al mismo tiempo vemos cómo se viralizan una serie de noticias falsas que toman vuelo en las redes sociales y deben ser desmentidas por los atentos equipos de periodistas en el mundo dedicados a realizar fact checking, un método que permite desmantelar las mentiras, pero no necesariamente su impacto en la población.

Probablemente el caso más emblemático de este 2021 sea el de la vacuna AstraZeneca. El 24 de abril el regulador de medicamentos de Europa respaldó la vacuna de AstraZeneca: “Evita síntomas graves de la enfermedad y salva vidas”. Casi en paralelo, un tuit que se volvió viral decía: “¿Quién va a querer vacunarse con AstraZeneca sabiendo que te juegas la posibilidad de una trombosis?”.

El impacto de una cuenta en redes sociales, con pocos seguidores, sin un nombre y cara, hoy puede tener el mismo impacto que la información de un organismo de prestigio.

Un “arrobita” de Twitter, citando un estudio de un “doctor antivacunas”, aseguró que las vacunas provocan el mal de las “vacas locas”. Otro sostiene que ya tuvo COVID-19 por lo que no se vacunará debido a que anticuerpos, pese a la recomendación clara de la OMS. En Instagram una cuenta explica que las “mascarillas sirven cada vez menos” por las nuevas cepas, algo desmentido por varios epidemiólogos y virólogos.

Ejemplos hay a diario, de este gallito entre la evidencia científica y los sueños conspiratorios, donde es fundamental ser responsable por cada vez que compartimos de manera pública o privada información que nos llama la atención. Hoy más que nunca es fundamental pensar dos veces antes de reenviar algo por WhatsApp o publicarlo en redes sociales.

Eduardo Castillo
Periodista Docente Facultad de Comunicaciones y Artes
Universidad de Las Américas