Venimos asistiendo, los últimos dos meses, a un recrudecimiento de la situación sanitaria, social y económica manifestada en el aumento de los contagios, el consiguiente colapso del sistema de salud y la profundización de la debacle financiera para millones de chilenas y chilenos.

A un año del inicio de la pandemia no podemos decir que el hecho nos ha tomado por sorpresa. Todo lo contrario. Al poco tiempo de iniciada la emergencia mundial se supo que en el ámbito sanitario debía implementarse una decidida estrategia de trazabilidad de los contagios del virus, al tiempo que los científicos trabajaban arduamente para encontrar tratamientos y vacunas para detener la propagación del virus y controlar la gravedad de la enfermedad. Que ello debía estar acompañado por una gestión comunicacional clara que orientara la acción de las y los ciudadanos, incentivando el autocuidado y las disposiciones que impidieran la propagación. Que en lo económico se tenían que aplicar medidas de cobertura rápida y directa, para las personas y para las pequeñas empresas afectadas por la disminución dramática de sus ingresos.

Pero volvemos a chocar con el fracasado proceder del mundo político, cuya máxima expresión se ha visto en el desempeño del Gobierno de Chile.

¿Y con qué nos hemos encontrado? Con la ingenuidad y relajo de las autoridades políticas previo a la llegada del virus a nuestro país, en lugar del inmediato cierre de las fronteras y el control sanitario riguroso de los connacionales que volvían desde países ya afectados por los padecimientos del virus; con la preferencia por la adquisición de instrumental clínico de emergencia en vez de la implementación de una campaña sostenida centrada en la prevención de los contagios; con la falta de atención a las reiteradas recomendaciones de los asesores científicos y de los líderes de organizaciones sociales cercanas a la ciudadanía; y con la resistencia sospechosa a suspender toda actividad laboral que pusiera en riesgo a las personas decretando, al mismo tiempo, medidas económicas de impacto inmediato que impidieran la desgracia económica, y con ella psicológica, de miles de nuestros compatriotas. De paso no podemos dejar de mencionar la descaradas e insensibles declaraciones de los representantes de los grandes empresarios del país que revelan lo que realmente sienten por los trabajadores que les dan su riqueza.

En una medida inaudita y desesperada se debió recurrir a la utilización de los insuficientes fondos de pensiones de las y los trabajadores, en los conocidos 1° y 2° retiro de 10%, y por estos días a un 3° retiro que, Sebastián Piñera, se atrevió a rechazar una vez más recurriendo al Tribunal Constitucional, inconsciente del drama que ha generado en la población con una actitud lenta, insensible, ineficaz y podríamos decir, a estas alturas, criminal.

Las profesoras y profesores de Chile, que conocemos de primera mano la realidad de las comunidades escolares, escuchamos y vemos a diario la tragedia y el sufrimiento de las y los estudiantes y sus familias, de las madres, padres, abuelas, de las y los colegas, y los compañeros asistentes y funcionarios. Somos parte de ello, y esta dramática situación nos golpea duro. Pero también reconocemos en nuestra gente la dignidad, la solidaridad y la fuerza que nos da la certeza de que, pese a la incompetencia sistemática mostrada por el poder político, saldremos adelante.

Estamos seguros de que sabremos unirnos para enfrentar esta grave situación, y que pese a todo superaremos este trance humano avanzado resueltamente frente a la ignorancia e insensibilidad de los poderosos. Estamos convencidos de que lograremos hacer lo necesario como pueblo para forzar un desarrollo positivo de los acontecimientos.

Entendemos la urgencia de la situación y que no se puede seguir perdiendo tiempo con anuncios inconsistentes que siempre dejan el sabor de torpeza e injusticia.

Más que nunca es necesaria la acción unitiva y coordinada de las y los trabajadores de nuestro territorio. Las y los profesores de Chile, como nos caracteriza, pondremos todo nuestro empeño en las acciones necesarias para conseguir aliviar el sufrimiento de nuestros compatriotas.

En el corto plazo, junto a otras gremios, sindicatos y organizaciones sociales, hemos hecho un llamado a movilización para el viernes 30 de abril, en repudio al actuar negligente de nuestro Gobierno y su insistencia en oponerse a un nuevo retiro desde las AFP, sin proponer alguna disposición eficaz en su reemplazo. La convocatoria ya ha tenido un primer éxito al doblarle la mano y obligar a la autoridad a anunciar su propio proyecto de 3° retiro y otras medidas, por supuesto, totalmente insuficientes.

Invitamos a todas y a todos a sumarse con fuerza a este movimiento contra la insensibilidad y la incompetencia de la administración de Piñera, y a manifestarse ese día, y los que sean necesarios, de manera pacífica y con los cuidados propios que la situación sanitaria amerita.