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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Los ataques de Rusia han dejado a Ucrania sin electricidad en 20 horas al día, enfrentando al frío extremo a su población. La tregua de invierno acordada por Putin duró solo días, y ahora se ataca la red eléctrica y de calefacción del país. En Leópolis, la gente usa generadores para sobrevivir, organizando sus vidas en función del suministro eléctrico. Algunos locales solo pueden ofrecer calefacción con velas.

Los ataques de Rusia sobre la infraestructura eléctrica de Ucrania se ha intensificado en los últimos días, prácticamente condenando a la población a enfrentar el frío del invierno sin muchas opciones de calefacción.

Un reportaje de El Mundo dio cuenta de testimonios de personas en Kiev, que sostienen que deben hacer frente a noches con -20 grados celsius únicamente con mantas y abrigos, ya que no tienen servicio eléctrico en 20 horas al día.

Putin, primer ministro ruso, había acordado una tregua de invierno en medio de la guerra, luego de tratativas con EEUU, pero esta sólo duró un par de días.

Según el citado medio español, la nueva estrategia del mandatario es enfrentar a la población ucraniana al frío extremo.

“El culpable de esta catástrofe humanitaria no es otro que el régimen de Vladimir Putin, incapaz, tras cuatro años, de alcanzar una victoria en el campo de batalla, pero sí de castigar a la población ucraniana con decenas de misiles y cientos de drones cada noche que buscan no objetivos militares, sino destruir toda la red eléctrica y de calefacción del país, lo que constituye un crimen de guerra”, indican.

Los daños sufridos por varias líneas de alto voltaje y subestaciones en Ucrania occidental, así como por dos importantes centrales térmicas, han llevado a que este lunes los habitantes de Leópolis y de otras zonas contiguas a la frontera europea recibiesen menos de siete horas de electricidad, con temperaturas de aproximadamente diez grados bajo cero.

“La ciudad ya no huele a café sino a combustible quemado”, contó Vitali, un programador de 37 años, a EFE en una calle franqueada de generadores portátiles situados a las entradas de tiendas y cafeterías.

Mientras el casco histórico se ha llenado del sonido ensordecedor de docenas de generadores, algunas cafeterías se han convertido en improvisados puntos de calefacción, donde los vecinos también pueden cargar sus móviles o trabajar en sus portátiles.

Sin embargo, en otras los clientes se sientan a las mesas a la luz de las velas, pues no todos los locales pueden permitirse un generador y el combustible necesario para encenderlo a diario sin incrementar los precios de forma drástica.

Los habitantes de Leópolis organizan sus vidas alrededor de los planillos de suministro eléctrico publicados cada tarde para el día siguiente.

Recurren a linternas y lámparas a pilas para recorrer las calles o sus apartamentos en la oscuridad y llevan múltiples capas de ropa para protegerse del frío en los hogares, donde la calefacción suele depender del suministro eléctrico.

La situación no es aún tan grave como en Kiev o en el este del país, reconoció a la agencia EFE Nazar, un maestro de 43 años, cuya escuela funciona gracias a generadores.

Las redes de comunicación, pese a la presión bajo la que se encuentran, siguen funcionando y la infraestructura crítica dispone de mecanismos de reserva para mantener el suministro de agua y calefacción, dijo este lunes el alcalde, Andrí Sadovi.

La población ucraniana ha acumulado tantos dispositivos de almacenamiento de electricidad, que según varios expertos su capacidad total equivale ya a la generación de un reactor nuclear.

Sin embargo, la prolongación de los apagones planificados quiere decir que muchos ya no pueden cargarlos durante los breves momentos en los que vuelve la luz.

El frío usado como arma en Ucrania

Esto supone un riesgo especial para las personas cuya vida depende de un suministro ininterrumpido de electricidad y llena de ansiedad constante a Maria Siniovska, una vecina de Jlivchani, un pueblo a solo 10 kilómetros de la frontera polaca.

En casa, Siniovska cuida de su hija Jristina, de siete años, que debido a la parálisis provocada por una atrofia muscular espinal (AME) necesita un ventilador para respirar.

“También tenemos que usar otros dispositivos varias veces al día”, destacó Siniovska, cuya lucha diaria por la vida y el bienestar de su hija se ha visto dificultada aún más por los ataques rusos.

Por ahora, el acumulador eléctrico que la familia ha comprado gracias a una campaña de micromecenazgo consigue proporcionar la electricidad necesaria durante los apagones, pero Siniovska está preocupada por lo que podría pasar si se alargan demasiado o si el dispositivo se estropea.

Después de que los drones rusos hayan atacado la región durante tres noches consecutivas, la población teme que la situación pueda empeorar todavía más.

Frío extremo en Ucrania
Frío extremo en Ucrania | X

“Puedo ver la factura que le pasa a la gente, porque no importa lo fuerte que uno sea, la situación en su conjunto es deprimente”, dijo a EFE Malgorzata Tasiemska, una voluntaria polaca que ayuda a distribuir generadores.

“Los ucranianos no van a ceder ante la presión rusa”, subrayó, sin embargo.

Si los rusos siguen atacando, advierten los expertos, los apagones podrían continuar a lo largo de la primavera y el verano, por lo que piden más defensas aéreas y armamento para contraatacar objetivos rusos.

Sin embargo, se mantiene la esperanza de que las reparaciones ininterrumpidas logren seguir subsanando los daños, en especial si se aceleran los envíos de equipamiento de parte de los aliados de Ucrania.

El alargamiento de las horas diurnas y la prevista subida de las temperaturas también podrían ayudar a reducir la carga de la infraestructura al reducir el consumo eléctrico e incrementar la producción de energía solar.

“La primavera está cerca. Vamos a perseverar”, dijo el alcalde de Leópolis.