Sociedad
Bud Sex: el nuevo concepto que define a hombres que tienen sexo con otros pero no son gays
Publicado por: Pablo Cabeza
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Cada vez es m√°s com√ļn en la diversidad sexual encontrarse con nuevos t√©rminos para referirse a la variedad de pr√°cticas sexuales m√°s all√° de la orientaci√≥n. Muchas veces la sigla LGBTI no alcanza a agrupar la amplia gama de preferencias, por lo que existen personas que¬†optan por separar ambas realidades.

Hace alg√ļn tiempo fuimos testigos de c√≥mo surg√≠a un movimiento relativamente nuevo denominado ‚ÄúG0ys‚ÄĚ, y que abarca a hombres que a pesar de sentir atracci√≥n sexual por otros hombres e incluso tener contacto √≠ntimo con ellos, no se definen como homosexuales o bisexuales, pues no est√°n de acuerdo con la ‚Äúcultura‚ÄĚ o con los estereotipos que √©stos representan.

Sin embargo, el punto de conflicto en esta nueva terminolog√≠a son los argumentos que este movimiento ha utilizado para describir el hecho de no practicar el coito anal, pues para los “G0ys” este tipo de pr√°ctica resulta un tanto denigrante, ya que la persona que ‚Äúrecibe‚ÄĚ queda en un nivel inferior y termina siendo dominado por el sujeto que penetra, lo que a su juicio implica la p√©rdida de la ‚Äúhombr√≠a‚ÄĚ.

En este contexto, otra de las realidades que se ha vuelto muy popular en algunos sectores de la sociedad, es el denominado “Bud Sex” (Sexo entre compa√Īeros), que explica la pr√°ctica de tener relaciones sexuales con hombres pero sin ser homosexual e involucrar sentimientos.

Si bien esta tendencia no es algo nuevo, pues el sexo entre hombres que no se definen como homosexuales ha estado presente en diversas sociedades a lo largo de la historia, √ļltimamente ha llamado m√°s la atenci√≥n luego de una investigaci√≥n llevada a cabo por Tony Silva, estudiante de doctorado en sociolog√≠a de la Universidad de Oreg√≥n, Estados Unidos, en la que evalu√≥ el comportamiento sexual de un grupo de hombres de raza blanca, provenientes de zonas rurales y profundamente conservadoras como Misuri, Illinois, Oregon, Washington, e Idaho.

‘Secreto en la Monta√Īa’ (2005)

Luego de entrevistarlos por varias horas, los sujetos estudiados se declararon heterosexuales, quienes en muchos casos eran casados y con hijos, pero admitían haber mantenido o mantener relaciones sexuales esporádicas con otros hombres sólo para satisfacer sus instintos más primarios.

Tras este an√°lisis, fue que Silva acu√Ī√≥ el t√©rmino “Bud Sex”, pues interpret√≥ la informaci√≥n recogida de los participantes de su estudio como “una ayuda en secreto a un amigo“.

Otra de las conclusiones que llama la atención es que lejos de lo que se podría pensar, estos hombres que a lo largo de su vida alternan encuentros íntimos con hombres y mujeres, parecen no sufrir crisis de identidad sexual, ya que existirían una serie de factores que los diferencian de aquellos definidos como homosexuales o bisexuales.

Lo primero es que el “Bud Sex” es simplemente sexo, pues quienes lo practican no buscan alguna aproximaci√≥n personal m√°s all√°, ya sea afecto o socializaci√≥n. En esta misma l√≠nea, evitan cualquier atisbo de romanticismo, por lo tanto los besos, caricias e incluso mirarse a los ojos, est√° t√°citamente prohibido.

Shelter (2007)
‘Shelter’ (2007)

La regularidad tambi√©n es un factor, pues no existe una periodicidad para estos encuentros, sino que ocurren simplemente cuando les baja el deseo de volver a practicarlos, independiente de la persona de turno. El alcohol y las drogas tambi√©n cumplen una funci√≥n importante, pues varios entrevistados reconocieron que era m√°s com√ļn cuando se encontraban bajo los efectos de alguna de estas sustancias.

