Artes y Cultura
Martes 14 abril de 2020 | Publicado a las 15:50
Ser provinciano se volvió peyorativo en Chile a partir de mediados del s XIX
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“Una de las v√≠ctimas del centralismo -y Chile es un caso de estudio- es el ahogamiento de las identidades locales, de la diversidad que le da valor e inter√©s a los territorios”, afirma el historiador Armando Cartes Montory, conversando sobre el libro ‚ÄúRegi√≥n y Naci√≥n, la construcci√≥n provincial de Chile , s XIX‚ÄĚ, de Editorial Universitaria.

El libro es el resultado de la invitaci√≥n que hizo Armando Cartes Montory a un grupo de destacados historiadores que miran el pa√≠s desde las regiones, como Mateo Martinic, Eduardo Cavieres, Jorge Pinto, Sergio Gonz√°lez, Hern√°n Delgado, de Osorno; Carlos Z√ļ√Īiga, de Talca y Alex Ovalle, de la Serena, entre otros.

¬ŅCu√°les son los principales momentos y motivos que generan el gran centralismo existente en Chile?

Más que momentos, son largos procesos, y no todos de índole política. La guerra de Arauco en el sur, que arreció en el primer siglo de la ocupación hispana, hasta mediados del siglo XVII, provocó la destrucción y el abandono de las primeras ciudades.

La Independencia, que se consolida en Santiago en 1818, con la batalla de Maip√ļ, pero que contin√ļa larga y cruel en el sur, por una d√©cada m√°s, tambi√©n caus√≥ desplazamientos hacia la capital, muchos de ellos irreversibles.

Los terremotos y maremotos han generado también procesos migratorios, llevando familias hacia la región central. Durante los dos siglos republicanos, los terremotos, han hecho lo suyo, pero más ha contribuido el Estado con sus políticas.

El llamado ‚Äúcrecimiento hacia adentro‚ÄĚ, pol√≠tica propiciada en Chile desde los a√Īos ‚Äô30 y por muchos pa√≠ses, estimul√≥ el traslado de empresas y empresarios hacia Santiago, donde el Gobierno concentraba el poder de subsidiar y proteger a las empresas, asegur√°ndoles la prosperidad o la supervivencia. Esto llev√≥ a un c√≠rculo vicioso de migraci√≥n interna, que al acumular poblaci√≥n hizo a la capital m√°s atractiva como mercado de consumo y lugar de empleo. Y la concentraci√≥n demogr√°fica no solo fue cuantitativa; tambi√©n se centraliz√≥ el poder econ√≥mico y social.

A todo lo dicho se a√Īade la dimensi√≥n m√°s obvia o visible del centralismo, la del poder pol√≠tico, que se manifiesta en gobiernos regionales sin atribuciones y municipios sin presupuesto; en pol√≠ticas nacionales que no se adaptan a las realidades locales; al manejo centralizado, en fin, de los recursos y poderes p√ļblicos, en perjuicio de un pa√≠s m√°s equilibrado y sin verdadera igualdad de oportunidades a nivel territorial.

En muchas regiones y grandes ciudades regionales se dan los caudillos y ‚Äúcaciques‚ÄĚ locales. ¬ŅPor qu√© surge el fen√≥meno y qu√© lo fomenta?

Es inevitable en pol√≠tica, dado su car√°cter de actividad humana, que se expresen las pasiones y las preferencias; individuos carism√°ticos o con alguna forma de poder local, como redes econ√≥micas o familiares, incluso asociados a clubes deportivos, suelen dar lugar a caciques con ‚Äúclientela‚ÄĚ. No es lo deseable. Es mejor contar con pol√≠tica m√°s org√°nica, estructurada en partidos estables, no dogm√°ticos, pero con un ideario claro.

El centralismo chileno ha impedido la creación de una política regional de calidad; no hay partidos políticos regionales que sean significativos y los líderes se mueven en línea con la política nacional. Su poder depende de la cercanía con los grandes líderes nacionales, de partido o de gobierno y no hay espacios para una política local con identidad y peso propio.

Eso debería comenzar a cambiar con la tan postergada elección de gobernadores regionales, en la medida que logren reunir atribuciones y recursos considerables, que aseguren su autonomía y liderazgo.

¬ŅC√≥mo y por qu√© se reproduce el centralismo a nivel nacional en el √°mbito regional?

En una pol√≠tica basada en el voto individual, las concentraciones de poblaci√≥n equivalen a peso pol√≠tico. As√≠ ocurre con las Grandes √Āreas Urbanas de Chile, el Gran Valpara√≠so y el Gran Concepci√≥n y, desde luego, con Santiago, la √ļnica Metr√≥polis como tal. Pero tambi√©n, debido a la urbanizaci√≥n creciente, hay varias capitales que superan los 200 mil habitantes, concentrando poder, en desmedro de la √°reas rurales.

