Hace unos días y, mientras estaba en plena competencia para llegar a una final olímpica en Tokio, la gimnasta estadounidense Simone Biles decidió restarse de esa posibilidad, considerando lo que ella estimó mejor para sí misma: concentrarse en su salud mental y no comprometer su bienestar. Señaló que mientras está en escena (competencia), se encontraba “sola con su cabeza” y lidiando con lo que ella denominó “sus demonios”.

A muchos debe haber sorprendido cómo una de las competidoras con más posibilidades de ganar alguna medalla, haya tomado esa determinación, sobre todo considerando las miles de horas de entrenamiento para estar en ese merecido lugar, según sus desempeños anteriores a nivel nacional e internacional. Porque es claro, cientos de otras atletas de la misma especialidad quedaron a nada de puntaje de haber llegado a la cita olímpica y deben haber visto con atención, lo que Biles estaba comunicando al mundo. Pero para Biles, nada ha sido fácil y de ello da cuenta todo lo que, muy a su pesar, se ha sabido de sus experiencias infantiles donde experimentó abusos, maltratos y negligencias.

Lo que ocurre con Biles es una muestra muy clara de cómo la salud mental debe ser vista en sus diferentes dimensiones o componentes, es decir, que la relevancia de lo que no anda bien para la persona respecto de sí misma y de sus malestares y síntomas es tan importante como otros ámbitos donde sí hay buen funcionamiento.

Cuidar la salud mental no implica solo el tratar los síntomas o atender a los problemas en la experiencia emocional o relacional individual, también es hacer esfuerzos por mantener saludable lo que sí está bien, es decir, las áreas emocionales, psicológicas y sociales donde hay bienestar. La salud mental, en esos términos, debe ser mirada en su estado completo.

Biles nos muestra justamente esto, que en ella hay una serie de problemas que enfrenta durante la competición y que muchas veces logra mantener controlados y ser exitosa, seguramente con un alto costo personal y, es de suponer, son dificultades que se le presentan más allá de la gimnasia artística y, por otro lado, que tiene áreas de bienestar que también experimenta y que merecen ser cuidadas. Tal como lo ha señalado, con el apoyo psicológico en otros periodos de su vida, ha logrado recuperar la confianza y es justamente una sensación que merece ser cuidada.

En tiempos en los que los problemas de salud mental están bastante más visibles, quizás por la crisis sanitaria que experimentamos en el planeta, resulta del todo coherente que despleguemos todas las iniciativas para ayudar a las personas a solucionar sus dificultades psicológicas y emocionales, pero la preocupación por la salud mental estaría incompleta si es que no acompañamos esas instancias con acciones que favorezcan que más personas mantengan su bienestar mental.

Biles tomó una decisión que puede ser incomprendida por muchos. Sus éxitos deportivos han sido el fruto de mucho trabajo, esfuerzo y un equipo de gente detrás, pero eso no estuvo en esta ocasión por sobre otros ámbitos de su vida que tanto le ha costado construir y sentir seguros.

Patricio Ramírez Azócar
Doctor en Salud Mental
Docente Facultad de Psicología
Universidad del Desarrollo