Otra de las investigadoras que ha trabajado en este tema, es la profesora de g√©nero y sexualidad de la Universidad de California, Jane Ward, quien escribi√≥ el libro Not Gay: Sex Between Straight White Men (No Gay: sexo entre hombres blancos heterosexuales), luego de explorar varias subculturas en las que abunda el sexo entre hombres heterosexuales. No s√≥lo analiz√≥ los espacios donde es m√°s com√ļn este tipo de encuentros como c√°rceles, regimientos militares o fraternidades, sino que tambi√©n ahond√≥ en bandas de motoqueros y barrios conservadores.

As√≠, Ward determin√≥ que estas pr√°cticas han estado siempre presente a lo largo de la historia, y que se se le ha puesto √©nfasis simplemente porque la sexualidad masculina ha sido definida¬†innumerables veces como algo ‘r√≠gido’.

Por lo mismo, la investigadora sugiere que es hora de dejar de explicar o bautizar este tipo de prácticas, argumentando que la concepción de la sociedad respecto a la heterosexualidad masculina es poco realista y empática.

En este sentido, se√Īala que todas estas ‘nuevas definiciones’ que han surgido para explicar el sexo entre hombres, independiente de su orientaci√≥n sexual, parecen estar ligadas a postulados derivados de una visi√≥n machista y patriarcal.

Esto porque cuando las mujeres tienen encuentros íntimos con otras mujeres no siempre se pone el acento en su orientación sexual, pues incluso es una de las fantasías de hombres heterosexuales más validadas en nuestra cultura.

Parece existir una idea de que las mujeres pueden tener estas experiencias sin ser vistas como gay, mientras que con los hombres pasa que, o son gay y simplemente no se dan cuenta, o no lo reconocen. Y no se trata s√≥lo de una presunci√≥n social o de una ideolog√≠a conservadora, pues ha habido muchas investigaciones sexol√≥gicas y psicol√≥gicas que sugieren que la sexualidad de los hombres es m√°s r√≠gida que la de las mujeres y que √©stas son inherentemente m√°s ‘libres’ sexualmente. Este mismo tipo de investigaci√≥n resulta, al menos, interesante, porque si adoptamos esta creencia de que la sexualidad de las mujeres es m√°s receptiva, m√°s estimulable por agentes externos, y que tienen la capacidad de ser despertadas sexualmente por cualquier cosa, s√≥lo estamos reforzando lo que por siglos se ha pensado de las mujeres, que es que siempre est√°n sexualmente disponibles“, afirma.

Por otro lado, Silva postula que¬†aquellos que practican el “Bud Sex” acostumbran a relacionarse con hombres de similares caracter√≠sticas, principalmente en cuanto a su comportamiento social, como una forma de reforzar su masculinidad, alej√°ndose de aquellas conductas asociadas estereotipadamente a los homosexuales. Una de las m√°s importantes es el rechazo a todo lo ‘femenino’.

‘Ca√≠da Libre’ (2013)

Otros movimientos de diversidad sexual han catalogado este tipo de pr√°cticas como una obsesi√≥n por diferenciar el sexo homosexual de las relaciones homoafectivas tradicionales. De hecho, para muchas personas que se identifican bajo el colectivo LGBTI, estos hombres no son m√°s que “homosexuales homof√≥bicos”, que debido a las profundas tradiciones socioculturales deciden no asumir su ‘verdadera orientaci√≥n sexual’.

Por √ļltimo, aquellos m√°s cercanos a la Teor√≠a Queer, aquella que postula que la orientaci√≥n sexual y la identidad sexual o de g√©nero son resultado de una construcci√≥n social, y que por ende no existen papeles sexuales esenciales o predeterminados biol√≥gicamente, ven en estas manifestaciones un ejemplo m√°s de lo socialmente variable que son estos¬†conceptos. Una de las que defiende estas ideas es la te√≥rica y fil√≥sofa Judith Butler, quien postula que las relaciones sexuales son pr√°cticas complejas que no est√°n sujetas al g√©nero ni a otras etiquetas, sino que est√°n en constante evoluci√≥n conforme a los deseos de cada persona.

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