Notas
El declive del ciudadano
Publicado por: Alberto Gonzalez
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La alta abstenci√≥n electoral de la √ļltima elecci√≥n presidencial no deber√≠a dejar indiferente a nadie. No obstante, parece suceder aquello.

Muchos en una especie de autocomplacencia ante el hecho, plantean que se debe simplemente a la flojera, al desinterés, el descontento o al conformismo de las personas. Otros apelando a la evidencia de los datos, plantean que se debe a la voluntariedad del sufragio pues los más pobres votan menos si no los obligan (aunque la abstención parece haber sido un poco más transversal que ese sesgo un tanto clasista).

Pero hay algo m√°s de fondo en relaci√≥n a lo pol√≠tico, que va m√°s all√° de los datos electorales. La abstenci√≥n tambi√©n podr√≠a estar mostrando la primac√≠a de una √©tica de la convicci√≥n basada en el mero voluntarismo -al filo de la excitaci√≥n y la indisciplina- por sobre la √©tica de la responsabilidad por las consecuencias de los propios actos, y por tanto, un progresivo desd√©n infantil hacia la pol√≠tica y la democracia en tanto espacio de deliberaci√≥n de los asuntos p√ļblicos y comunes que nos conciernen a todos.

Ahí está lo grave y lo preocupante, porque ello sería el reflejo de un vacío en el sentido mismo de lo ciudadano, de lo democrático, de lo político. Y el vacío podría estar creciendo junto con la desconfianza no sólo en las instituciones sino entre las personas.

Es necesario asumir que debemos ‚Äďpues esto no es √ļnica tarea de las clases pol√≠ticas sino de todos- no s√≥lo promover votantes a los que cada cierto tiempo se les estimula a asistir a las urnas mediante enormes gastos publicitarios, sino que debemos formar ciudadanos que asumen su rol como tales, que se asocian, que reflexionan, debaten y cooperan en diversas instancias, constituyendo el espacio de lo civil y pol√≠tico, que es la base de una rep√ļblica.

La educaci√≥n c√≠vica cumple un rol fundamental en establecer esa formaci√≥n donde el ciudadano no es s√≥lo una especie de agente pasivo que exige el cumplimiento de promesas al mejor postor, sino tambi√©n un agente responsable de su propio entorno, pero sobre todo en agente consciente de su rol como ciudadano. La educaci√≥n c√≠vica debe ser el eje central para preparar a las personas a la vida p√ļblica que es m√°s que el √°mbito pol√≠tico partidario.

En ese sentido, la obligatoriedad planteada para revertir la apatía política atribuida a la voluntariedad no es más que la acción disciplinaria sobre un agente al que se considera pasivo, incapaz de discernir.

Al igual que la publicidad y el marketing pol√≠tico, la obligatoriedad es apelar al mero est√≠mulo y no a la raz√≥n de los votantes. Es verlos como ganado que se estimula mediante impulsos el√©ctricos. Paternalismo puro, que contradictoriamente refuerza aquella l√≥gica donde las personas definen los asuntos p√ļblicos en base a sus impulsos y deseos personales (la materia prima del marketing pol√≠tico, pero tambi√©n del clientelismo y el populismo), y no de manera impersonal como deber√≠a serlo en base a una √©tica c√≠vica, con sentido de comunidad basado en el respeto mutuo.

Poco hemos hecho por fomentar personas que disciernen de manera informada y razonable sobre los asuntos p√ļblicos. Poco hemos hecho por promover esa virtud ‚Äďpalabra tan olvidada- entre todos nosotros, que no s√≥lo sirve para elegir a los representantes pol√≠ticos, sino tambi√©n para actuar democr√°tica y c√≠vicamente en nuestras vidas p√ļblicas, cuando viajamos en los medios de transporte, hacemos fila en los bancos o conciertos, participamos en juntas vecinales, centros de padres, clubes deportivos, federaciones, etc.

Es decir, la educación cívica es la fuente desde la cual permitimos que la libertad personal que todos merecemos, se traduzca en ejercicio responsable y tolerante de la libertad política junto con los demás y no aislados de los mismos. Porque no lo olvidemos, el aislamiento y el miedo -que luego se traducen en vacío cívico- son caldo de cultivo para el caudillismo, el populismo y cualquier forma despótica.

Stuart Mill dec√≠a que ‚ÄúCuando un pueblo no estima lo necesario sus instituciones representativas, tiene pocas probabilidades de conservarlas‚ÄĚ, o que ‚Äúsi la sociedad ha descuidado llenar dos obligaciones solemnes, la m√°s importante y fundamental de las dos debe ser atendida la primera: la ense√Īanza universal debe preceder al sufragio universal‚ÄĚ.

Como Fundación consideramos que la Educación Cívica es un elemento esencial que no sólo fortalece la democracia, sino que contribuye a formar ciudadanos y ciudadanas -pero sobre todo personas- más autónomas y a la vez cooperativas. A través de ésta, debemos promover el valor de la tolerancia, la no violencia, el libre debate de ideas, la fraternidad y el respeto mutuo. Ese es nuestro gran desafío y nuestro compromiso.

Jorge Gómez, Director de Contenidos de Cientochenta.

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