Artes y Cultura
Miércoles 22 agosto de 2018 | Publicado a las 10:56
Artista recrea en sus obras las torturas que vivió y vio en prisión en Siria
Publicado por: Francisca Rivas La información es de: Agence France-Presse
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“Seguir dibujando es no querer entregar las armas”. Najah Albukai, un sirio refugiado en Francia, cuenta con dibujos escalofriantes la pesadilla que vivi√≥ en una prisi√≥n cerca de Damasco.

Cuerpos escu√°lidos, desfigurados por los golpes, miradas ojerosas, manos escondiendo los genitales… Colgados en las paredes de su departamento, estremecedores dibujos con tinta china muestran los abusos que este exprofesor de arte de 49 a√Īos vio y vivi√≥.

“En prisi√≥n, est√°s suspendido entre la vida y la muerte. Son periodos apocal√≠pticos. Tienes la impresi√≥n de estar en una pesadilla”, afirma Albukai en una entrevista con la AFP.

Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP
Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP

Como muchos sirios de la región de Daraya, un feudo rebelde cerca de Damasco, Najah Albukai fue contagiado con la fiebre revolucionaria que se apoderó de Siria a inicios de 2011.

√Čl y su esposa se unieron r√°pidamente a las manifestaciones pac√≠ficas, reprimidas con mano de hierro por las fuerzas leales al presidente Bashar al Asad.

En 2012, Albukai fue detenido y encerrado en una prisión cerca de Damasco, manejada por los servicios de inteligencia sirios.

“Interrogaban a varias personas al mismo tiempo. Te interrogaban mientras que torturaban a otros junto a ti”, relata.

Las docenas de dibujos expuestos en su apartamento en las afueras de París muestran todo el horror de los abusos.

Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP
Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP

“Te pon√≠an una silla aqu√≠, bajo el brazo”, explica, se√Īalando con el dedo un croquis aterrador en la que un hombre est√° siendo torturado. “Despu√©s se apoyaban en la silla, para que se levante, haciendo que el cuerpo del prisionero se torciera por completo”. “Si ten√≠as suerte, viv√≠as unas semanas”.

Entre las palizas, Najah pasaba la mayoría de su tiempo en una celda de cinco metros por tres en las que se agolpan decenas de de prisioneros. Sus cuerpos heridos se frotaban entre si, pasándose varias enfermedades.

‘Un olor nauseabundo’

Después de un mes de encierro, su esposa logró liberarlo, pagando a un juez para que abandonara los cargos en su contra. Pero fue recapturado a finales de 2014 cuando intentó cruzar clandestinamente la frontera con Líbano.

Fue enviado de vuelta a la misma prisi√≥n, el centro 227, en donde se apilaban cuerpos de prisioneros torturados, algunos de los cuales no ten√≠an m√°s de 10 a√Īos.

El centro 227 servía también de morgue temporal para los prisioneros de otros centros de tortura. Los detenidos, como Albukai, tenían que descargar los cuerpos mutilados que llegaban en camiones.

“Esto es en las ma√Īana, cuando transport√°bamos los cad√°veres”, cuenta, mostrando otro dibujo. “A menudo el olor de los prisioneros muertos desde hace dos d√≠as era nauseabundo. Algunos ten√≠an rastros de tortura (…) y la mayor√≠a estaban esquel√©ticos”.

Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP
Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP

En un informe publicado en 2016, Amnistía Internacional estimó que 17.723 personas murieron en cárceles sirias entre marzo de 2011 y diciembre de 2015.

Albukai está convencido de que sin su esposa, Abir, no habría sobrevivido. Esta profesora de francés, que tenía un sueldo de 80 dólares por mes, vendió su auto y pidió ayuda a familia que vivía en el extranjero para reunir los 20.000 dólares que le pedían para liberar a su marido.

Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP
Dibujos de Najah Albukai | Zakaria Abdelkafi | AFP

En octubre de 2015 la pareja, junto a su hija adolescente, lograron llegar a Líbano. La familia pidió asilo en Francia, en donde Albukai está buscando trabajo y una casa de edición para publicar sus dibujos.

“Quiz√°s perdimos y la revoluci√≥n fracas√≥”, admite. Pero “seguir dibujando es no querer ceder, es no querer entregar las armas”.

“Tengo la impresi√≥n de que si ahora me pongo a dibujar flores o paisajes, significar√≠a que entregu√© las armas”.

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