Ante la problemática de un proyecto de desconfinamiento para las principales ciudades del país, siempre es necesario recordar que Santiago no es Chile. Pero si vemos la situación en las comunas de Valparaíso y Viña del Mar, vemos que el patrón de comportamiento metropolitano que hemos visto durante la pandemia se reitera, una vez más.

En el podcast “Encerrar y numerar: un accidente tecno-estadístico” (https://stem-queer.simplecast.com/episodes/yuri-carvajal-encerrar-y-numerar-un-accidente-tecno-estadistico), los expertos Yuri Carvajal, Salubrista; Pablo Cox, Neurorradiólogo y Sergio Alvarado, Doctor en Bioestadística, establecen que “Resulta trágico que medidas tan radicales y perturbadoras como las cuarentenas se hayan tomado usando conceptos tan frágiles, en un uso tan disociado de su real origen”.

El hecho es que oficialmente en la Región de Valparaíso habrían fallecido, desde abril de este año, 569 personas (al 11 de agosto) y se han registrado 19.371 contagios, es decir, algo así como el 5% del total nacional, mientras Santiago concentra el 70% aproximadamente. Al margen del necesario escrutinio que merecen estas cifras, digamos, peculiares (dadas las discusiones acerca de subregistro de mortalidad), en los hechos no resulta evidente que la situación sanitaria en las comunas de Valparaíso y Viña del Mar haya hecho meritoria la decisión de ponerles en cuarentena desde mediados de junio.

La obscuridad de los datos, el manejo de información críptica y los eventuales manejos estadísticos parece que procuran disfrazar el problema de mantener el cordón sanitario para la región metropolitana. Se trataría de sostener un argumento para limitar el libre tránsito en los extramuros de la megápoli manteniendo, para ello, limitada la circulación de las personas con controles y check points militares y de la armada en la ruta 68, ruta Lo Orozco, Olmué y el paso entre Viña del Mar y Valparaíso, entre otros, además del toque de queda nocturno. Se desestimula así el traslado a la costa.

La paradoja de la decisión que, no obstante, su condición críptica, podría haber sido útil para evitar la propagación del virus, es desconcertante porque al desconocerse los criterios por los cuales fue adoptada resulta improcedente especular con su finalización. La existencia de cuarentenas para Valparaíso y Viña del Mar (excluyendo a Concón, Quilpué y Villa Alemana que forman parte del mismo conurbano), si no es arbitraria, solo se puede comprender como efecto de la situación sanitaria en la Región Metropolitana.

Lo que sí se puede constatar es que la curva que fue aplanada desde Marzo a Julio de 2020 fueron las consultas respiratorias y sospecha de COVID-19 por establecimiento en la Red del Servicio de Salud de Valparaíso-San Antonio. Al parecer, las personas tomaron sus propias medidas de cuidado. Pero esta es una dimensión que por ahora resulta más difícil de pesquisar. Hay zonas donde el fin de la cuarentena no se muestra con claridad.

Nelson Arellano Escudero
Trabajador social, doctor en Sostenibilidad, Tecnología y Humanismo por la Universidad Politécnica de Cataluña. Docente UAHC.