Un efecto que se observa es el deseo creciente de provincias postergadas de transformarse en regiones. Lo lograron Valdivia y √Ďuble, sin que sean evidentes hasta ahora los beneficios. La soluci√≥n es un mejor Estado y m√°s poder local. Una gesti√≥n p√ļblica separada de la pol√≠tica contingente, en efecto, que asegure a los ciudadanos ciertos niveles m√≠nimos de servicio, es la mejor defensa contra el centralismo.

¬ŅQu√© relaciones hay entre centralismo ‚Äďcon la imposici√≥n de una noci√≥n de pa√≠s y una cultura- y las etnias y culturas locales?

Una de las víctimas del centralismo -y Chile es un caso de estudio- es el ahogamiento de las identidades locales, de la diversidad que le da valor e interés a los territorios.

Nuestra idea de naci√≥n se construy√≥ desde la cultura colchag√ľina, de cueca y club de huasos, que se ha extendido por el territorio, como si fuera la esencia de la chilenidad; de hecho, hay clubes de cueca en Arica y Punta Arenas. No me parece negativo, al contrario, pero siempre que no sea en desmedro de otras expresiones locales, de gran riqueza, que deben preservarse.

Pensemos en los bailes chinos, la cosmovisi√≥n mapuche o la cultura chilota, por ejemplo; sin ellos, Chile se empobrece. Es que a partir de un momento de nuestra historia, a mediados del siglo XIX, ser provinciano se volvi√≥ peyorativo. Lo registran los escritos de Jotabeche (‚ÄúEl provinciano renegado‚ÄĚ), el teatro de Barros Grez (‚ÄúComo en Santiago‚ÄĚ) o las desventuras de “Martin Rivas‚ÄĚ, el muchacho de provincias que retrata Blest Gana y que constituye un gran cuadro de √©poca. Eso debe cambiar y es tarea de todos.

(Ver trapananda de Ignacio Aliaga)

Hay varias importantes universidades fuera de Santiago, como, por ejemplo, la Universidad de Concepci√≥n. ¬ŅPor qu√©, a pesar de ellas, no hay miradas de la Historia de Chile desde las regiones?

Creo que en eso hay culpas compartidas de la historia regional y de la historia nacional. De la primera por haberse autoimpuesto la tarea de hacer la historia de los territorios y no pensar el pa√≠s entero, desde los m√°rgenes. Conspira a ello la carencia de fuentes y bibliograf√≠a, confinada por mandato legal, incluida la documentaci√≥n generada en la regi√≥n, a los repositorios santiaguinos. Es una pol√≠tica a lo mejor justificada a inicios de la rep√ļblica, pero que ya no se sostiene; por suerte, harto ayuda a superarla la digitalizaci√≥n de documentos y libros, que hacen posible la historia de Chile contada desde las regiones.

La historia nacional ha fallado, tambi√©n, en reconocer la diversidad de procesos y matices que las regiones presentan, extrapolando la historia del centro como un relato √ļnico, del cual el resto de Chile ha sido espectador y no protagonista.

Por fortuna, eso est√° cambiando; ya hay muchos historiadores que piensan Chile desde los bordes. Es la perspectiva con que trabajo la historia hace ya muchos a√Īos. El libro Regi√≥n y Naci√≥n representa la consolidaci√≥n de esa perspectiva a escala nacional, para lo cual convoqu√© a estupendos historiadores, especialistas en cada regi√≥n. Estoy muy reconocido de que todos hayan aceptado la invitaci√≥n y sean parte de este importante libro.

Editorial Universitaria (c)
Editorial Universitaria (c)

¬ŅCu√°les ser√≠an cinco medidas o temas claves para fortalecer las regiones?

Aunque también soy abogado y trabajo en temas de descentralización para la futura constituyente o la reforma constitucional, me aproximo a la realidad fundamentalmente desde la historia. Con todo, algunas ideas puedo proponer.

En la estructura política de Chile, un Estado Regional, donde las competencias y recursos se radiquen más cerca de las personas y sus territorios; para la gobernanza subnacional, gobiernos regionales con capacidad de conducir su desarrollo, en diálogo con otras regiones y el nivel central y que promuevan la inserción internacional de su región, sin pasar por la capital, en un mundo crecientemente globalizado.

En lo económico, creo en avanzar en una ley de rentas regionales, asegurando un equilibrio adecuado entre regiones y con el Estado central, que retendrá siempre importantes responsabilidades.

En la cultura, hay que fortalecer la identidad regional, con investigación y difusión de lo propio de cada territorio; lo anterior no solo en aras de la cultura sino también del desarrollo endógeno, pues se ha comprobado que una identidad fuerte contribuye a promoverlo.

En definitiva, creo que un mejor balance de poder y de oportunidades, que reconozca el aporte de cada territorio a la construcci√≥n nacional, en el pasado -como lo hace mi libro- pero tambi√©n a un proyecto com√ļn de futuro, nos har√° a todos mejores chilenos.

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