Cultura
Un brillante “R√©quiem” de Verdi inaugura temporada 2016 de la Filarm√≥nica de Santiago
Publicado por: Johnny Teperman
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En el primer concierto de la Temporada 2016 del Teatro Municipal de Santiago, el maestro ruso Konstantin Chudovsky al frente de la Filarm√≥nica de Santiago, condujo un brillante “Requiem” de Giuseppe Verdi, junto a un grupo de refinados solistas: la soprano estadounidense Marina Costa Jackson, la mezzosoprano rusa Anastasia Bibicheva, el tenor argentino Enrique Folger y el bajo ruso Alexey Tikhomirov, A ellos se sum√≤ la impecable presentaci√≥n del Coro Profesional del Municipal, dirigido por Jorge Klastornick.

A lo largo de la historia muchos compositores han concebido este tipo obras como un R√©quiem, es decir, como una Misa para Difuntos.Esta composici√≥n musical sacra es m√°s extensa que otras misas y consta de una estructura determinada, componi√©ndose de un Introito, Kyrie, Gradual y Tracto, Secuencia (Dies Irae), Ofertorio, Sanctus, Agnus d√©i y Comuni√≥n. Sin embargo, hacia el siglo XIX este tipo de creaciones comienza a perder relaci√≥n con su origen lit√ļrgico, y es as√≠ como los dos R√©quiems que se presentan en la Temporada de Conciertos 2016 de la Filarm√≤nica de Santiago, escapan a la versi√≥n tradicional.

En el caso de Verdi ‚Äďquien concibi√≥ en un principio su R√©quiem como un homenaje a Rossini, para terminar dedic√°ndolo al gran novelista italiano Alessandro Manzoni‚Äď su obra fue pensada como un acto p√ļblico y simb√≥lico, m√°s que como parte de la liturgia tradicional. El compositor tambi√©n se alej√≥ de lo aceptado dentro del rito f√ļnebre cat√≥lico al incorporar en el coro a mujeres, las que debieron cantar con un velo que les cubriera la cara.

Además, a diferencia de antecesores como Mozart o Berlioz, Verdi dejó de lado la estructura eminentemente coral y otorgó secciones individuales a solistas, transformando su composición en una cantata u oratorio, y, por lo mismo, en algo mucho más cercano a la ópera. En esta misa, son las voces las que narran la historia. Asì, mediante los solistas y el coro, es posible diferenciar cada uno de las secciones del Réquiem. De este modo se puede apreciar con claridad las diferencias entre el llamado al descanso al Réquiem, por parte del coro, en contraste con las proclamaciones tenebrosas de Kyrie eleison.

La interpretaciòn que le cupo a Chudowsky junto a su orquesta, coro y solistas, fue de una intensidad casi constante a travès de su hora y media de desarrollo. El grupo orquestal y el coro, fueron en general, los que llevaron el ritmo de esta composiciòn, muy al estilo operàtico de Verdi, con un grupo de solistas muy aplicados a la emociòn y sensibilidad religiosa de cada una de las etapas de esta misa de difuntos.

Ambos cantantes rusos, la mezzosoprano Bibicheva y el bajo Tikhomirov, fueron lo mejor de la velada, por la tècnica, sentimiento y pureza de sus voces , en especial la cantante, que exhibiò mucho dominio y sentimiento en su expresiòn. Tikhomirov (quien antes estuvo antes en Chile participando en las òperas Boris Gudonov, Don Giovanni y Otello) impresionò por la profundidad y calidad tècnica en su entrega. La soprano estadounidense Marina Costa Jackson, luciò un agudo impresionante en los finales, aunque poco dominio en los pasajes màs graves, El tenor argentino Enrique Folger sorprendiò con un registro de tipo operàtico belcantista, con una hermosa textura, aunque con algunos ripios de afinaciòn en contados pasajes.

Una vez màs,el director Chudowsky marcò la seguridad de su presencia y su capacidad de enèrgico conductor de todos los segmentos orquestales, coro y solistas.

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