Sociedad
Miércoles 23 enero de 2019 | Publicado a las 17:01
En épocas de movimiento feminista: los cafés con piernas de Santiago se niegan a morir
Por César Vega Martínez
La información es de Agence France-Presse
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Los “caf√©s con piernas” del centro de Santiago siguen en pie. Sus voluptuosas camareras vestidas con diminutos uniformes regalan sonrisas y contenci√≥n a los hombres que los visitan cada d√≠a, un ritual que ha escapado a la presi√≥n de los movimientos feministas.

Primero fue el caf√© Hait√≠, que a fines de la d√©cada de 1970 visti√≥ a sus meseras con minifalda y tacones, pero el tono subi√≥ y los caf√©s se multiplicaron a principios de los noventa en medio del destape posdictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) de la mano de una nueva cadena que instal√≥ un “minuto feliz”, show er√≥tico en horario de oficina en el que las camareras mostraban sus pechos durante 60 segundos.

Sin “minuto feliz”, una treintena de estos caf√©s se mantienen abiertos en el centro de Santiago, en su mayor√≠a atendidos por camareras extranjeras pero en los que se repite una din√°mica de a√Īos: en su interior no se sirve alcohol y la prostituci√≥n est√° prohibida.

Con un escotado y cort√≠simo vestido fucsia, la venezolana Estival√≠ Saume atiende en el caf√© Bombay. Si bien cuando lleg√≥ hace dos a√Īos a Chile escapando de la crisis que vive su pa√≠s mir√≥ de reojo esta labor, hoy la defiende y descarta que ofrezcan “un trabajo vulgar”.

“No por tener un vestido corto o lucir sexy me pueden catalogar como trabajadora sexual”, relata a la AFP esta joven de 25 a√Īos.

“Muchos fantasean un poco pero es solo vender una imagen, no se vende nada m√°s”, aclara en medio del movimiento de clientes.

Café Haití | Facebook
Café Haití | Facebook

Saludos afectuosos, chistes y sonrisas son parte del men√ļ. Sin embargo, hay varias categor√≠as. Est√°n las cafeter√≠as m√°s tradicionales, en las que pueden ingresar tambi√©n mujeres y sus vitrinas son transparentes. All√≠, las camareras visten minifaldas y camisas que son ajustadas pero no tan reveladoras.

Otros, ubicados principalmente en galerías interiores, tienen vidrios oscuros y sus puertas permanecen cerradas. En ellos, las meseras dejan menos espacio a la imaginación, llegando en ocasiones a atender en bikinis.

Terapia del café

Muchos son clientes de a√Īos a los que atiende la misma chica sin que la relaci√≥n vaya m√°s all√° de un caf√©, un beso en la mejilla y hasta un “presente” o regalito que premie la simpat√≠a.

Para la colombiana Alejandra Valencia, de 23 a√Īos, los hombres acuden a estos lugares porque encuentran a “alguien que los escucha”.

“Se convierten en amigos, porque vienen casi todos los d√≠as y a veces somos casi psic√≥logas, escuchamos sus problemas y tambi√©n es rec√≠proco y ellos nos escuchan”, relata la empleada a la AFP.

La chilena Katherine Morales defiende la transparencia que rige la relaci√≥n entre clientes y meseras. “Los l√≠mites los ponemos nosotras. La simpat√≠a, un poquito de risa, no es solo coqueter√≠a, es como cada quien es”, dice.

Para Marcela Hurtado, acad√©mica de la Universidad Austral de Chile que por a√Īos ha investigado el tema, los caf√©s reproducen un modelo “de sumisi√≥n de las mujeres que en Chile ya no existe”.

“Es un modelo casi de los a√Īos 50, con una mujer servicial que siempre los est√° esperando”, agrega.

Las meseras son ajenas a las críticas. Para ellas, se trata de un trabajo más con un horario flexible y diurno, que les permite cuidar de su familia o estudiar y cuyo salario, en el entorno de los 2.000 dólares, es muy conveniente gracias a las propinas.

¬ŅIndiferencia feminista?

Si el poderoso movimiento #MeToo logr√≥ poner de rodillas a hombres poderosos y dar un nuevo impulso a las reivindicaciones feministas, para la sociedad chilena la “instituci√≥n” de los tradicionales caf√©s forma parte de la cultura del centro, poblado sobre todo de funcionarios p√ļblicos durante el d√≠a.

Tripadvisor
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Menos cat√≥licos que hace d√©cadas y con una juventud mucho m√°s liberada que en la mayor√≠a de los pa√≠ses de la regi√≥n, los chilenos de hoy son menos conservadores que hace unas d√©cadas. La socialista Michelle Bachelet, en su √ļltima presidencia, trajo aires reformistas con la aprobaci√≥n del aborto terap√©utico y una ley de Uni√≥n Civil que incluye a las parejas del mismo sexo y recientemente se ha aprobado la ley de identidad de g√©nero, que permite el cambio de identidad a las personas transg√©nero.

Leyes que penan el acoso callejero y otros gui√Īos a los movimientos que luchan por la erradicaci√≥n del machismo tambi√©n ganaron terreno, pero los “caf√©s con piernas” siguen vivos porque como sociedad se prefiere mirar al costado antes de cuestionar el accionar de los hombres que deciden mantener este modelo, advierte Hurtado.

“¬ŅEs un problema de las mujeres? No lo es. Es un problema de los hombres, ellos han decidido mantener estos simulacros” de sumisi√≥n, agrega la especialista para la que las feministas tienen “luchas tan grandes, tan tremendas” que problem√°ticas como la de los caf√©s quedan atr√°s.

Una visi√≥n considerada exagerada por los clientes que niegan que su gusto por estos comercios “cosifique” a las mujeres.

“Es mi momento de relajo, vengo por un caf√© y las meseras son atentas y eso no tiene nada de malo”, dice a la AFP un cliente, que prefiere reservar su identidad para evitar “problemas en casa”.

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