En Chile, a través de la capitalización individual, dos tercios de las pensiones entregadas por las AFP corresponden a la rentabilidad generada por el propio sistema, y solo un tercio corresponde al dinero efectivamente aportado. Si ampliamos esta lógica, es posible diseñar una política pública tan eficiente que entregue una rentabilidad superior al 6.500% por cada peso invertido (Parece imposible, pero es un dato real). Para lograrlo, se requiere algo que pocas políticas públicas están dispuestas a aceptar: paciencia y una visión de largo plazo.

Durante muchos años ha estado en discusión el sistema de pensiones y las mejoras que necesita. Hay un par de puntos que hoy parecen claros. Dada la pirámide demográfica y la crisis de natalidad que enfrenta el país, resulta imposible e insostenible (además de injusto) financiar las pensiones mediante un sistema de reparto o uno similar.

Por otro lado, si bien la última reforma aumentó la cotización individual, también introdujo cambios respecto de las industrias en las que podrán invertir las AFP, lo que podría reducir la flexibilidad de las inversiones y, eventualmente, afectar la rentabilidad que históricamente han obtenido. En este escenario, resulta útil observar experiencias internacionales y analizar qué han hecho otros países.

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump creó las Trump Accounts, un programa que contempla una inversión inicial de US$1.000 para cada recién nacido, bajo ciertos requisitos, con el objetivo de que ese capital crezca durante décadas mediante interés compuesto en fondos diversificados que históricamente han entregado rentabilidades cercanas al 7% anual.

Si aplicáramos el mismo principio en Chile, pero enfocado exclusivamente en mejorar las pensiones, los resultados podrían ser sorprendentes. Suponiendo un aporte inicial de $1.000.000 y una rentabilidad real promedio de 7% anual durante la mayor parte de la vida laboral, reduciéndose a 5% en los últimos años y posteriormente a 3% durante la etapa de jubilación, el fondo alcanzaría aproximadamente $66 millones de pesos de hoy en 65 años. Es decir, una rentabilidad acumulada superior al 6.700% sobre la inversión inicial. Con ese capital sería posible financiar una pensión base cercana a $360.000 mensuales, en pesos de hoy.

¿Cuánto costaría implementar una política así? Considerando los nacimientos registrados en Chile, un aporte de $1.000.000 por cada recién nacido tendría un costo fiscal cercano a US$156 millones anuales, equivalente a aproximadamente un 0,15% del presupuesto anual del Estado. En otras palabras, se trata de un costo relativamente acotado si se compara con el potencial impacto que tendría sobre las pensiones futuras.

Con una base de pensión de $360.000, complementada con políticas orientadas a reducir la informalidad laboral, que hoy alcanza cerca del 27%, y a aumentar los años de cotización, Chile podría avanzar de manera significativa en la solución de uno de los problemas que más dolores de cabeza genera a prácticamente todos los países del mundo: las pensiones.

En lugar de depender de un gasto permanente y creciente del Estado para financiar mejores jubilaciones, el interés compuesto permitiría resolver una parte importante del problema mediante una inversión inicial relativamente baja y una rentabilidad extraordinariamente alta a lo largo del tiempo.